Emoción y crisis

Existen momentos televisivos en los que hay que echar toda la carne en el asador. En los Sanfermines, por ejemplo, hemos visto cómo reporteros de infinidad de cadenas se dejaban engullir literalmente por la fiesta para contarla desde dentro. Como en la canción preguntarse por las llaves y zambullirse hasta el fondo del mar para recuperarlas. Y esto es una de las grandes armas de la televisión, esa herramienta con la que contamos para pasear por el mundo y vivir un poco sus emociones. Ser testigos desahogados del angustioso y mágico aglutinamiento de la gente en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona a vista de pájaro para, un plano después, descender hasta las entrañas de esa muchedumbre y compartir de manera personal el estallido especial de la fiesta en un lugar privilegiado.

Pero la tele esta última semana ha estado sembrada. Sobre todo dos chicas de TVE. El comentario chistoso de María Escario: «¿has echado algo en falta en los bolsillos?», refiriéndose a la presencia de ecuatorianos en la celebración de la selección de fútbol, es toda una declaración de intenciones del doble juego que mucha gente practica. Luego parece que la chica se disculpó porque no quiso hacer ningún comentario xenófobo. La gran Anne Igartiburu aseguró en la gala de Premios de la Academia de Televisión que «esto va a ser un coñazo». La verdad es que visto aquel engendro donde se premió la creación televisiva uno se da cuenta de que tenía razón. Pero también de que la crisis creativa en este sector ha tocado fondo. El problema es que apenas hay gente que apueste por tirarse al agua y encontrar esas llaves. A este paso, el matarile es el que le aguarda a este medio, que aburre incluso cuando sus protagonistas se ponen sus mejores galas.

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