Pelota o tenis

rESULTA que mientras al mundo entero se le había vendido el soso partido entre Federer y Soderling (que tiene nombre como de flautista), por aquí fuimos testigos de la final en el Atano II de Donostia. Un partido que consiguió, a nuestra escala, la misma expectación que una final de la Champions League. Para los profanos, esta afirmación puede parecer exagerada, pero el pasado domingo había algo grandioso en el ambiente del partido entre Martínez de Irujo y Olaizola II que lo equiparaba al recientemente disputado entre el Barça y el Manchester. Una impresión como de día grande que quedará en la historia. El domingo se vivió el gran espectáculo del monomanista. Un acontecimiento para el que ETB 1 puso toda la carne en el asador. Es posible que la pelota no necesite de esos despliegues tan habituales últimamente en el mundo del motor. Esas conexiones en las que los periodistas deportivos recorren en directo los boxes y entrevistan a los pilotos encima de sus vehículos. Nada de lo que digan es relevante, pero insufla importancia al acontecimiento. En ese sentido todavía se puede ir innovando. La pelota es un deporte que lleva en su misma exhibición un punto de vista similar al televisivo. De hecho, el verde de los frontones tiene mucho Chroma Key , que es, para entendernos, un vacío pintado de verde donde señalan los hombres del tiempo como si apuntaran a los mapas. El frontón está concebido como un sistema de varias pantallas que bien podrían proyectar el juego, los corredores de apuestas o el clamor del público. Vale, dejo de soñar con convertir los partidos de pelota en ciencia ficción, pero déjenme que sueñe porque el espectáculo es tan intenso que, a veces, se echa de menos algo en la tecnología para que en la realización no se queden rezagados.

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