Salvemos Vietnam

Inda, Casado y Rivera acuden al rescate de Esparza, dispuesto a sacrificar UPN para salvar a Navarra. Aunque igual es al revés

una de las ventajas de no tener ideología es que te puedes adaptar fácilmente a las circunstancias. Basta con ver la política de pactos de Pedro Sánchez o los fichajes electorales de Albert Rivera, que vino a regenerar la política y ha acabado reciclando políticos. Y algo ha debido aprender Javier Esparza de sus visitas a Madrid, que el Navarrísimo ha pasado de “defender con todas sus fuerzas el Fuero” porque Ciudadanos porque “lo quiere eliminar”, a irse con ellos de excursión electoral.

Porque Esparza de ideología no tendrá, pero de matemáticas sabe un rato y ha visto que la cosa no le pintaba precisamente bien en Navarra. Que cuatro rapaces picando en el mismo saco le auguraban un futuro bastante negro. Y una cosa es seguir en la oposición y otra que te dejen hacerlo con 13 escaños.

Porque así como la izquierda siempre ha tenido partidos y facciones capaces de discutir hasta por el color de un yogurt natural, la derecha siempre ha sido muy pragmática, sobre todo a la hora de votar, y con cuatro papeletas lo mismo la gente se hacía un lío. Que está acostumbrada a ir a las urnas después de recibir la homilía dominical. Y aunque el Anticristo ya saben quién es, distinguir al Salvador entre tanta bandera española se había convertido en un follón. Así que coalición por Navarra y que Viva España.

La cosa ha sido fácil. Ni siquiera han tenido que debatir el programa electoral, que eso luego no se lo lee nadie. Y como son todos primos-hermanos de Aznar, tampoco hace falta. Solo ha sido necesario un poco de generosidad y mucha mala memoria. Que el pasado está para olvidarlo y a partir de ahora van a ser todos foralistas de cuna. Todavía veremos a Albert Rivera decir que, en el fondo, él siempre ha sido un carlista de corazón.

Porque quién se acuerda ya de que Ciudadanos quería “eliminar el régimen fiscal de Navarra y la CAV”, o que todavía va diciendo por ahí que la aportación al Estado no es ni “razonable” y ni “transparente”. Que aquí hasta la mejor monja se tira un pedo y a ver qué partido no ha cuestionado alguna vez el régimen foral o ha pedido una recentralización de competencias. Miremos al futuro y pelillos a la mar. Se le firma un papel a Esparza y a correr, que Rivera es de fiar y será generoso con Navarra cuando le hagamos ministro de Hacienda.

Lo resumía bien el exconsejero Javier Marcotegui, que venía a pedir a los suyos que no se vuelvan locos con eso del Fuero y el régimen foral, que tampoco es para tanto. “Es cierto que algunas de sus declaraciones pretéritas podrían resultar incompatibles con la coalición que festejamos”. Pero el “deseo de eliminar el Convenio Económico” y “la relación bilateral Navarra-Estado” son para Marcotegui “cuestiones de rango inferior” a la que nos importa de verdad. Y que no es otra que la desaparición de Navarra “como sujeto político diferenciado”. Mucho mejor apartar estas minucias “en estos delicados momentos para encontrar un punto de encuentro”, que la ley D’Hont es “una trituradora de votos”. Así que a la mierda el régimen foral si con eso sacamos a los herejes del Gobierno. Que las demás comunidades serán más pobres pero al menos no hablan euskera.

Esto, por supuesto, es provisional. Ya lo dijo Casado en su visita relámpago a Pamplona: “No se dan las condiciones para transferir Tráfico a Navarra”. Ni para Tráfico ni para nada, claro. Y si acaso nos volvéis a preguntar cuando aprendáis a votar, que os lo hemos puesto fácil esta vez.

Porque mira si tienen mala idea Barkos y sus secuaces que para acabar con Navarra han conseguido que UPN pacte con quienes la quieren asimilar al resto de comunidades. Todo, claro, sería mucho más sencillo si los navarrísimos gobernasen en Navarra y los españolísimos en Madrid. El autogobierno sería guay, los de Institución Futuro serían gente feliz y las mujeres serían feministas liberales como las quiere Ciudadanos, acicaladas pero formales. Hasta Ana Beltrán sería ministra del Gobierno de España.

Esto último va en serio, que lo dice Eduardo Inda en la crónica de guerra que ha escrito tras su última visita a Alsasua. Un relato estremecedor a cuenta de la entrevista que se le ha ocurrido hacer en el bar Koxka a Pablo Casado, y que lleva por título Vuelta a Vietnam, lo que da una idea de por dónde va una película que viene ni que pintada al Apocalipsis Foral. Que empieza inventándose cosas como que todos los carteles de las carreteras están en euskera y que acaba relatando que “media hora más encerrados allí y tal vez no lo hubiéramos contado”.

Una intrigante y divertida novela de ficción sobre “el ser o no ser de la segunda nación más antigua de Europa”, que por lo visto es lo que nos jugamos aquí el próximo 26 de mayo. Y en la que Alsasua aparece como “un pueblo del Lejano Oeste” poblado por “basura humana que lleva la maldad escrita en la cara”. Jodidos charlies.

Pero tampoco nos vamos a poner exquisitos ahora. Si a Ciudadanos le perdonamos que se quiera cargar el régimen foral y a Casado que les quiera poner cofia a las mujeres, tampoco vamos a pedirle a Inda que cuente la verdad. Que Navarra será pequeña pero da para que muchos vivan del cuento. Aunque para ello haya que jubilar las siglas a UPN.

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