
La
reacción
de la culebra
homófoba fue desmesurada.
Cogió por los pies al marica
y lo lanzó al fondo
de la sala.
De pronto alguien gritó bailando.
Y no quiero decir que gritaba mientras bailaba.
Quiero decir que gritó bailando.

Érase
una vez un hombre
que con cincuenta y tres años
pensaba todo el rato en su funeral
y vivió hasta los ciento
veinte.
La depresión es una enfermedad que la he visto por la tele. – Dijo una vez.
La patatina no lleva harina, lleva patata. – Dijo un día.
Perdiendo el control se aprende a perder el control. – Dijo a pesar de que no perdió el control en toda su vida.

Puedes dormir con un pez.
Puedes comprar sartienes nuevas.
Pero si ya las tienes para qué las quieres.
Puedes tener una chica.
Puedes tener una chica ecuatoriana
que te limpie la casa una vez por semana.
Puedes, si quieres puedes.
Puedes, pero siempre serás tú.
Serás tú cuando vayamos a verte a Monserrat.
Serás tú cuando nos veas desde lejos caminando despacio.
Serás tú todo el rato.
Nos recibirás con tus brazos largos abiertos y tu gorro de papa blanco.
Nos recibirás con ropa nueva,
bien almidonado.
Y es que amigo,
no puedes cargar con
toda la locura del mundo tú solo.
Puedes dormir con un pez.
Puedes comprar sartienes nuevas.
Pero si ya las tienes para qué las quieres.

Es peligroso pensar
que todo el rato todo va a ir bien,
porque todo no puede ir bien todo el rato.
En algún momento algo se desmorona.
En algún momento tu castillo de naipes se derrumba
contigo debajo.
Si aceptas este hecho,
si aceptas que algo malo te ocurrirá
cuando menos te lo esperes y por el resto de tu vida,
entonces ya tienes algo resuelto.
Y resuelto espera a que ocurra como tú lo esperas,
o no esperes nada, o espéralo
todo.