Porque yo lo valgo

Cada año percibo más fuerte la decadencia en la ceremonia de los Oscar. No tengo muy claro si el bajón se debe a la crisis del séptimo arte o a la mía propia. El caso es que cada edición resisto menos la ceremonia y últimamente les dejo en las eternas alfombras. El cine ha perdido la pasión que provocaba apenas hace una década y la que tiene es gracias a los incondicionales. Esos cinéfilos cuya afición en muchos casos no se merece el cine actual. Ayer cuando vi en diferido a Penélope Cruz subiendo apenas cuatro escaleras para recoger el Oscar, sentí que ese breve trayecto era la mejor de las metáforas. Todo está preparado y hasta la posibilidad de que alguien se retuerza el tobillo mientras sube al estrado se reduce al máximo. Así que quienes vieron la perfecta ubicación de Pe se imaginaron que iba a ganar. Pero una vez que la actriz estuvo arriba tuve la impresión de que iba a soltar «este Oscar es mío porque yo lo valgo». Lo cierto es que la mayor parte de los espectadores la conocemos más por las noticias del corazón y por esos inconmensurables anuncios L’oreal en los que invita a las chicas a que se gasten una pasta en mascarillas. Los que no valemos tanto nos conformamos con ver sufrir al personal desde el sofá en El conquistador del fin del mundo o Pelotas toda una grata sorpresa. Por fin llega el lenguaje documental a un horario donde hasta ayer teníamos el liderazgo de Mac Taylor haciendo autopsias. Si un bisturí hurgando en las vísceras putrefactas puede conseguir atrapar la atención de la audiencia y ser líder, por qué no va a hacerlo esta propuesta de gente que vale más que el pelo, el Oscar de Penélope y todas los incisiones que, ante las preguntas de Gloria Lomana, Rodríguez Zapatero fue capaz de trazar sobre el cadáver en avanzado estado de putrefacción de la crisis. Por cierto, esta entrevista ¿no la habían puesto ya hace poco?

2 comentarios sobre “Porque yo lo valgo”

  1. Javier. Dime la verdad ¿has elegido esa foto por la fuerza con la que agarra el palo o por cómo lo … con los labios.

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