La UE ante la reválida: las tareas europeas del nuevo curso político

El curso político que arranca en septiembre podría definirse como decisivo para la suerte del proyecto europeo. La Unión se enfrenta a retos de enorme trascendencia y a hitos institucionales únicos hasta ahora. Podríamos calificar estos próximos 12 meses de auténtica reválida de Europa. Un examen que tiene cuestiones muy diversas desde las incógnitas económicas a las propiamente organizativas y de funcionamiento de los 28. La agenda de asuntos propios es descomunal, pero las obligaciones de protagonismo en la comunidad internacional no son menores y esa posición global todavía complica más el recorrido inmediato de la UE. Seguramente a la vuelta del verano de 2014 tendremos que hablar de una nueva Europa y el rostro que nos presente dependerá mucho de su capacidad para hacer las tareas que tiene por delante, de manera que puede salir plenamente fortalecida o incluso pueda resquebrajarse como en nuestras peores pesadillas de la historia del siglo XX. Esa suerte repleta de incógnitas a las que nos enfrentamos no es responsabilidad única de nuestros representantes políticos, la obligación individual de cada europeo es absoluta, sobre todo, teniendo en cuenta la relevancia de las elecciones europeas del próximo mes de mayo. Por ello un análisis somero de los temas clave que debemos acometer resulta más necesario que nunca.

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La propia Comisión Europea a principios de año establecía su agenda de prioridades que sigue estando vigente. Consideraba que en su programa de trabajo debía poner el crecimiento de la economía y del empleo en la prioridad principal. Para ello señalaba los siguientes objetivos:

  • Hacia una auténtica unión económica y monetaria.
  • Crecer para crear empleo.
  • Más competitividad a través del mercado único y la política industrial.
  • Conectarse para competir, una relación colaborativa entre las empresas europeas.
  • La inclusión social y la excelencia en los servicios públicos.
  • Aprovechar mejor los recursos comunes de Europa para competir mejor dentro y fuera de ella.
  • Construir una Europa segura y protegida.
  • Promover la presencia de Europa como actor global.

Más allá de lo ambicioso del plan y de lo genérico de los objetivos, a la vuelta de estos primeros ocho meses del 2013, la realidad nos habla de los primeros indicios de la salida de la recesión en la eurozona y del frenazo a la destrucción de empleo. Los déficits públicos también parece que empiezan a estar controlados y salvo el caso muy reducido de Grecia, no parece que los rescates financieros vayan a ser los protagonistas a futuro. La proyección de las previsiones macroeconómicas de la Comisión nos hablan de lenta recuperación, con niveles de creación de empleo muy bajos. Por tanto, el primer gran reto al que nos enfrentamos es al de ser capaces de generar políticas de fomento del empleo o lo que es lo mismo, generar mayores niveles de demanda interna e incrementar las exportaciones de nuestros productos y servicios. Lo que verdaderamente está en juego en el diseño de la salida de la crisis es el paisaje final de la misma. Si queremos mantener nuestro actual sistema de bienestar social, base del proyecto europeo, debemos ser capaces de sostener los servicios públicos y de protección en base a una fiscalidad adecuada que no drene las posibilidades de inversión de las empresas, ni de consumo de las personas. La cuestión se centra en trabajar mejor, no más, sino con más productividad, un esquema de rentabilidad que depende hoy en día, sobre todo, de la innovación y el conocimiento de los mercados que de los costes laborales y las horas hombre. Son las empresas y los trabajadores los que más pueden hacer por mejorar las ratios de productividad de la Unión Europea, por lo que de nada vale refugiarse en la crítica fácil a los políticos para esconder las vergüenzas propias de cada cual. A la política sí le podemos exigir las condiciones de inversión en la creación del clima favorable para ese círculo de excelencia que precisamos.

La consolidación definitiva de la unión bancaria supondrá la real fusión de la economía de la UE. El día en que el Banco Central Europeo funcione como verdadero banco y reserva de la zona euro el proyecto europeo será prácticamente incuestionable, como sucedió en su día con el Banco y la Reserva Federal de los Estados Unidos de América. Quedan escasos meses para que ese sueño común sea una realidad y la supervisión de las entidades financieras sea total y única por parte del banco emisor. La posibilidad de emitir deuda común con la garantía euro y de más de 500 millones de habitantes cambiará radicalmente los planteamientos de los mercado internacionales y consolidará definitivamente el euro. Salvo accidente imprevisto de última hora, el tren de la unión bancaria tiene ya plazo de llegada a su destino. Todo el complejo entramado técnico monetario deberá estar concluido y puesto en marcha antes de las elecciones europeas de mayo de 2014. El Consejo Europeo de primeros de dicho mes, deberá botar definitivamente este buque insignia de la Unión. Alemania que ha sido el principal enemigo y dilatador de este objetivo, una vez pasados sus comicios de octubre, debería allanar el camino hasta la meta fijada.

Desde el punto de vista organizativo y de funcionamiento institucional, dos son los grandes retos de la UE en este curso: el programa marco Horizon 2020 y el despliegue del Servicio de Europeo de Acción Exterior (SEAE). Nos enfrentamos a un nuevo plan financiero plurianual que abarcará desde enero de 2014 y hasta diciembre de 2019. Seis años con una nueva definición conceptual de las ayudas europeas. Europa ha puesto sus objetivos prioritarios en la investigación, la innovación y la sostenibilidad energética. El resto de ayudas se concederán a los Estados o regiones objetivo 1, es decir, con niveles de desarrollo por debajo de la media europea. El motor básico de la UE será la gestión del conocimiento y la gestión eficaz de los recursos medioambientales y energéticos. Además, pasarán a ser las empresas y universidades, y no las administraciones, las principales protagonistas de la recepción de ayudas a proyectos. Este cambio total de mentalidad, sin duda, requiere de un periodo de formación acelerado para conocer las nuevas vías de financiación y para montar redes de contactos en distintos países de la UE para acudir a las licitaciones de ayudas. Esa colaboración es otro de los principales objetivos que se persigue con el nuevo programa marco y de la voluntad de las empresas dependerá su éxito o fracaso. Respecto al SEAE, más allá de la dificultades burocráticas que su despliegue significa, el verdadero reto consiste en dotar a la Unión de un verdadero servicio diplomático global. A finales de año deberá haberse completado su primera fase y habrá que evaluar sus resultados y revisar los presupuestos a futuro. Además en 2014 los Estados miembros podrán decidir los servicios que quieren les realice el SEAE e incluso de que delegaciones diplomáticas piensan prescindir para ser representados por el Servicio, en aquellos países que no sean de relevancia especial para ellos.

Pero sin duda, el momento de máxima trascendencia del calendario del curso político europeo, vendrá marcado por la fecha de las elecciones europeas, 25 de mayo de 2014. El Parlamento que todos los europeos con derecho a voto elegiremos tendrá una enorme trascendencia concedida por el Tratado de Lisboa. Esos eurodiputados tendrán la tremenda responsabilidad de elegir al presidente la Comisión Europea, que ya no será nombrado por los gobiernos de los Estados miembros. Y será ese político electo quien presentará su equipo de gobierno al propio Parlamento Europeo para su aprobación uno a uno. Este cambio en la fórmula de designación acerca claramente Europa a la elección directa de sus gobernantes, por lo que la evolución del funcionamiento de sus instituciones este cambio tendrá un peso garantizado. Ese o esa presidenta de la Comisión, es evidente que tendrá que tener muy en cuenta la voluntad de los líderes de los gobiernos nacionales, expresada en el Consejo Europeo, pero seguro que tendrá más presente aún que quien le nombra y le cesa son los eurodiputados. A la vista de las encuestas que se manejan, el tradicional bipartidismo europeo – centroderecha / socialdemócraras – parece cercano a romperse con múltiples minorías desde la ultra izquierda y ultra derecha a verdes y movimientos euroescépticos o nacionalistas. Ese panorama hace aún más difícil prever las condiciones del rodaje de la nueva eurocámara y sus responsabilidades reforzadas.

La realidad es que la agenda detallada no hace sino cargar la prueba del europeismo en los ciudadanos. Bien sea como trabajadores, empresarios o votantes, este curso estamos más obligados que nunca a expresar la Europa que queremos. De nada sirve que construyamos una superestructura política en Bruselas, si no aprovechamos el ser más para ser mejores. La exigencia a nuestros gobernantes debe tener la contrapartida de la exigencia propia de los deberes como ciudadanos europeos. Los mimbres están puestos, las instituciones y las políticas generales europeas están básicamente enfocadas para acometer la reválida de Europa. Ahora toca ponerse a la tarea individual y presionar como nunca a esos políticos que viven de su ombliguismo localisla para construir una Unión más sólida y con más protagonismo en la escena mundial. Cómo salir de la crisis y la fisonomía futura de Europa dependen en gran medida de lo que suceda en este próximo curso. Los ciudadanos convivimos a base de derechos pero también de obligaciones y ahora tenemos la obligación de informarnos, formarnos, debatir, trabajar y votar, pensando más en Europa.

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Europa sale de la recesión… y ¿quién se ocupa del paisaje después de la batalla?

Los datos de crecimiento del PIB de la eurozona hechos públicos por la Comisión Europea hace unos días, han sorprendido y despertado el optimismo de encontrarnos ante una posible senda de salida de la crisis. La zona euro ha sido capaz de crecer un 0,3 % en el segundo trimestre respecto al trimestre anterior han sido impulsados por unas cifras mejores de lo esperado en Alemania (+0,7 %) y Francia (+0,5 %). El eje franco alemán, núcleo real de cohesión de la construcción europea, tira de la economía europea como debería tirar del proyecto en común. Los 17 países que comparten el euro han necesitado siete trimestres para volver a crecer, con una subida del Producto Interior Bruto del 0,3 por ciento ajustado estacionalmente en los tres meses hasta junio, según los datos de la agencia de estadísticas Eurostat. Confirmando el retrato diferenciado de la recuperación, España cayó un 0,1 por ciento, mientras que Italia y Holanda lo hicieron en un 0,2 por ciento. En cambio, la rescatada Portugal tuvo un crecimiento del 1,1 por ciento, la cifra más elevada de los 17 en el trimestre. Es evidente, pues, que la Unión es más un agregado estadístico que una realidad homogénea, la falta de una política económica europea se sigue poniendo de manifiesto.

La primera conclusión de estas “buenas noticias” no es otra que la Eurozona afronta un camino desigual e inestable hacia la recuperación, marcado por un paro en cifras récord y las medidas de austeridad en los países de la periferia, que necesitan acelerar las reformas aumentar el crecimiento y crear nuevos empleos. Curiosamente el principal motor del crecimiento europeo reside en la balanza comercial, es decir, en la capacidad de los Estados europeos de exportar sus bienes y servicios entre ellos y fuera de la región. Ese dinamismo se ha convertido en nuestra principal fortaleza, en lo que sin duda no es sino una reacción de supervivencia o de “sálvese quien pueda” durante los duros años de crisis económica que venimos padeciendo. Sin embargo, faltan muchas cosas por solucionar para declarar que la crisis ha sido definitivamente superada en la Eurozona. La primera y principal es el desempleo, que actualmente se sitúa en el 12,1%, su máximo histórico y con niveles por encima del 25% en España y Grecia. Además, la banca sigue siendo motivo de preocupación, ya que no ha limpiado totalmente su balance y el crédito sigue en caída. Tampoco se ha completado la prometida reforma de la regulación bancaria, al que le faltan cerca de ocho meses para entrar en vigor.

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En todo caso, la realidad parece confirmar las tesis de los que nos alejamos hace un par de años de las apologías del fin del euro. Los apocalípticos antieuropeístas se frotaban las manos ante los ataques despiadados de los mercado de deuda pública a la moneda común y profetizaban a los cuatro vientos su inminente fallecimiento y tras él de las instituciones europeas. Nada de eso ha sucedido y a escasos 12 meses de dichas profecías melodramáticas, nos encontramos con un panorama internacional bien distinto. Es China y alguna de las economías emergentes que les venían acompañando en crecimientos de dos dígitos, quienes se están ralentizando, mientras EE.UU. y la UE vuelven a recuperar crecimientos y creación de empleo, aunque sea aún tímida e inestable. A su manera titubeante y desesperadamente lenta pero Europa ha hecho los deberes y camina hacia una verdadera unión monetaria y financiera. El mero anuncio de inicios de negociaciones de un acuerdo comercial con Estados Unidos, ha disparado las hipótesis de un maridaje profundo entre las dos potencias económicas mundiales, de la Reserva Federal y el BCE y, por tanto, de una convivencia pacífica y complementario euro/dólar. A Europa le quedan unos meses de indefinición hasta que se celebren las elecciones alemanas y lleguen los trascendentales comicios europeos – de los que saldrá un Parlamento que elegirá al presidente de la Comisión – para que veamos su auténtica capacidad de hacer política con mayúsculas y funcionar ante el mundo como una entidad común. Pero las condiciones para que esa realidad sea efectiva están puestas: moneda común, Banco Central convertida en autoridad bancaria, un Parlamento Europeo que elige al Ejecutivo y el SEAE – Servicio Europeo de Acción Exterior – un auténtico servicio diplomático desplegado por el mundo.

Por eso, ahora más que nunca ha llegado el momento de abrir un profundo debate sobre la Europa que queremos. Ahora que se vislumbra la salida de la crisis y que las herramientas políticas puestas en marcha con el Tratado de Lisboa pueden cobrar validez plena. Lo primero que deberíamos definir es el modelo social y de servicio público que Europa debe ofrecer a sus ciudadanos. Si somos el espacio común democrático más amplio del mundo a la hora de defender derechos humanos, debemos establecer un completo catálogo de prestaciones de los mismos. La crisis ha socavado profundamente los cimientos de cobertura social de nuestros países. Conceptos que están en el adn del proyecto europeo como la igualdad y la solidaridad, en la práctica, se están poniendo en cuestión. Tanto el nuevo Parlamento Europeo como la Comisión por él elegida, deben convertirse en garantes de la carta de derechos ciudadanos que son la única esencia válida de nuestra Unión. Somos europeos para vivir en paz, ser libres, regirnos democráticamente y componer un conjunto que defiende derechos que nos hacen iguales. Esa es la justicia que la UE preconiza y que tiene la obligación de reforzar ahora que las cifras macroeconómicas parecen ponerse en positivo. El rearme social de Europa es imprescindible para recuperar la demanda interna y con ello el empleo, especialmente, de nuestros jóvenes. El paisaje después de la batalla que ha supuesto la crisis no puede dejarnos indiferentes. Muchos han sufrido el acoso e impacto del paro y de la pérdida de renta efectiva. Muchos han perdido la posibilidad real de ejercer sus derechos con una sanidad o una educación gratuita e igualitaria. Son muchas las consecuencias de una crisis especulativa y financiera que casi se lleva por delante la economía productiva de las pequeñas y medianas empresas europeas. El esfuerzo no puede haber sido en balde. Tenemos la obligación de rediseñar nuestro modelo social, tenemos que recuperar el nivel de ingresos públicos que garanticen las prestaciones y que doten de capacidad inversora a la UE. No podemos permitir que nuestra capacidad investigadora e innovadora se retraiga porque en el conocimiento y su gestión sigue estando la base del hecho diferencial competitivo de nuestra economía.

Pero no es lo único que requiere ser reformulado en el entramado institucional de nuestra vieja Europa. Es evidente, que durante las últimas décadas la cohesión social y territorial no ha funcionado con los criterios de convergencia que pretendíamos. La crisis nos ha hecho mucho más dispares, los ricos son más ricos que los pobres hoy, y eso sucede en el interior de nuestros Estados, de nuestras regiones, entre unos Estados y otros y entre unas regiones y otras. El mapa de las desigualdades se ha desatado norte/sur, centro/periferia, pero también ciudad/rural o emigración/inmigración. La crisis ha convulsionado nuestra realidad de tal manera que necesitamos apartar el polvo que aún puebla las ruinas de nuestras calles para ver qué ha quedado en pie y qué requiere de una profunda reconstrucción. Nada, salvo nuestros principios, será igual después de esta batalla por la supervivencia de la idea de Europa que estamos librando. Los modelos de colaboración público privados o los sistemas de fiscalidad basados en uso y disfrute de servicios y no solo en los niveles de renta, tendrán que ponerse sobre la mesa si queremos afianzar la sostenibilidad del sistema. El debate que precisamos es de abajo a arriba, debe partir desde la municipalidad, nuestras comunidades más cercanas, para elevarse a las regiones y países para inundar Bruselas de propuestas. La Europa de los pueblos es la única que puede ser capaz de regenerar el proyecto europeo desde bases reales y sólidas. Lo demás son estructuras decimonónicas, caducas y que navegan contracorriente de la Europa necesaria.

La recuperación económica está llegando sin dirección alguna, por la mera fuerza inercial de los agentes económicos que se mueven buscando salida a sus productos y servicios. La política lo único que nos ha aportado es falta de criterio y de perspectivas de futuro. Los recortes y ajustes de lo público como única receta no son los causantes, por mucho que quieran plantearlo así sus promotores, de la salida de la recesión, sino la decisión individual de empresarios y trabajadores, de familias y personas, de salir de esta encrucijada. Si seguimos así, sin aportar vías colectivas y soluciones colaborativas, ese paisaje de después de la batalla del que hablo, nos mostrará un rostro más crudo que el que hoy vivimos. La posguerra a veces lo único que aporta es el silencio de las balas, pero deja el terrible rumor del hambre y la venganza. Si no somos capaces de poner en marcha un verdadero plan de reconstrucción de nuestras infraestructuras sociales, el riesgo de que impere el egoísmo como ética ejemplarizante será máximo. Necesitamos que la cohesión territorial sea una realidad poniendo un mayor énfasis en la reducción de las disparidades regionales relativas a las principales fuentes del crecimiento en el marco de construcción en Europa de una Sociedad del Conocimiento Competitiva a escala global, pero fuertemente cohesionada a escala interna. Todo ello sin perder de vista las diferentes especificidades territoriales y estructurales existentes. Lo diverso nos sigue haciendo rico si lo sabemos poner en común.

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Acuerdos comerciales con Centroamérica, Colombia y Perú: nuevas oportunidades de negocio para las empresas europeas

En los últimos meses han entrado en vigor los nuevos acuerdos comerciales de la Unión Europea con Perú – 1 de julio -, Colombia – 1 de agosto – yCentroamérica – 6 de agosto – que vienen a unirse a los ya suscritos hace años con Chile y México. El mapa de la relación estratégica entre las dos regiones cada vez queda más claramente establecido en aquello países latinoamericanos que han apostado con claridad por el libre comercio como base de su desarrollo económico. Mientras los países miembros de Mercosur siguen inmersos en rondas negociadoras con Bruselas con mínimos avances, la llamada Alianza del Pacífico avanza hacia la consolidación de un espacio de intercambio de productos, servicios e inversiones con la UE, que ofrece hacia ambos lados del Atlántico nuevas y enormes oportunidades. El hecho de que Brasil, atrapada en el limbo de Mercosur y ante el anuncio de inicio de negociaciones de la UE conEE.UU. se haya apresurado a anunciar su intención de abrir un proceso de diálogo con Bruselas para la firma de un tratado comercial bilateral, no hace más que refrendar el camino emprendido por otros Estados de América Latina y Caribe en la relación con Europa. Llegados a esta situación de relación bilateralizada, cabe preguntarse cuáles son las realidades de ambas zonas y cuáles las oportunidades que se abren para las empresas europeas en los nuevos países con los que hemos suscrito acuerdos.

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A tal efecto, tiene valor referencial el estudio llevado a cabo por la CEPAL – Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas – “La Unión Europea y América Latina y el Caribe: Inversiones para el crecimiento, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental”, que sirvió de documento de análisis para la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea que se celebrará en Santiago de Chile el 26 y 27 de enero de 2013. Sus principales conclusiones en materia comercial son las siguientes:

  • La Unión Europea ha perdido peso relativo en el comercio exterior latinoamericano en las últimas tres décadas, sobre todo como mercado de destino para las exportaciones.
  • A mediados de la presente década, la Unión Europea podría verse desplazada por China como segundo socio comercial de América Latina y el Caribe.
  • Cerca de dos tercios del comercio internacional de la Unión Europea se realizan con los propios miembros del bloque; América Latina y el Caribe representó solo entre el 2% y el 3% del comercio de la Unión Europea durante la década pasada.
  • Las exportaciones de la región a la Unión Europea son más intensivas en recursos naturales (procesados) que las exportaciones a los Estados Unidos o a la propia región.
  • Las exportaciones de México a la Unión Europea son más intensivas en tecnología 7.que las del resto de la región.
  • Salvo en el caso de México, las exportaciones latinoamericanas a la Unión Europea están muy concentradas en los productos básicos, como banano, café, carbón, carne bovina, cobre, gas, hierro y acero, petróleo y soja.
  • La región participa poco en las cadenas de valor europeas, como lo ilustran sus bajos niveles de comercio intraindustrial.
  • Tras la crisis, el comercio de la región con la Unión Europea se recuperó más lentamente que el comercio con otras regiones.
  • El comercio de servicios entre la Unión Europea y América Latina creció más rápidamente que el comercio entre la Unión Europea y el mundo, lo que constituye una oportunidad para ambas regiones.
  • La región mantiene una balanza comercial positiva con la Unión Europea; América del Sur registra el principal superávit.
  • Tras la entrada en vigor de sus acuerdos de asociación en 2000 y 2003, México y Chile consiguieron aumentar el número de productos exportados a la Unión Europea.
  • Entre los principales nuevos productos exportados por Chile destacan el vino, las manzanas frescas y el salmón.
  • Entre los principales productos exportados por México se destacan los vehículos y las manufacturas electrónicas.
  • Comparada con la Unión Europea, América Latina y el Caribe se  muestra rezagada a la hora de facilitar el comercio.

Y en materia de inversiones:

  • El perfil inversionista de cada país de la Unión Europea es diferente. Las empresas transnacionales de países como EspañaAlemaniaFrancia,Italia y el Reino Unido tienen una larga tradición en la región.
  • En la última década, la mayor parte de la Inversión Extranjera Directa de la Unión Europea se dirige a países europeos y América Latina y el Caribe pierde relevancia como destino entre las regiones en desarrollo.
  • A pesar de esto, desde la perspectiva latinoamericana la Unión Europea es la principal fuente de IED.
  • Existen importantes diferencias entre países receptores: la Unión Europea consolida su presencia en América del Sur.
  • Brasil es el mayor polo de atracción en la región.
  • España es el principal inversionista europeo en la región.
  • Las empresas españolas en América Latina han pasado de ser el área problemática a la tabla de salvación durante la crisis.
  • Mientras las inversiones alemanas se concentran en pocos países y sectores, las inversiones francesas han aumentado fuertemente en los últimos años.
  • Por su parte, las inversiones italianas se diversifican y empresas transnacionales de los Países Bajos materializan importantes fusiones y adquisiciones.
  • Los servicios son el sector predominante.
  • Las empresas europeas han sido agentes protagonistas en las grandes fusiones y adquisiciones registradas en América Latina y el Caribe.
  • Pero también han sido las empresas más activas en la creación de nueva capacidad productiva.
  • América Latina y el Caribe no es un destino preferente de inversiones en actividades de investigación y desarrollo.
  • Sin embargo, las empresas transnacionales europeas juegan un rol importante en la innovación y en las actividades de investigación y desarrollo en la región, especialmente en el Brasil.
  • Las translatinas han invertido principalmente en otros países de la región, aunque también se han aventurado en Europa.
  • En comparación con el resto de empresas latinoamericanas, las que tienen su sede en el Brasil son las más orientadas hacia Europa.
  • La crisis económica en Europa: puede ser una oportunidad para las empresas translatinas.
  • Las micro, pequeñas y medianas empresas son agentes económicos relevantes para ambas regiones.
  • La internacionalización de las pymes es un camino posible para romper el círculo vicioso.

Con este panorama parece evidente que son muchas las oportunidades que se abren de un lado y otro para la colaboración entre empresas, no solo respecto al mero intercambio comercial, sino en el ámbito de las inversiones y de las fusiones de empresas. El concepto de compañías eurolatinas puede establecer un nuevo área de trabajo en común y de transacción efectiva de conocimiento de un lado a otro del Atlántico. Las bases legales están razonablemente puestas para que este reto pueda abordarse, no podemos esta vez culpar a los políticos de no haber hecho los deberes. Queda por realizar el esfuerzo privado e individual, el del emprendimiento y la aventura empresarial en forma de salto hacia nuevas formas y nuevos espacios de colaboración. Tenemos mucho que aprender los unos de los otros. América Latina ha superado crisis financieras y sistémicas similares a las que hoy vivimos en Europa y los europeos tenemos aún un sistema de protección social modélico que puede definitivamente ayudar a reducir a mínimas expresiones la brecha social latinoamericana. Se trata de hacer negocio conjunto con mentalidad de trabajo conjunto, un “win to win”, en el que las dos partes suman y no, como en tiempos pretéritos, uno de se aprovecha groseramente de las potencialidades del otro. Lejanas las conquistas, las colonizaciones y las neocolonizaciones, ha llegado el tiempo del reconocimiento, desde el respeto, desde la diversidad, pero desde la riqueza de la puesta en común.

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Europa planta cara a China

Al gigante chino últimamente se le está complicando el panorama de su comercio internacional. Estados UnidosJapón y ahora, la Unión Europea, han denunciado por prácticas de dumping productos de exportación chinos ante la OMC(Organización Mundial de Comercio). No cabe duda que son meras escaramuzas que no merecen el apelativo de “guerra comercial”, pero empiezan a trazar un camino del cambio de relación de la UE con la potencia asiática. Solo Alemaniaclama, por el momento en el desierto, para frenar la escalada de violencia denunciante que puede hacer peligrar las cuantiosas exportaciones de las empresas alemanas a China. Una vez más un ejercicio egocéntrico de la CancillerMerkel incapaz de consensuar una posición común con sus socios comunitarios.

El causante del nuevo brote de enfrentamiento entre la Comisión Europea y las autoridades chinas han sido las paneles solares. Fabricar componentes de todo tipo a muy bajo coste en China e introducirlos en los mercados europeos produce, además de pingues beneficios a los exportadores chinos, efectos demoledores sobre la industria europea. Su capacidad de investigación e innovadora se resiente día a día en virtud de esta competencia basada en el dumping social. Las empresas europeas venden cada vez menos en su mercado único y con ello sus márgenes de inversión son exiguos. Así las cosas, son cada vez más las voces empresariales en La UE y en EE.UU. que demandan un cambio de reglas del juego en el comercio mundial. Una especie de suerte de chinofobia recorre los mercados y pronto podría afectar a las decisiones de los consumidores, si no fuera porque los precios de los productos chinos, calidad aparte, son imbatibles.

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La respuesta China como suele ocurrir en este tipo de contenciosos comerciales no se ha hecho esperar. Tu me atacas por los paneles solares y yo te la devuelvo con el vino. La acusación argüida por China de que el vino francés cuenta en el sector con ayudas públicas del Gobierno galo, resulta tan ridículo como paradójico. No vendrán ahora los chinos a pretender que creamos que los maravillosos caldos de Burdeos son fruto de subvenciones después de varios siglos de cuidado trabajo de calidad de sus bodegas reconocidas internacionalmente. El contraataque chino afecta de forma especial a las exportaciones de FranciaEspaña e Italia, principales productores vinícolas europeos. En el actual contexto de crisis de demanda interna en las economías europeas, el peso de las exportaciones ha cobrado especial relevancia, de ahí que cualquier traba para las ventas en el exterior se convierta en un poderoso handicap para el desarrollo de cualquier sector. Lo único que hasta aquí pretende la Unión Europea, como viene sucediendo en los casos de conflicto con Estados Unidos y Japón, es obligar a cumplir a China las reglas del juego internacionales. Algo que Europa demanda de China en 80 productos, que bien por ciberespionaje, por copia descarada o por indicios de fabricación sin homologación, incumplen las normas de fabricación europeas que obligan a los países de la Unión.

En la actualidad, el flujo comercial entre China y la Unión Europea, en ambos sentidos, alcanza la portentosa cifra de los 430.000 millones de euros anuales. Una balanza comercial que se ha visto afectada favorablemente del lado chino a raíz de la infravaloración de su moneda en los mercados cambiarios. Según todas las estimaciones, el yuan se encuentra al menos un 20% por debajo de su valor real lo que evidentemente favorece las exportaciones chinas y ha obligado al cierre de numerosas empresas incapaces de competir a precios chinos en la UE y en EE.UU. Ello nos mete de lleno en el intenso debate que vivimos en Europa sobre la capacidad de competitividad de nuestras empresas y el teórico alto coste social de nuestro sistema de bienestar. Nadie pone en duda la necesidad de mejorar los procesos de eficiencia en la producción, así como la necesidad de incorporar mayores niveles de innovación e incrementar las tasas de investigación en la UE, pero deberíamos partir de la base de que por mucho que mejoremos seremos incapaces de competir con aquellos que juegan el partido sin cumplir nuestras reglas. En Europa se respetan los derechos de los trabajadores con un grado de cumplimiento que se ampara en siglos de batalla sindical y de conquistas laborales, algo que en una China inmersa en un capitalismo salvaje de planificación comunista no cuenta a la hora de producir. En Europa se avanza en el cumplimiento de los compromisos internacionales de reducción de impacto medioambiental de nuestras emisiones de CO2, China es el principal enemigo de esos acuerdos y los incumple sistemáticamente. En Europa la propiedad intelectual tiene un alto precio y China alardea de su capacidad de réplica, sea o no legal. En Europa, en fin, hemos sacralizado el concepto de derechos humanos y de democracia, en China eso no toca y el mundo mira a otra parte cada vez que alguien trata de poner el tema encima de la mesa, por temor al gigante asiático y sus hipotéticos comportamientos bélicos.

Tras unos paneles solares o unas botellas de vino está en juego una tendencia de posicionamiento en el mundo global de dos potencias llamadas a entenderse. Es imposible concebir un planeta en paz si no somos capaces de garantizar el desarrollo pacífico de naciones como la China, cuyos más de 1.300 millones de habitantes tienen todo el derecho a disfrutar de los mismos productos, servicios y, sobre todo, derechos, de los que gozamos 500 millones de europeos. La mesa de diálogo debe partir de esa base igualitaria y de que unos y otros nos necesitamos para garantizar el futuro. China precisa materias primas de las que carece para sustentar su crecimiento, pero también precisa de los mercados en los que vender sus productos, como es el caso de la Unión Europea. Si Europa y Estados Unidos no son capaces de generar crecimiento en sus economías, China será la primera afectada por el parón como ya viene sucediendo en el último lustro en el que el PIB chino se ha ralentizado pasando del 10,4 al 9,3. Pero, por otro lado, el resto del mundo no deberíamos olvidar las tremendas magnitudes de la economía china y, por tanto, el impacto tremendo que cualquier debilidad suya puede suponernos. La República Popular China es, desde 2008, la segunda potencia económica mundial según su PIB a valor nominal, sólo superada por EE.UU. y es el mayor exportador mundial y el segundo importador más grande de bienes. China es el país de mayor crecimiento económico mundial, con una tasa media anual de aumento del PIB, en los últimos treinta años, de más del 10%. Su ingreso per cápita se situaba en 6.567$ en 2009. Según un informe del organismo internacional Conference Board, si la economía China sigue creciendo en comparación al crecimiento de EE.UU, podría tener una economía más poderosa que la de EE.UU. en 2016.

Lo primero que debe hacer la UE es definir una posición común respecto a las importaciones chinas. En este sentido, no es de recibo la posición de Alemania preocupada por sus exportaciones a China e incapaz de unirse a los planteamientos que desde la Comisión Europea se vienen realizando para obligar a las autoridades chinas a sentarse a una mesa de negociación con unos mínimos requisitos cumplidos. Si no somos capaces de ponernos de acuerdo en un tema tan básico como la defensa de nuestro mercado único, de poco sirven las grandes palabras de defensa de la construcción europea con que suelen despachar los líderes europeos sus cumbres en Bruselas. El futuro de nuestro modelo social está en juego, esta no es una guerra comercial sin más, que dilucidan unos empresarios. Si no somos capaces de frenar y ordenar el comercio entre China y la UE, si no atemperamos sus necesidades de progreso con el establecimiento de unos costes mínimos de cumplimiento de derechos fundamentales en sus centros de producción o el dumping social que estamos sufriendo a base de importaciones de productos chinos, acabarán con nuestras empresas, el paro se seguirá incrementando en nuestros países y serán imposibles de sostener servicios públicos tan básicos como la sanidad o la educación. Nos jugamos demasiado en el diálogo con China y no hay peor enfermo que el que no quiere escuchar… unos y otros.

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La marca España o de cómo hacer el ridículo por el mundo

Vivimos en plena globalización y, como consecuencia del achique de espacio y tiempo en el planeta y de la accesibilidad casi universal a la información que brinda Internet, la competencia por ser conocido de cualquier persona, empresa, entidad o Estado se ha convertido en una obsesiva necesidad. La construcción primero y la percepción posterior de una marca es, hoy por hoy, una labor imprescindible para moverse en la vida. La gran novedad de los procesos debranding 2.0. tiene que ver con los elementos que en el mundo digital constituyen la reputación online. Las marcas antes pertenecían al mercado de productos y servicios gobernado por los fabricantes y eran una forma de identificarse con los consumidores. Así funcionó la sociedad de masas y consumo reinante desde los años 50 hasta finales del siglo pasado. Llevamos una década de sociedad digital globalizada y la marca ha desbordado los planteamientos primitivos para inundar espacios hasta ahora desconocidos. Conceptos como marca personal o marca país son fundamentales para el desarrollo de proyectos individuales y en comunidad.

En este contexto todos debemos tomarnos muy en serio la proyección que de nuestra identidad hacemos, porque la inmensa mayoría de quienes nos perciban tendrán un escaso o nulo nivel de conocimiento real de nosotros. Acertar en los atributos y contar con la fortaleza de un sentimiento común tras una marca son fundamentos esenciales para el éxito en el branding merchant. De ahí que me resulte incomprensible que España haya convertido algo tan complejo como la elaboración y difusión de su marca país en una especie de feria ambulante de medio pelo. De entrada hacer depender un concepto que se mueve en el mercado y en las tecnologías más avanzadas de comunicación del Ministerio de Asuntos Exteriores, es decir de funcionarios y diplomáticos, es sinónimo de volver al siglo XIX para transitar el XXI. No caeré en el tópico de las edades, pero que los dos máximos exponentes de la marca España sean el ministro García Margallo y el Alto Comisionado de la marca Espinosa de los Monteros, ambos casi septuagenarios, no parece representar el dinamismo y modernidad que el branding requiere hoy en día. Por tanto, ni la herramienta ni las personas que lo dirigen sirven para los objetivos.

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Pero mucho peor es no tener clara la identidad ni la coherencia posterior con la imagen dada. Es evidente que resulta complicado vender una marca en cuyo interior viven 7 millones de personas que no se sienten españolas, pero esa realidad existe y es parte de la plural diversidad del Estado español. Atajar el “problema” como de costumbre recurriendo a la visión ramplona de la España de pandereta, no solo resulta reduccionista, sino ante todo empobrece la imagen. Lo primero que uno debe hacer cuando se enfrenta a un proceso comunicativo es preguntarse quién es y cómo desea ser visto. España adolece en este momento histórico de profunda crisis económica e institucional de respuestas fundadas para ambas cuestiones básicas. Difícilmente, pues, puede promocionar una marca que ni tiene identidad ni atributos claros. En segundo lugar, nadie ha segmentado adecuadamente los públicos objetivos a los que vender la marca. Se trata más de generar una alocada agenda de actos y eventos que cubran el expediente y den gusto al copetín de los invitados, que de tener un modelo mapeado y monitorizado con riesgos y oportunidades para en función de dicho análisis diseñar las acciones a realizar.

En el mundo de la sobreinformación y la sacralización del dato, donde todo se mezcla ineludiblemente y corre el riesgo de perderse en la riada de acontecimientos diarios, contar con iconos simbólicos y personales portadores de valores identitarios se ha convertido en la mejor forma de hacer percibir la marca de una comunidad. España, no la cañí, ni la del eterno sainete, puede contar con ellos si se les cuida y les aporta valor el sello de la marca. El deporte español está repleto de excelentes embajadores portadores de valores positivos y de fama mundial. La gastronomía de autor sigue ocupando los principales puestos en los rankings de los mejores restaurantes del mundo. El modelo de infraestructuras ferroviarias, portuarias y aeroportuarias sigue representando un referente de proyectos de enorme envergadura abordados en países estrella. De momento y gracias a los excelentes profesionales que trabajan en ella, tenemos una de las mejores sanidades públicas del mundo y la Organización Nacional de Trasplantes es modélica por funcionamiento y estadística. Seguimos siendo el primer destino turístico de la Unión Europea, las principales empresas del Ibex 35 tienen una sólida presencia multinacional y nuestra cuota de producción de energías renovables es la más alta de Europa.

Pero una marca también debe trabajar para cuidar sus contravalores. Y en eso somos claramente deficientes. Vender la marca España hoy, es asumir que los medios de comunicación internacionales publican una realidad española donde el protagonismo lo tienen la lacra de los casos de corrupción, el drama de los seis millones de parados, el deseo legítimo de catalanes y vascos por independizarse y el derroche desmesurado en nuestras cuentas públicas. Vender una historia en blanco y negro de la España con peineta mientras la Casa Real día si y día también se ve envuelta en titulares que ponen en duda su reputación, el partido que sustenta el Gobierno visita los tribunales de cuatro Comunidades Autónomas imputado por corrupción y cada mes batimos un nuevo record de desempleo juvenil, resulta tan inútil como ridículo.

El último acto del esperpento de la marca España se celebró en Bruselas. Una especie de programa “Españoles por el mundo”, pues, de los asistentes en la capital europea el 80% eran funcionarios o eurodiputados españoles. Un dispendio para consumo doméstico al estilo de las casas regionales franquistas cuando llevaban a los emigrantes en Alemania o Suiza la actuación de un conjunto flamenco para amenizar la velada a cientos de gallegos que jamás se habrían puesto un traje corto o un vestido de faralaes. De presentador actuó el radiofónico de cabecera del PP, Carlos Herrera, a quien como es lógico no conoce nadie cruzando los Pirineos. La moda la pusieron Vitorio y Lucchino para no desentonar con la peineta oficial y el deporte estuvo representado por la joven promesa del baloncesto de quien ya no nos acordamos ni en España, Fernando Romay. Esos días Rafa Nadal luchaba a pocos kilómetros de Bruselas por hacerse con su octavo Roland Garros. Eso si es marca España. Y al día siguiente, el Gobierno español casi en pleno, se examinaba ante la Comisión Europea y le ponían deberes para el próximo semestre. Como para venderles marca España. Por todo ello y desde la humilde opinión de un profesional que vive de ésto, les pediría a los señores de la marca España que no sigan haciendo el ridículo por el mundo, al menos con mi dinero, o si persisten en su infructuoso empeño que no se quejen de que uno no quiera sentirse español.

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Unión Europea, bienvenida Croacia, ya somos 28

El próximo 1 de julio de 2013 quedará registrado en los anales de la historia de la construcción europea como el día de una nueva incorporación, el de una nueva ampliación del espacio europeo en virtud de la integración definitiva de pleno derecho de Croacia en la Unión Europea. Esta misma semana el comisario croata, Neven Mimica se examina ante los eurodiputados. Los hasta ahora 27, acogemos un nuevo Estado de trayectoria como tal reciente, emanado del tremendo y cruento conflicto de los Balcanes, la última tragedia bélica protagonizada en el continente. Es el segundo de los Estados de la extinta Yugoslavia  –  tras la incorporación de Eslovenia en 2004 – que es admitido en el selecto club de los derechos humanos y la protección social que representa hoy por hoy la Unión. Tras Croacia, a la cola y a la espera del cumplimiento de los requisitos impuestos por Bruselas, aguardan MacedoniaMontenegro y, especialmente, Serbia, la principal potencia balcánica. Europa, pues, se abre a una nueva realidad de población y de cultura, en medio de una crisis económica e institucional, lo que para muchos no aportará más que complicaciones añadidas y, para otros, entre los que me encuentro, supondrá un enriquecimiento en diversidad y oportunidades.

Croacia compone una realidad de 4.290.000 habitantes, en 56.500 kilómetros cuadrados, con una renta per cápita de 69.000 dólares – la 72 del ranking mundial y una edad media de su población de 41,4 años. Es un país prácticamente en la media  Europea y, en comparación con las últimas admisiones tanto de los Estados Bálticos como de Rumanía y Bulgaria, incorpora una sociedad más desarrollada. Croacia posee una economía postcomunista basada principalmente en varios servicios y algunas industrias ligeras, como industria química. Asimismo, gozan de fama mundial sus grandes astilleros de barcos comerciales que son adquiridos por un gran número de países. El turismo es una importante fuente de ingresos. El ingreso de turistas anuales supera con creces a la población croata. Es una economía que se encuentra muy cerca del pleno desarrollo según el Foro Económico Mundial. Junto con la República de Eslovenia, eran y siguen siendo las naciones más industrializadas y avanzadas de la ex República Federal de Yugoslavia. Los principales socios comerciales de Croacia son Italia y Alemania, con los cuales realiza intercambios comerciales que suman más del 20% de su PIB. Croacia comenzó a recibir ayudas de los fondos PHG de pre-adhesión a la UE en 2003 y al cierre de este año sumaban 420 millones de euros. Estas ayudas se han destinado principalmente a reforzar las políticas de modernización del gobierno, como puede ser la reestructuración industrial, mecanización agrícola y política financiera. El PIB de Croacia se estima que crezca en un 4,4% en 2006, dos puntos sobre la media de crecimiento de la UE; pero deben citarse los problemas constantes en la política interna de gobierno, que no ha sido capaz de solucionar el gran problema de la excesiva fuga de talentos; que emigra a países como Alemania y Canadá ante la falta de oportunidades, y que en las regiones costeras de Iliria y Dalmacia, en donde su mano de obra sólo labora durante las vacaciones de verano europeas, que son de cinco meses al año ven cómo sus dividendo decaen rápidamente por falta de estímulos importantes al sector turístico, y esta región en especial se ha visto fuertemente golpeada por las sucesivas crisis financieras a nivel global; con un desempleo oficialmente situado en un 12%, y en donde las cifras extraoficiales hablan de hasta un 30%, situación que tiene al borde de la desesperación a toda la industria turística en la región; ya que ante la caída de los ingresos de países vecinos como Eslovenia y Serbia se reducen los turistas, más aún de la nueva competencia de otros países como Montenegro y República de Macedonia, con gran potencial en la industria turística de los Balcanes.

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Sin embargo, conviene recordar en este momento histórico los dramáticos antecedentes vividos en la región, la fragmentación fruto del conflicto en la misma y las consecuencias geopolíticas y económicas que la guerra ha tenido. Pese a que la Unión Europea mantuvo una teórica neutralidad en el conflicto e incluso una insultante pasividad ante los horribles crímenes padecidos por la población de estos países, es evidente que Alemania jugó un papel primordial al ponerse claramente del lado de Croacia y frente a Serbia, aliado tradicional de Moscú. De ahí que si bien es cierto que a la vista de los acontecimientos actuales, Croacia es la gran beneficiada de la descomposición del régimen yugoslavo, la UE debería agilizar la incorporación del resto de Estados cuyos esfuerzos sean inequívocos por cumplir las condiciones políticas y económicas de acceso. Es especialmente relevante el caso de Serbia, un Estado con 7,3 millones de habitantes, una verdadera potencia media en el contexto continental, que negocia en estos momentos los plazos de su incorporación.

El debate sobre las ampliaciones es tan viejo como el camino de la construcción europea. Siempre se ha cuestionado por algunos socios fundadores y por los puristas institucionales el ingreso de nuevos Estados. El principal argumento se basa en la ingobernabilidad de una Europa extendida y la falta de preparación de los recién llegados. Cuando la península ibérica, España y Portugal, con Grecia lo hicieron el año 1986 se criticó que nuestra llegada cambiada sustancialmente la homogeneidad de la Comunidad Económica Europea, por tratarse de Estados sureños y con escasa cultura del rigor presupuestario. Por eso los mismos agoreros de entonces son los más firmes partidarios de aplicar el austericidio a los “vagos del sur”, a aquellos, en definitiva, que nunca debieron haber entrado en el selecto club de los ricos europeos. Después abogaron por la Europa de las dos velocidades en las ampliaciones de los años 90 surgidas al amparo de la caída del Muro de Berlín y auspiciadas por Alemania como cinturón de su espacio de producción y comercial.

Pero la verdad es que el mejor espacio europeo es el que ensancha sus fronteras a todos los europeos, sean del norte o del sur, más blancos o más morenos, ricos o pobres. Esa Europa que a la vez es tierra de acogida para los inmigrantes necesitados de esperanza en el futuro y de asilo político a cualquier persona que se siente perseguida en el mundo por razón de su raza, su religión o sus ideas. La misma Europa que es capaz de realizar un verdadero diálogo multilateral con el resto del mundo para universalizar los derechos y libertades que consagran nuestras instituciones democráticas. Frente a una concepción de Europa reduccionista, cicatera en su visión global y ensimismada en su moneda, su inflación, sus tasas de desempleo y PIB, que nos tiene anclados en un debate estéril de subvenciones a la mantequilla invendible y que protege privilegios improductivos, debemos preconizar la fundacional idea de los padres de Europa basada en los valores que durante siglos han hecho de nuestro continente el referente filosófico del ser humano. La Europa cerrada nos generó guerras y devastación, la apertura de miras en un espacio común nos ha reportado el mayor período europeo de convivencia próspera y pacífica. Por eso no nos queda más que alegrarnos de la nueva incorporación y dar la bienvenida a Croacia a la Unión Europea.

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Europa o el lucrativo negocio de los paraísos fiscales

La Unión Europea se atrevió finalmente a centrar su Consejo del mes de mayo casi con un único tema en el orden del día: el acuerdo para la eliminación de paraísos fiscales en su territorio y aledaños asociados. No era poco que por fin los mandatarios europeos se decidieran a dejar a un lado su hipocresía para poner sobre la mesa uno de los mayores escándalos sociales que afecta a la UE. La presión social y de algunas ong’s dedicadas durante años a la denuncia de las prácticas de fraude fiscal llevado a cabo en Estados de la Unión logró calar en diversos grupos del Parlamento Europeo cuyo debate forzó a una posición de combate por parte de la Comisión Europea y, finalmente, ha obligado a los líderes gubernamentales a tratar tan espinoso asunto. Unos políticos que escudados en la cínica excusa de los asuntos internos de cada país, habían obviado de manera más o menos descarada hasta ahora, la injusticia que supone que algunos se vayan de rositas sin pasar por  la hacienda pública mientras se aprovechan de un sistema de protección y bienestar social montado gracias a la contribución vía impuestos del resto de los paganos. Se ha logrado el primer aunque tímido objetivo, meter en la dilatada agenda de los mandamases europeos el fraude de los paraísos fiscales, pero como siempre era demasiado pedir que se pusieran de acuerdo para acabar en plazo digno con esta verdadera lacra social.

Para que nos hagamos una idea de la dimensión del problema baste decir lo siguiente: EUROPA PIERDE 1 BILLON DE EUROS AL AÑO Y ALBERGA OTROS 14 BILLONES EN PARAÍSOS FISCALES EN SU SENO Y ALEDAÑOS ASOCIADOS. Y lo escribo con mayúsculas porque mayúsculo es el tremendo daño que este delito organizado por Estados, nos cuesta al mundo. La propia UE estima según un informe encargado por la Eurocámara, que se pierden al año 864.282 millones de euros por prácticas evasivas. Una cifra superior a los presupuestos destinados a sanidad en cada país europeo. Pero lo más grave no es lo que dejamos de recaudar los ricos europeos por estas prácticas lucrativas para algunos Estados miembros, mucho peor resulta el roto que realizamos al resto del mundo. Los países pobres pierden cada año 124.000 millones de euros por los impuestos que no pagan las empresas con filiales en sus territorios. Con menos de la mitad, 51.000 millones de euros, se podría acabar con la pobreza extrema, segúnBrookings Institute de EEUU. Según estos datos hechos públicos la ongIntermón Oxfam dos terceras partes del dinero escondido por las mayores fortunas del mundo se ubican en paraísos fiscales europeos. En un momento donde los ciudadanos -procedentes de países ricos y pobres-, están sufriendo los efectos de la pobreza multiplicada por los recortes en los Estados desarrollados, Oxfam estima que al menos 14 billones de euros pertenecientes a fortunas individuales se esconden en paraísos fiscales repartidos por todo el mundo. Este dinero perdido representa el doble de lo necesario para que cada persona del mundo pueda vivir con más de 1,25 dólares al día, es decir, para acabar con la pobreza extrema.

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Ante tanto despropósito no queda otra que señalar a los responsables país por país y exigirles primero explicaciones y luego un cambio de normas para poner coto a estos desmanes. La lista o mapa de países paraíso fiscal o centros financieros offshore de Europa es amplia y compleja en sus modalidades y prácticas. La Tax Justice Network – Red de Justicia Fical – una organización surgida del Foro Social Mundial, aporta el siguiente listado y descripción de campos abonados para la evasión y el fraude fiscal en Europa:

Andorra: El mini estado independiente de los Pirineos, que no es parte de la Unión Europea, pero es miembro asociado, ofrece un lugar con secretismo para el dinero de los  que residen en países vecinos. Particularmente atractivo es el servicio personal ofrecido allí por los asesores bancarios. Resulta muy fácil  para los españoles y franceses llegar allí en coche para despositar dinero en efectivo. Después se puede llenar el depósito del coche y comprar cigarillos , por supuesto libre de impuestos.

Austria: Como país que comparte fronteras con Alemania, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Italia, Republica Checa y Suiza , Austria atrae el dinero prometiendo  secreto a los titulares de cuentas bancarias. Atrae especialmente a la población europea de habla alemana. Pero también ciudadanos de países latinoamericanos que, por ejemplo, combinan la inversión en bonos austríacos con las ventajas del secreto bancario. Precisamente debido a la falta de transparencia financiera y  a su ubicación geográfica, Austria también ha atraído durante décadas el patrimonio de dictadores del mundo

Islas del Canal: La islas británicas del Canal, Jersey, Guernsey y Sark son el hogar de cientos de instituciones financieras y compañías de seguros atraídas por sus bajos y sencillos impuestos. Mientras que  probablemente  esconde los negocios más sucios, Guernsey es la más innovadora. Con las denominadas empresas auto protegidas, un aparente empresa individual está organizada en células con muros legales protectores entre ellas. Y en Sark, de acuerdo al diario británico The Guardian, hay 24 empresas registradas por cada uno de los aproximadamente 600 habitantes.

Chipre: Chipre es el ejemplo perfecto de lo que puede salir mal cuando se depende tanto de un modelo tan dudoso. Está particularmente orientado hacia los países de la extinta Unión Soviética y actuaba como un centro de enlace entre ellos. Las transacciones entre empresas de fachada trajo dinero a Chipre, y después se retornaba a países como Rusia, evitando así a las autoridades tributarias. Pero desde la quiebra de Chipre, en parte por la Unión Europea, la isla mediterránea tendrá que  arreglárselas con un nuevo modelo de negocio.

Inglaterra: Londres, representa una de los más grandes centros de enlace para la evasión de impuestos y  de capitales. Es la madre de todos los paraísos fiscales desde el momento en que la Zona, que no responde a la Corona, ha desarrollado una red que continúa trayendo dinero al antiguo imperio. El dinero fluye desde allí  a las Islas británicas del Canal como  Guernsey, Jersey o la  Isla de Man, después a territorios de ultramar británicos en el Caribe como las Islas Caimán o la Islas Vírgenes, o en Europa a  Gibraltar. Londres es las sede de muchas empresas de fachada dudosas que solo existen en Internet.

Alemania: Alemania protege los datos de los inversores extranjeros , los cuales  no tienen que pagar impuestos sobre los intereses . Sólo los alemanes o extranjeros residentes en Alemania, tienen que pagar una tasa plana sobre los ingresos por intereses La información sobre estos depósitos raramente sale de Alemania, añadió : “los inversores extranjeros con cuentas alemanas están protegidos por un cierto grados de anonimato.Por eso es por lo que Alemania está en la novena posición de la clasificación mundial del secreto financiero para TJN.

Gibraltar: En el extremo sur de la Península Ibérica, Gibraltar se ha especializado  en permitir las empresas o sociedades pantalla llamadas “trusts.” La estructura de estos trusts significa que no hay propietario real de a empresa. Se utilizan con frecuencia para añadir capas de secreto a las sociedades fachada, lo que es particularmente bueno para el blanqueo de capitales. El final sucio del espectro para traer de vuelta el dinero a los mercados financieros. La presencia de muchos casino de juego también interviene  en el juego.

Irlanda: Se le lama el “doble irlandés” en el mundo financiero: una empresa funda dos subsidiarias en Irlanda con su tasa de impuestos del 12,5%. Entonces, una reclama  estar basada en un paraíso fiscal diferente  (el impuesto comparable en EEUU , por ejemplo está alrededor del 35%). Mientras que una empresa hace negocio en Europa realiza el pago a la otra de los derechos de patente. El beneficio se evapora ya que los costes y los ingreso se igualan en el balance. Esto es completamente ilegal en Irlanda, y por ello es una ubicación optima para empresas como  Google, Apple o Amazon. Aunque otros países como Holanda ofrecen modelos similares, la diferencia es que en  Irlanda la gente trabaja realmente lo que al menos crea algunos puestos de trabajo y un poco de crecimiento en el país.

Isla de  Man: Esta isla entre Escocia , Inglaterra e Irlanda no tiene impuestos para las herencias y las rentas de capital , mientras que el más alto nivel de impuestos es del 20%. El impuesto de sociedades no existe . Es un destino especialmente querido para los millonarios británicos.

Luxemburgo: Es el Segundo centro de enlace financiero más grande de Europa después de Londres.. Innumerables inversores y alrededor de 150  bancos disfrutan de un tasa impositiva de gracias en el centro europeo de acciones y bonos. El estatus de Luxemburgo como miembro de la UE le hace particularmente atractivo para las empresas europeas y el mercado internacional,  explicó. Si quieres evitar las leyes alemanas, por ejemplo, puedes hacerlo a través de Luxemburgo, será por ello que 40 bancos alemanes hacen negocio allí.

Malta: Con sus bajas tasas de impuestos, Malta como Chipre ha atrajo capital extranjero durante largo tiempo. Aunque  los impuestos sobre sociedades alcanzan  el 35%, las empresas puede conseguir la devolución de la mayoría de ellos. Es el destino favorito de las empresas alemanas la cuales consiguen un beneficio más alto si están basadas en Malta. Aunque es claramente un paraíso fiscal para las empresas, no está claro que lo sea para las personas físicas.

Mónaco: Sigue siendo el hogar de los ricos y famosos.  Los millonarios se establecen felizmente allí debido al hecho de que  no pagan impuestos por los ingresos  ni por las herencias. La ciudad estado no persigue los delitos financieros que se cometen en el extranjero.  No obstante, los negocios sí pagan impuestos en tasas de alrededor del 33 % .  Francia, aunque no juega un papel activo , presta una mano protectora.

Holanda: Lo que es  Luxemburgo para los inversores privados lo es Holanda para las grandes corporaciones. Los impuestos a la actividad económica son increiblemente bajos , con muchas ventajas tributarias para los ingresos por intereses y licencias. Con el “sandwich holandés,” una empresa matriz tiene una filial en Holanda y la usa como una base de impuestos bajos para desarrollar sus negocios europeos

Suiza: Aunque se supone que no existen ya cuentas bancarias completamente anónimas en Suiza ( y el vecino Liechtenstein), continua atrayendo grandes volúmenes de dinero debido a su secreto bancario. En consideración al volumen de dinero en Suiza, ésta ocupó el primer lugar en el Indice de Secreto Financiero de TJN.

Vergonzoso panorama en el territorio que consagra la libertades, la solidaridad, la cohesión social y la democracia como normas básicas de convivencia. Esta brutal hipocresía en forma de injusticia que mueve cantidades multimillonarias de dinero de forma opaca debe convertirse en una de las principales batallas políticas de la Unión Europea. Pero una vez más estamos ante un delito legal y moral que afecta a personas jurídicas y también físicas. Nadie está libre de la responsabilidad de cumplir con sus obligaciones como ciudadano, como de denunciar con pruebas los casos que a su alrededor se dan. La presión social es la única fórmula para que la clase política europea afronte de una vez el problema por muchos que sean los intereses creados y por poderosas que sean las fortunas protegidas por la evasión.

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En el día de Europa, Bruselas una realidad lejana, distante y burocrática

El pasado día 9 de mayo celebramos como todos los años, el día de Europa. Lo primero que sorprende es que si somos una Unión, tal jornada siga siendo día laborable, mientras festejamos vacacionalmente todo tipo de días de contenido local. Vamos que al menos a mi, me resulta difícil de entender, con todo el respeto a tradiciones y religiones, que nos deje en casa sin trabajar San Saturnino o San Isidro y pase desapercibida la fiesta de Europa que une a más de 500 millones de habitantes y evoca las ideas de paz y libertad que todos deseamos. Pero hecha esta pequeña digresión, voy al nudo de mi reflexión: qué opinamos los españoles de las instituciones europeas, ahora que la crisis económica ha puesto en solfa todo lo que nos rodea y da sentido. ¿Nos sigue uniendo, más que lo que nos separa? ¿Seguimos creyendo que juntos nos va mejor que por separado? ¿Nos sentimos representados por quienes administran nuestros asuntos a nivel europeo? ¿En suma, nos sentimos parte de una realidad que cada vez se impone más en las decisiones que condicionan nuestro presente y futuro?

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A estas preguntas han respondido los españoles en una encuesta realizada por elForo Europa Ciudadana, un think tank independiente que tiene como objetivo contribuir al debate de la construcción de la Europa del futuro, fomenta la participación ciudadana. Los principales resultados de la encuesta dejan poco lugar a dudas sobre la percepción y estado de ánimo que los españoles tienen de la Unión Europea y la forma de administrarnos que está teniendo. Os los resumo en pocas líneas:

– El 81,5% de los españoles considera que el actual número de órganos políticos y administrativos impide tomar decisiones rápidas y consensuadas.

– El 66% de los encuestados opina que el tamaño actual de la UE ha favorecido que cada Estado actúe según su interés particular y no en función del interés europeo.

– El 96% de los españoles reclama una ley de transparencia a nivel europeo para que los ciudadanos conozcan más y mejor a las instituciones europeas.

– El 89,5% considera que los ciudadanos deberían tener más peso en las decisiones políticas y económicas de la UE.

– El 72% de los encuestados opina que la gran cantidad de leyes comunitarias es una traba para la creación de empleo y el desarrollo de las empresas.

– Valoración de 0 a 10 sobre la transparencia de las principales instituciones europeas: Tribunal Europeo de Derechos Humanos: 4,7; la Comisión Europea: 4,0; el Parlamento Europeo: 3,8.

– Para los ciudadanos españoles la Unión Europea es sinónimo de… Burocracia: 72,5%. Convivencia: 53,2%. Libertad: 51,3%. Democracia: 43,8%.

– Valoración de 0 a 10 sobre el sentimiento de pertenencia a la Unión Europea de los ciudadanos españoles: 5,5.

– Las instituciones europeas, para ganar en eficiencia y calidad, necesitan… Establecer sistemas de elección más democráticos y transparentes (92,5%). Abrir canales de comunicación con los ciudadanos (91,2%). Fomentar las iniciativas legislativas populares (87,8%). Reducir y simplificar la legislación comunitaria (81,7%).

– El mayor logro de la Unión Europea ha sido… La ciudadanía europea y la unión política (41,5%). El euro y la unión económica ( 32%).

A la vista de respuestas tan rotundas, no cabe duda que la principal queja y, por tanto, demanda que los ciudadanos españoles realizan tiene que ver con la sensación de lejanía y distancia que las instituciones europeas les produce. Y eso se traduce en un sentimiento de apropiación de la burocracia de Bruselas de lo que uno creía que era propio y ahora siente como ajeno. Europa raptada por una mezcla de tecnocracia institucional y una clase política incapaz en encontrar el consenso necesario que demandan los europeos. Estamos, pues, en el filo de la navaja con mucho riesgo de cortarnos en el proyecto europeo. Los ciudadanos pueden optar por dar la espalda a la idea política que más beneficios ha dado al continente en su historia. 65 años de convivencia en paz y democracia están en serio riesgo porque los verdaderos protagonistas de la cosa, que no somos otros que las personas que vivimos en Europa, no vemos a la Unión como algo nuestro, algo por lo que seguir luchando. El desenganche del europeismo es galopante y los desertores corren a toda velocidad hacia posturas euroescepticas en el mejor de los casos, cuando no claramente ultranacionalistas y xenófobas. Un paisaje triste y desolador que puede verse reflejado en forma de paradoja en la composición del próximo Parlamento europeo. Las elecciones de junio de 2014, a escasos 12 meses de celebrarse, pueden dar cobijo en sede legislativa a numerosos representantes contrarios a la idea misma de una Europa unida. Y lo que aún es más grave, serán los electores directos del presidente de la Comisión Europea y su colegio de comisarios. Nos jugamos, pues, más que nunca este año venidero el futuro de Europa. Si no somos capaces de centrar en Europa el debate político de los Estados miembros y seguimos mirándonos embelesados el ombligo patrio, indefectiblemente nos precipitaremos por el abismo de los enfrentamientos históricos del continente. La tarea no es otra que liberar Europa. Sacarla del secuestro a la que la tienen sometidos tecnócratas y políticos sin visión de Unión. El reto una vez más es de todos y lo es individual.

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En el 1 de mayo, un nuevo enfoque del reparto del trabajo y el mercado laboral

La Unión Europea acumula un diferencial de desempleo 5 puntos superior al que registra Estados Unidos. Y dentro de esa estadística macabra de drama de personas sin trabajo, España bate todos los record con tasas que superan el 50% entre los jóvenes y cerca del 40% en algunas Comunidades Autónomas comoAndalucía. Se hace muy difícil articular un modelo de convivencia armoniosa y pacífica en una sociedad que permite desigualdades tan tremendas. Duro resulta de entender brechas sociales que permiten diferencias de renta entre ricos y pobres de más del 60% como sucede en países subdesarrollados, pero mucho más insostenible es un Estado en el que 1 de cada 4 ciudadanos no tiene trabajo para aportar un salario mensual a su familia. Cuando se llega a tal fracaso del modelo de marcado laboral, se vive en situación de emergencia y deberíamos poner el centro del debate en la búsqueda de soluciones inmediatas para garantizar una vida digna a nuestros semejantes en la sociedad que vivimos. La retórica y los grandes principios tienen que dejar paso a propuestas novedosas, imaginativas y pero con altas dosis de realismo. Tenemos que ser audaces y aprender de la prueba – error, ser capaces de articular nuevas fórmulas de relación empresa – trabajador y de colaboración público – privada. Un reto que no es solo cosa de los políticos en su función ejecutiva y legisladora, también atañe a cada trabajador y a cada empresario, obligados como están a salir de la crisis en el mismo barco.

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Así las cosas, creo que existen unas líneas de reflexión trascendentales para cambiar la mentalidad y la visión del mercado laboral. Porque no estamos ante un problema simple y concreto de condiciones laborales, estamos ante la necesidad de abordar un auténtico cambio de forma de vida y de modelo relacional entre las personas. Ese nuevo contrato social que tantas veces he mentado en este blog, en referencia al empleo es hoy más imprescindible que nunca. Por eso os propongo pensar en conceptos tan básicos o genéricos como:
  • Reducir horas de trabajo para generar empleos.
  • Conciliación de la vida laboral y familiar.
  • Relación entre las horas extra y la creación de empleo.
  • El efecto de la economía sumergida sobre el paro.
  • Prestaciones alternativas a la prestación por desempleo.
  • Una sociedad que consume lo que necesita.

REPARTO DEL TRABAJO.- No se trata solo de reducir  las horas de trabajo o su salario, sino de la racionalización de la jornada laboral. Se trata de trabajar menos para vivir más, para vivir más con los nuestros. Está demostrado que la incorporación de avances tecnológicos y procesos de innovación en la producción, aumenta los niveles de productividad sin necesidad de incrementar las horas/hombre. De la misma forma que resulta fácil probar que la reducción de la jornada de 40 a 35 horas semanales de un puesto de trabajo, crea automáticamente un nuevo empleo. La acomodación de horarios y salarios de cientos de miles de trabajadores a sus necesidades reales, supondría un incremento de trabajadores cotizantes a la seguridad social, garantizando la sostenibilidad del sistema de protección.

CONCILIACIÓN DE LA VIDA LABORAL Y FAMILIAR.- Si queremos que los trabajadores del futuro estén preparados profesional y personalmente, los años de crianza de los niños, la presencia de los adultos que eduquen, se convierten en un aspecto esencial, que hay que cuidar y facilitar en aras de un futuro más optimista. Guarderías próximas a los centros de trabajo, aulas de apoyo escolar,… son medidas necesarias para la conciliación familiar, además de ser en sí mismas, una fuente de generación de empleo. Además, la estimulación de la conciliación laboral permitiría aumentar la natalidad en la Unión Europea, el área del mundo con más bajas tasas en este sentido, asegurando una mayor sostenibilidad del propio sistema.

LAS HORAS EXTRA.- Una cosa es el concepto de producción que requiere de la continuidad de un equipo de trabajo determinado y otra muy distinta, la práctica laboral que amplía la jornada desproporcionadamente con horarios casi inhumanos a lo largo de siete días de la semana. Muchos sectores, como por ejemplo la industria y la hostelería, son conocidos por la realización de un número de horas extra tremendo. Muy por encima de lo legal, y en muchos casos, ni se declaran, ni se cotizan. Simplemente no existen. Trabajar de lunes a viernes 11 horas diarias y el sábado 5 ó 6 con el tradicional almuerzo especial de por medio, ha sido práctica habitual de muchas empresas.

La ECONOMÍA SUMERGIDA.- Una sociedad que permite tasas de economía sumergida superiores al 20%, como es el caso de España, tiene un auténtico cáncer social en su interior. Hoy por hoy, resulta imposible evaluar correctamente de los 6,2 millones de personas que declaran encontrarse en el paro en la Encuesta de Población Activa, cuántos realmente lo están. Y si estas situaciones de ilegalidad se producen debemos huir de planteamientos hipócritas. La actuación de control e inspección de la Administración con las consiguientes sanciones severas para los delincuentes empresariales es imprescindible, pero también lo es rebajar las trabas burocráticas y analizar los costes sociales que el puesto de trabajo legal lleva aparejado. El incentivo siempre debe estar del lado del que cumple la ley.

PRESTACIONES SOCIALES ALTERNATIVAS.- El modelo recaudatorio y de prestaciones y subsidios por desempleo en España, ha demostrado en esta crisis, que está obsoleto y no soluciona ni alivia siquiera el problema. Las medidas de impulso para el empleo, no sólo deben ser subvenciones o bonificaciones para el empresario sino medidas con miras a medio plazo, que se prolonguen en el tiempo y que contemplen no sólo la flexibilidad del mercado de trabajo, sino de la propia Administración. Modelos como el alemán y el holandés, que en vez de pagar a los desempleados (en la forma de prestaciones por desempleo) pagan para que los trabajadores permanezcan empleados, pero trabajando menos horas y con menos salario, ha posibilitado que sus tasas de desempleo no aumenten al ritmo que lo han hecho otros países e incluso están por debajo de algunos de los que no han experimentado depresiones tan profundas.

CONSUMIR LO NECESARIO.- Todo lo dicho de nada serviría si no somos capaces de cambiar el concepto mismo de consumo y de necesidades vitales. Hemos construido una sociedad de consumo basada en la oferta de sobreproducción. Todo el esfuerzo marketiniano se dedica a convencernos de necesidades que están alejadas de la vida real de las personas. Tienen que ver con las necesidades de producción de fábricas que en absoluto tienen en cuenta la demanda y menos aún la sostenibilidad de los recursos naturales del planeta. El consumidor responsable es un consumidor sensibilizado, informado, crítico y consciente, es decir preocupado por las repercusiones económicas, sociales y medioambientales que acompañan a las sociedades de consumo.

Si no somos capaces de enfocar la reforma del mercado laboral desde un nuevo modelo de relación integral de la persona con el entorno, estaremos simplemente remendando un traje desfasado para vestir una sociedad que ha desbordado el esquema de producción posindustrial. Esta labor de cambio global requiere una toma de conciencia que parte de la reflexión individual para ser puesta en común entre todos. Es labor de los políticos, de los agentes sociales, empresarios y trabajadores, como lo es también del pensamiento que podamos aportar al proceso desde la universidad o los centros de conocimiento. Podemos optar por el consenso y la convivencia buscando entre todos soluciones al paradigma del desempleo que nos embarga actualmente o darnos al individualismo pernicioso salvando nuestro corto presente sin pensar en un futuro para todos. La elección es libre y de cada cual, pensadlo.

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España o de cómo vivir con la prima de riesgo por debajo de 300 puntos y más de 6 millones de parados

La prima de riesgo de España, también llamada riesgo país o riesgo soberano de España, es el sobreprecio que ésta tiene que pagar cuando acude a los mercados para financiarse, en comparación con Alemania. Concretamente es la diferencia entre la rentabilidad del bono español a 10 años y el bono alemán a 10 años (Bund). Cuanto mayor es el riesgo de un país, más deberá remunerar éste a los inversores para que adquieran su deuda. Es por lo tanto, la sobretasa (o rentabilidad) que ofrece la deuda pública de España para que los inversores la compren y mide la confianza de los inversores en la solidez de su economía. El hecho de que el patrón de medida sea el bono alemán se debe a que la economía alemana tiene la serie histórica más estable de los mercados europeos. De marzo de 2012 a marzo de 2013, España ha vivido el período más caro para financiarse en los mercados internacionales de las últimas décadas. Con una media superior a los 400 puntos básicos, alcanzó su máximo histórico el pasado 23 de julio al registrar 632 puntos. Pagar los intereses de la deuda implicó el año pasado un desembolso de 28.848 millones, debido al repunte del coste de refinanciación -la deuda emitida para afrontar los vencimientos es cada vez más cara- y al incremento de la deuda en circulación (unos 36.800 millones). Así, el peso de los intereses sobre el PIB volvió a aumentar el pasado ejercicio, hasta situarse en el 2,71% del PIB en términos de caja (2,75% en términos de contabilidad nacional). En 2011, el pago de intereses se situó en torno a los 27.000 millones y en 2010, en 20.000 millones. Indudablemente, el coste de financiación se ha disparado en los últimos años. El bono español a 10 años ha pasado de un 3,7% de rentabilidad a finales de 2006, hasta el 5,3% a finales del pasado año, y en el peor momento de la crisis de la deuda de la zona euro -en noviembre del año pasado- alcanzó el 6,7%.

Por eso la noticia de esta semana que ha situado por debajo de los 300 puntos básicos y a tipos de interés del 4,3% supone un relevante abaratamiento en las condiciones de financiación para el Tesoro español. Con todas las cautelas que debemos tener ante unos mercados especulativos y que viven de la volatilidad, es cierto que la tendencia de los últimos 6 meses es claramente bajista, si exceptuamos situaciones de crisis concretas fruto del resultado de las elecciones en Italia o el rescate de Chipre. De consolidarse estos datos podría producirse una notable reducción del coste de los intereses de la deuda sobre los presupuestos del Estado y, en suma, un ahorro significativo en las cuentas públicas españolas. Cada punto de reducción de los tipos de interés supone un ahorro anual cercano a los 4.000 millones de euros, por lo que si no se produjeran nuevas turbulencias podríamos estar hablando de ahorrarnos en el 2012 unos 6.000 millones de euros. Poder embridar las ansias especulativas de los mercados de deuda es, pues, un objetivo prioritario para las autoridades económicas españolas. De ahí que el Gobierno acometa en el próximo Consejo de Ministros un nuevo paquete de reformas, ortodoxas de austeridad, es decir, nuevos recortes de déficit y me temo que, sin duda, de desmantelamiento del Estado del bienestar. Esta es la trampa del círculo vicioso en que nos han metido: si no recortas, el rating baja, la prima de riesgo sube, los tipos de interés se disparan y el coste de la deuda se hace insoportable. Si recortas el país se empobrece, se ancla en la recesión y los activos se devalúan con lo que para los buitres financieros son más baratos de comprar.

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Romper esa trampa infernal en la que llevan instaladas buena parte de las economías de la zona euro se ha convertido en el reto imposible para cualquier Gobierno. No enfrentarse a las políticas lideradas por la Canciller Merkel y hacerlas compatibles con acciones expansivas que sean capaces de incrementar la demanda y el empleo parece la tarea imposible de llevar a cabo. Hasta ahora la mayoría de los ahorros producidos por los recortes se han venido invirtiendo en el saneamiento del sistema financiero o en palabras más claras y llanas, en capitalizar bancos y cajas endeudadas por inversiones descabelladas en activos inmobiliarios o en deuda pública de países insolventes (Chipre o Grecia por ejemplo). Se supone que una vez destinadas ingentes cantidades a tal efecto – según los cálculos del BCE más de 1,5 billones de euros – deberíamos pasar tan vergonzosa página y dedicarnos a invertir en futuro. Si el mercado nos concede desde su generosidad altruista, dado que no hemos querido controlarlo, ahorros en los intereses de la deuda o si somos capaces de reducir gasto consuntivo en nuestras administraciones, sin pérdida de eficacia o calidad del servicio prestado, el resultado positivo de tales medidas debería invertirse con carácter de emergencia en políticas de crecimiento.

Es posible liberar recursos para crear empleo, algo que en los últimos años parecía imposible, pero falta la determinación de dar un giro absoluto al concepto mismo de la política económica de la Unión. Lo que es aplicable a cualquier país del euro, es ampliable al conjunto de los Estados miembros. Generar empleo debería ser la obsesión de los Gobiernos ahora que los mercados parecen dar una tregua a nuestras deudas soberanas. Y me temo que le podemos dar todas las vueltas que queramos, pero a fecha de hoy, las políticas expansivas siguen pivotando sobre las propuestas keynesianas de inversión pública como motor de la economía. Inyectar dinero al sistema es la única alternativa para salir de la recesión y lo único que necesitamos es voluntad de realizarlo y enfoque para que las inversiones sean productivas. En Estados Unidos, el presidente Obama nos ha dado buenos ejemplos de la audacia que requiere la situación y aunque aún tímidamente se ven sus frutos en materia de demanda y empleo. Podemos verlo también de otra forma: ¿qué habría sido de la economía mundial de no haber llevado a cabo la administración y la reserva federal norteamericana estas medidas de fomento del crecimiento?

En todo caso, no podemos tampoco caer en la ingenuidad de muchos postulados progresistas que creen que con la inversión pública de manera automática se genera empleo. Europa padece una verdadera enfermedad estructural en su mercado laboral y ha demostrado en épocas de bonanza que incluso creciendo a cifras superiores al 4% es incapaz de acercarse al pleno empleo. Y a eso debemos añadir que somos menos productivos que los entornos que nos rodean, es decir, que la eficiencia de los procesos de producción aportan menor valor añadido que nuestros competidores. Corregir mediante reformas esas gravísimas deficiencias de nuestras economías resulta, pues, imprescindible si no queremos malgastar las inversiones públicas para la creación de empleo. Y dicho esto, los ejes principales donde podemos focalizar las políticas expansivas son claras: infraestructuras, I+D+i y servicios sociales. El primero de los sectores es un clásico, pero no por serlo deja de tener sentido. Europa sigue requiriendo de grandes inversiones en proyectos de infraestructuras transnacionales, regionales y locales. Unirnos más, hacer más viable el transporte de mercancías y personas sigue siendo una necesidad, por no hablar de la necesidad de reconversión y mantenimiento de muchas redes viarias, aéreas y portuarias de países europeos. El segundo objetivo se basa en los sectores de vanguardia tecnológica y de conocimiento. La investigación y los procesos de innovación siguen siendo motores de la actividad y tienen un enorme potencial de creación de empleo. Por último, el pilar social dada la pirámide demográfica de la población europea que sigue envejeciendo año a año, requiere de un verdadero sector laboral en torno a la asistencia social.

Nadie duda que debemos seguir tratando de ahorrar, ahorrar en aquello que resulta estéril, obsoleto o innecesario, pero ahorrar para generar recursos que puedan invertirse en regenerar el sistema productivo y, en definitiva, el modelo de sociedad que queremos. Hasta ahora todos los sacrificios se han puesto al servicio de la masa monetaria, sin que esta se haya redistribuido ni eficiente, ni equitativamente. Estamos ante una nueva oportunidad de hacer política para los ciudadanos y, además, podemos hacerlo sin caer en enfrentamientos baldíos entre el norte y el sur de Europa o entre posiciones meramente demagógicas de derecha o izquierda. Otra política de crecimiento compatible con la austeridad es posible, como lo es otra política fiscal de redistribución de la riqueza y más equitativa en los esfuerzos que realizar para salir de la crisis. Tal vez lo único que hace falta es el arrojo del gobernante de tomar la decisión de ahorrar para invertir, de destinar cada euro gastado inútilmente en crear un puesto de trabajo productivo en un sector con proyección de futuro. Es más simple de lo que nos cuentan, solo hace falta algo de conocimiento, sentido común y, sobre todo, creer en el bien común y no en los intereses particulares o partidistas. Una vez más la pelota está en el tejado de nuestros líderes. Esperemos que alguna vez sean capaces de serlo.

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