
En mi
bloque hay un crío
que no para de llorar y de gritar.
Cuando me molesta me acuerdo de que
nosotros éramos catorce en casa.
Me acuerdo de mis vecinos
de entonces y entonces
se me pasa.

Los
humanos
no son tan humanos
como presumen algunos humanos.
Más de cuatro estados miembros
de la ONU masturbaron a un loro el otro día.
Más de cuatro estados miembros de la ONU aplaudieron
a Dumbo en una cumbre
de la ONU.
El mismo Dumbo daba palmas con las orejas.
Y luego hablaron mal de los muertos
y bien de la guerra.
Y esto es un absoluto desoriente.

Cuando
mi hermano Javi
trabajaba en Pizza World
y nos trajo pizza, y nosotros viendo
The Navigator.
Todo comienza en el salón de casa de mis padres.
Alfombras y sillas y butacas con orejones.
Es un todo que comienza y termina.
Es un todo a través de un mueble con llave
que sirve de asiento, una película
detenida, un camino de
sombra.
Ese niño sentado en el mueble no se parece a mí.
Ese niño tiene cara de triste y no de chiste.
Es el recuerdo de otra persona.

Salgo
a la calle y veo
a Pizpireta y a Espantapájaros paseando de la mano.
Se besan en público, me obstruyen el paso.
Qué monos, van juntos al gimnasio.
Qué monos juntos, me dan asco.
Ya no veo pintadas con Típex en el ladrillo,
ni cáscaras de pipas, ni balones de
baloncesto pinchados.
Veo gimnasios.
Los chavales comen sushi y se perfuman las pelotas.
Ya nadie fuma porros en las
escaleras de la
plaza.

Una
ciudad llena de fábricas.
No
puedo dormir en esa ciudad.
Tampoco puedo trabajar en esa ciudad
si no tengo el título de ingeniero
eléctrico.
Me dedico a vagar por sus calles con cara de pena
pero pena no doy a nadie.
Ya mestán largando de su ciudad.
No pinto nada en su ciudad industrial.
Camino hasta el extrarradio.
Un árbol negro iluminado por una farola.
Un montículo de hierba seca iluminado por la misma farola.
Un trozo de cemento blanco cercano.
Una Berlingo turquesa con los cristales tintados.
Pero aquí no estás tú.
Pero aquí sólo estoy yo.
Sigo andando y me pierdo en el monte.
La silueta
de un bosque negro
sobre un cielo casi negro es todo lo que veo.
Ni una estrella parpadea.
Ni los faros de un coche lejano.
Nada.
Sólo un leve resplandor de
una luna que no se
ve.