Todos juntos y a lo loco


Para salvar Navarra del apocalipsis los foralistas se han unido a los antiforalistas y han puesto de candidato al militante que llamaba chorizo al otro socio de la coalición

Estas cosas nunca sabes cómo acaban. Que la gente es muy puñetera y basta que te digan que los de Vox son unos fascistas para que los navarros de la Navarra la buena vayan a votarles en masa. Así que habrá que esperar para ver si el cóctel electoral que se ha montado Esparza le alcanza como para tocar pelo. Pero de lo que no hay duda es de que la cosa pinta divertida. Porque entre que había mucha prisa por cerrar el pacto y que a esta gente siempre le han preocupado más los puestos que el contenido, la cosa ha quedado sin definir y un poco loca.

Algo se debía oler Rivera cuando vino a Pamplona a jurar el Fuero. Que si París bien vale una misa, dos escaños en el Congreso merecen al menos una firma en un papel. Aunque tenga menos credibilidad que su promesa de que no va a pactar con el PSOE. Que tampoco iba a hacer presidente a Rajoy por la corrupción y luego le aprobó hasta los presupuestos. Así que por si acaso, acto sin preguntas y pies para qué os quiero que me vuelvo a Madrid.

No se había ni montado en el coche cuando el responsable económico del partido ya estaba celebrando que UPN por fin reconoce que el Convenio Económico ni es transparente ni solidario. “Se puede lograr un sistema justo si el cálculo es correcto. Eso no sucede aún. Con nuestro acuerdo, logramos el apoyo de UPN para esa posición”, apuntaba Luis Garicano, que por si habían quedado dudas remataba la faena a primera hora en la Cadena Ser. “Si hay reforma constitucional Ciudadanos defenderá la supresión del régimen foral”. Boom.

Garicano ya venía caliente porque Rivera le había intentado tangar las primarias en Castilla y León con una tránsfuga del PP. Y esto de comerse el Fuero en plena campaña de las europeas pues como que no le acaba de hacer mucha gracia, que Vox viene apretando tuercas.
Pero aquello sonaba a choteo. Así que UPN tubo que sacar rápidamente a los servicios de emergencia en forma de mensajes en Twitter en plan: Hey, que no es lo que parece. Hasta Ana Beltrán salió al paso a decir que todo el mundo tranquilo que ya se encarga ella de hacer frente al antiforalismo centralista. Incluso la cuadrilla que por aquí tiene Ciudadanos nos quiso convencer de que el jefe de Economía del partido y candidato en las elecciones europeas es un mindundi que no se entera de nada. “La opinión de Garicano no representa la posición de Ciudadanos”, ratificaron después los de UPN, que llevan una semana reinterpretándonos lo que de verdad piensan los líderes de Ciudadanos.

La cosa, claro, no ha quedado ahí. Porque a la peña por España no le ha gustado mucho el repentino foralismo de Rivera, que no hace ni cuatro meses andaba votando en contra de Cupo. Y como las encuestas les pintan un futuro más negro que a la pasarela del Labrit, ahora no hay acto en el que no salgan a decir en plan chulapo madrileño que los navarros pagamos poco pero que ya nos lo van a arreglar. Que si en su pacto con UPN han puesto que la aportación al Estado se tiene que negociar con “transparencia” y “lealtad” será por algo.

Porque lo que a Ciudadanos no se le puede negar estos días es coherencia, que todos sus dirigentes apuntan en la misma dirección. “Si los principios pactados con UPN se aplican efectivamente estaremos más cerca de la igualdad fiscal entre los españoles”, señala el responsable de política fiscal del partido, Francisco de la Torre. “Por primera vez se incluye en un acuerdo con UPN que el cálculo de la aportación que Navarra hace al Estado tiene que ser solidario. Eso nunca lo había hecho el PP”, celebra Rivera.

Son como ese amigo que viene a tu casa a cenar y que al acabar se pira pidiéndote que le pagues la gasolina que con la casa tan guapa que tienes seguro que te sobra el dinero. Y eso a la derecha navarra como que le da bastante igual. Que si le votaron a Del Burgo cuando andaba buscando ácido bórico en los trenes de Atocha no se van a asustar porque Rivera nos llame insolidarios. A fin de cuentas, el foralismo de UPN nunca ha sido otra cosa que un antivasquismo pintado de rojo, y ahí Ciudadanos ofrece pocas dudas de que si puede llevará al gulag a los vascos que tienen ocupado el Palacio de Navarra. Ya lo dijo Carlos Herrera en la Cadena Cope, “en Navarra los malos está muy claro quiénes son y están muy unidos”. Y no lo decía precisamente por el trifachito.

Si tendrán seguro que les van a votar de todas formas, que han puesto de candidato al militante Sergio Sayas, un chaval que lo mismo te valdría para el PP que para Ciudadanos si no fuera porque a los primeros les ha acusado de “mangonear en media España” y a los segundos de ser “más marketing que ideología”. Nos lo explicaba bien la liberal reconvertida al foralismo que encabeza la lista al Senado. Lo prioritario es “aglutinar el voto constitucionalista para echar a los nacionalistas del Gobierno”. Primero trincamos el poder y del programa ya si eso hablamos otro día.

Porque por muy centralista que sea Casado, por mucho que Rivera nos quiera subir la aportación y por mucha propuesta fascistoide que en su desesperación electoral puedan plantear de aquí a las elecciones, al final todos los votos irán a la misma urna. Y eso vale más que tener una ideología. Sobre todo si tus nuevos socios en Madrid te hacen el trabajo sucio. Que un agostazo no se cocina solo y vete tú a saber con quién acaba pactando Sánchez después de las elecciones.

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