Cuando pisaba las alcantarillas FENSA
y hasta los pijos me robaban la pasta
en las salas de máquinas,
el olor a seto que separa,
el olor a seto de pino que separa
una finca de la calle,
era una mariposa muerta en un paso de peatones,
o era una mariposa que se hacía
la muerta.
Me senté en un banco recién pintado.
De currar con dolor de espalda
no se libran ni los albañiles.
Pensé.
Y vino mi urraca y me dijo:
¡Never!
¡More!
