En el 1 de mayo, un nuevo enfoque del reparto del trabajo y el mercado laboral

La Unión Europea acumula un diferencial de desempleo 5 puntos superior al que registra Estados Unidos. Y dentro de esa estadística macabra de drama de personas sin trabajo, España bate todos los record con tasas que superan el 50% entre los jóvenes y cerca del 40% en algunas Comunidades Autónomas comoAndalucía. Se hace muy difícil articular un modelo de convivencia armoniosa y pacífica en una sociedad que permite desigualdades tan tremendas. Duro resulta de entender brechas sociales que permiten diferencias de renta entre ricos y pobres de más del 60% como sucede en países subdesarrollados, pero mucho más insostenible es un Estado en el que 1 de cada 4 ciudadanos no tiene trabajo para aportar un salario mensual a su familia. Cuando se llega a tal fracaso del modelo de marcado laboral, se vive en situación de emergencia y deberíamos poner el centro del debate en la búsqueda de soluciones inmediatas para garantizar una vida digna a nuestros semejantes en la sociedad que vivimos. La retórica y los grandes principios tienen que dejar paso a propuestas novedosas, imaginativas y pero con altas dosis de realismo. Tenemos que ser audaces y aprender de la prueba – error, ser capaces de articular nuevas fórmulas de relación empresa – trabajador y de colaboración público – privada. Un reto que no es solo cosa de los políticos en su función ejecutiva y legisladora, también atañe a cada trabajador y a cada empresario, obligados como están a salir de la crisis en el mismo barco.

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Así las cosas, creo que existen unas líneas de reflexión trascendentales para cambiar la mentalidad y la visión del mercado laboral. Porque no estamos ante un problema simple y concreto de condiciones laborales, estamos ante la necesidad de abordar un auténtico cambio de forma de vida y de modelo relacional entre las personas. Ese nuevo contrato social que tantas veces he mentado en este blog, en referencia al empleo es hoy más imprescindible que nunca. Por eso os propongo pensar en conceptos tan básicos o genéricos como:
  • Reducir horas de trabajo para generar empleos.
  • Conciliación de la vida laboral y familiar.
  • Relación entre las horas extra y la creación de empleo.
  • El efecto de la economía sumergida sobre el paro.
  • Prestaciones alternativas a la prestación por desempleo.
  • Una sociedad que consume lo que necesita.

REPARTO DEL TRABAJO.- No se trata solo de reducir  las horas de trabajo o su salario, sino de la racionalización de la jornada laboral. Se trata de trabajar menos para vivir más, para vivir más con los nuestros. Está demostrado que la incorporación de avances tecnológicos y procesos de innovación en la producción, aumenta los niveles de productividad sin necesidad de incrementar las horas/hombre. De la misma forma que resulta fácil probar que la reducción de la jornada de 40 a 35 horas semanales de un puesto de trabajo, crea automáticamente un nuevo empleo. La acomodación de horarios y salarios de cientos de miles de trabajadores a sus necesidades reales, supondría un incremento de trabajadores cotizantes a la seguridad social, garantizando la sostenibilidad del sistema de protección.

CONCILIACIÓN DE LA VIDA LABORAL Y FAMILIAR.- Si queremos que los trabajadores del futuro estén preparados profesional y personalmente, los años de crianza de los niños, la presencia de los adultos que eduquen, se convierten en un aspecto esencial, que hay que cuidar y facilitar en aras de un futuro más optimista. Guarderías próximas a los centros de trabajo, aulas de apoyo escolar,… son medidas necesarias para la conciliación familiar, además de ser en sí mismas, una fuente de generación de empleo. Además, la estimulación de la conciliación laboral permitiría aumentar la natalidad en la Unión Europea, el área del mundo con más bajas tasas en este sentido, asegurando una mayor sostenibilidad del propio sistema.

LAS HORAS EXTRA.- Una cosa es el concepto de producción que requiere de la continuidad de un equipo de trabajo determinado y otra muy distinta, la práctica laboral que amplía la jornada desproporcionadamente con horarios casi inhumanos a lo largo de siete días de la semana. Muchos sectores, como por ejemplo la industria y la hostelería, son conocidos por la realización de un número de horas extra tremendo. Muy por encima de lo legal, y en muchos casos, ni se declaran, ni se cotizan. Simplemente no existen. Trabajar de lunes a viernes 11 horas diarias y el sábado 5 ó 6 con el tradicional almuerzo especial de por medio, ha sido práctica habitual de muchas empresas.

La ECONOMÍA SUMERGIDA.- Una sociedad que permite tasas de economía sumergida superiores al 20%, como es el caso de España, tiene un auténtico cáncer social en su interior. Hoy por hoy, resulta imposible evaluar correctamente de los 6,2 millones de personas que declaran encontrarse en el paro en la Encuesta de Población Activa, cuántos realmente lo están. Y si estas situaciones de ilegalidad se producen debemos huir de planteamientos hipócritas. La actuación de control e inspección de la Administración con las consiguientes sanciones severas para los delincuentes empresariales es imprescindible, pero también lo es rebajar las trabas burocráticas y analizar los costes sociales que el puesto de trabajo legal lleva aparejado. El incentivo siempre debe estar del lado del que cumple la ley.

PRESTACIONES SOCIALES ALTERNATIVAS.- El modelo recaudatorio y de prestaciones y subsidios por desempleo en España, ha demostrado en esta crisis, que está obsoleto y no soluciona ni alivia siquiera el problema. Las medidas de impulso para el empleo, no sólo deben ser subvenciones o bonificaciones para el empresario sino medidas con miras a medio plazo, que se prolonguen en el tiempo y que contemplen no sólo la flexibilidad del mercado de trabajo, sino de la propia Administración. Modelos como el alemán y el holandés, que en vez de pagar a los desempleados (en la forma de prestaciones por desempleo) pagan para que los trabajadores permanezcan empleados, pero trabajando menos horas y con menos salario, ha posibilitado que sus tasas de desempleo no aumenten al ritmo que lo han hecho otros países e incluso están por debajo de algunos de los que no han experimentado depresiones tan profundas.

CONSUMIR LO NECESARIO.- Todo lo dicho de nada serviría si no somos capaces de cambiar el concepto mismo de consumo y de necesidades vitales. Hemos construido una sociedad de consumo basada en la oferta de sobreproducción. Todo el esfuerzo marketiniano se dedica a convencernos de necesidades que están alejadas de la vida real de las personas. Tienen que ver con las necesidades de producción de fábricas que en absoluto tienen en cuenta la demanda y menos aún la sostenibilidad de los recursos naturales del planeta. El consumidor responsable es un consumidor sensibilizado, informado, crítico y consciente, es decir preocupado por las repercusiones económicas, sociales y medioambientales que acompañan a las sociedades de consumo.

Si no somos capaces de enfocar la reforma del mercado laboral desde un nuevo modelo de relación integral de la persona con el entorno, estaremos simplemente remendando un traje desfasado para vestir una sociedad que ha desbordado el esquema de producción posindustrial. Esta labor de cambio global requiere una toma de conciencia que parte de la reflexión individual para ser puesta en común entre todos. Es labor de los políticos, de los agentes sociales, empresarios y trabajadores, como lo es también del pensamiento que podamos aportar al proceso desde la universidad o los centros de conocimiento. Podemos optar por el consenso y la convivencia buscando entre todos soluciones al paradigma del desempleo que nos embarga actualmente o darnos al individualismo pernicioso salvando nuestro corto presente sin pensar en un futuro para todos. La elección es libre y de cada cual, pensadlo.

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