UN PUEBLO PERPENDICULAR

Transito un pueblo perpendicular cerca de mi pueblo.
Allí el cielo es de otro color y todo es más nuevo,
menos de verdad.

Casi todo es igual pero vive otra gente y las casas,
y las calles están
al revés.

Es
como si mirara
mi pueblo a través de un espejo.

Cuando
camino despacio
por su avenida principal nadie me conoce.

Es extraño.

Soy un extraño a pesar de que reconozco ese
pueblo como si fuera el mío
sin serlo.

MI MERIENDA

Nos empeñamos en desayunar.
Nos empeñamos en comer.
Nos empeñamos en
cenar.

Nos
empeñamos
cuando lo mejor de todo
es merendar.

Merendar es lo mejor.
Merendar es lo mejor.

Me gusta comerme las hojitas verdes de las fresas.
Me como las hojitas verdes y tiro la fresa.
Me como las hojitas verdes
y tiro la fresa.

UNA TARDE EN CRONOPIOS

Rompí
todos sus bolígrafos,
la pantalla de su ordenador
y el teclado de su máquina de escribir.

Le rompí las manos y los pies y de un palizón
lo postré en una silla de
ruedas.

Pero a pesar de todo él seguía escribiendo sus poemas de mierda.

Porque… soñar es escribir. – Me dijo estirando su fino cuello.
Los poetas de verdad no necesitamos ni las manos
ni los pies para escribir… Sólo necesitamos
soñar… Que nadie te diga de qué
color son tus sueños.

Mi
cara
era un
poema de
mierda cuando
escuchaba sus palabras.

Tienes razón. – Le dije.

Y le disparé un puñetazo a bocajarro.
Y le rompí el cuello y el oriller.
Y no volvió a soñar nunca
jamás.

UN ALEGRE CAPULLO

Soy
un alegre capullo.
Descontradigo a todo el mundo
a pesar de que no exista en castellano el verbo
descontradecir.

Miento
todos los días.
Miento diariamiente.

Limpio la televisión, nunca la enciendo.
Me pinto rayas de coca mala con mi tarjeta sanitaria.
Sí, qué pasa, soy un alegre capullo.
Descontradigo a todo el mundo
e invento frases
como:

Abro la boca e invito salir a
una mosca empas
tada.