EL HIPPIE CALVO

Le
sorprendimos
probándose un traje de lino
borroso delante de un espejo borroso.

Una
bandera tibetana de oración colgaba de la pared
de su cuarto y unos hilillos de incienso
natural de benjuí se retorcían
en el aire.

Nos
miró a los ojos durante medio
segundo y después nos
atacó.

Publicado por

Txema Maraví Artieda

Soy de mi pueblo de toda la vida.

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