Estreno sin antena

ESTO de la concesión de licencias de cadenas de televisión comienza a adquirir un toque de cachondeo importante. Esta semana ha empezado La Sexta, digo yo que habrá empezado porque es una cuestión de fe para los que todavía no tenemos ese descodificador de la llamada Televisión Digital Terrestre o no hemos pasado por Vitoria que es donde se ve con una antena normal. Se han estrenado y aquí sin poder decir ni mu sobre la enésima oportunidad al Gran Wyoming. Me cuentan que a su primer programa nocturno llevó a Anson, el destacado defensor de libertades tan dudosas como la implantación de Juan de Borbón a la Corona de España o el 23 de febrero, por no hablar de su afición por asistir como jurado a los concursos de mis quiénsabededonde. Como no he visto el programa no voy a pronunciarme; sólo espero que la TDT no me tenga una década sin poder hablar de La Sexta, entre otras cosas porque las primeras jornadas de una televisión son un momento clave en el que se puede adivinar con mayor facilidad sus posibilidades de futuro. El caso es que las cuentas no salen. Si hasta ahora entre tres cadenas se repartían el pastel publicitario con el 20% cada una más o menos y no eran especialmente rentables, no sé qué será en el futuro cuando el porcentaje de audiencia sea del 8%. Si hasta ahora TVE era una auténtica sangría presupuestaria por su déficit bestial: ¿Qué pasará si prescinde de los ingresos de publicidad como se pide desde el resto de la cadenas? Se está huyendo de la producción propia y se cierran los centros territoriales. Se ha creado un poder fáctico en las productoras. En el futuro, ellas decidirán a quién y cuándo venden una serie. Es posible que en vez de cadenas lo que tengamos sean televisiones dependientes de una productora. Da un poco de miedo.

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