Espías de amarillo


La imagen grabada ayer en la Comunidad de Madrid pasará a la historia. Más que nada por su patético momento televisivo de la investidura de Esperanza Aguirre con el maillot amarillo que Contador le regalara. Sobre todo porque rechinaba por todos los costados que se vistiera de amarillo que en el mundo artístico significa mala suerte, precisamente el día en que imputan a sus espías. Qué miedo dan estos políticos cuando se enferman de poder y recelan de todo el mundo. No es casualidad que sea Telemadrid la cadena cuyo control político ha causado el mayor número de conflictos laborales y de conciencia. Si hay gobernantes con ánimo de espiar a sus ciudadanos habrá que ponerse mascarilla para que no se note su presencia si controlan también la televisión. El control y la censura son lacras contra las que todas la televisiones del mundo deberían estar regularmente vacunadas. Porque si no se corre el riesgo de que cadenas con toda la historia de la televisión a sus espaldas cometan atrocidades como lo ha hecho la Fox. Esta cadena americana ha rechazado un capítulo de la serie de dibujos animados Padre de familia , porque hablaba del aborto. Pero volviendo a la celebración de ayer en Pinto la verdad se veía exagerada. Cualquier proclamación de forofismo por muy importante que sea no queda bien en la tele. Para empezar porque el cristal ya le imprime frialdad al espectáculo y luego porque es posible que unos celebren algo que el resto no ha conseguido con lo que es toda una incógnita el número de espectadores agraviados. El verdadero espectáculo estuvo en la carretera. La hazaña de Contador enfrentándose al malvado Armstrong es lo mejor desde los tiempos de Ocaña y el gigante belga Eddy Merckx. El deporte es apuesta y llega al espectador, la celebración está hecha con el material de la complacencia. Aburre soberanamente.

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