Los anuncios de la tele pierden impacto

MUCHAS veces hemos hablado del peligro de dejar a los chavales a su suerte frente al televisor. Utilizarlo como un instrumento hipnotizador que atrape su atención y dejen a los adultos en paz. Está claro que no nos podemos fiar de las cadenas. Han demostrado demasiadas ocasiones que pasan de códigos éticos y normas de protección del horario infantil. Los chavales se enfrentan al fenómeno televisivo en soledad y muy pronto acaban descubriendo ante él sus gustos, de la misma manera que lo hacemos los adultos. Se educan en soledad. Y no es que todos los contenidos que se ponen en televisión sean agravios para los niños. No. Se trata de que se respete un mínimo con el cual los adultos no tengan que andar con el mando en la mano cambiando de canal cada vez que las cadenas decidan no respetar la ley y se pasen el horario por la entrepierna.

La nuevo polémica la tienen ahora con los derechos de la Fórmula 1. Los de Antena 3 los quieren, pero los de Telecinco les avisan que no es lícito que opten a ellos ahora que se van a fusionar con quien los vende. Ya ven que aquí en el negocio televisivo, la ética se saca a relucir más como una daga que como un ejemplo a seguir.

Y puestos a protestar por la autonomía de las cadenas, insistiremos una vez más en la responsabilidad que contraen al explotar su modelo con la expansión de la publicidad. En esta crisis, en lugar de ver recortada la publicidad resulta que según los últimos estudios se alargan los minutos que dedican a los anuncios y a la promoción. No es que saquen más dinero por ella, sino que la utilizan también para rellenar minutos de programación. La consecuencia es la saturación que provocan en la audiencia. El impacto por anuncio desciende. La tele pierde como soporte publicitario.

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