27
Mar 18

Realidades paralelas


La oposición mantiene su visión catastrofista de Navarra, aunque ello a veces le suponga caer en la contradicción, o que se le vean las mentirijillas

No es que sea algo nuevo. Entre otras cosas porque una de las gracias de la política moderna es ver al Gobierno y a la oposición tirarse los trastos en su interpretación de una realidad que, por lo general, suele estar bastante alejada de las visiones de parte. Y claro, Navarra no iba a ser menos. Aquí además se aliña todo con su correspondiente dosis diaria dramatismo. Que hay que mantener la esperanza catastrofista hasta el final, no vaya a ser que alguno piense que esto de que Navarra iba a desaparecer era solo de mentirijillas.

El problema que cuatro años se hacen muy largos y no es fácil estirar el chicle para que llegue a 2019. Sobre todo porque salvo el PSN, que lleva ya unos cuantos años haciendo la del perro del hortelano, la oposición en Navarra es nueva en esto de profetizar el cataclismo, y a veces se le va la mano.

Le pasó a la concejala de UPN en Pamplona, Ana Elizalde, que en toda una muestra de sensibilidad y de respeto calificó el homenaje que el Gobierno de Navarra dedicó a las víctimas del terrorismo como “el numerito de las flores”. Un “numerito” en el que participaron varias víctimas directas de ETA, con su dolor y su memoria, pero que por lo visto no hay que tenerlas muy en cuenta porque no están por la causa prioritaria en este momento, que no es otra que la vuelta de UPN al poder.

Que se lo digan si no al presidente de la AVT, que le ha caído la del pulpo por decir que en Navarra se estaba utilizando a las víctimas para hacer política. Tú que sabrás, vete a tu casa, cállate le han soltado entre unos y otros como si lo hubiera dicho en euskera. Que no es que lo hayan presionado como a los comerciantes de lo viejo, pero claro, visto el percal, como para volver por aquí en un tiempo.

Ocurre que en Navarra el poder es una cosa nominal, que se hereda como la sangre azul. Ya lo dijo el PSN, Navarra vive una “realidad política coyuntural”. Así que mejor que los nuevos no toquen nada que esto es nuestro y volvemos enseguida. “La mayoría del Parlamento no representa a la mayoría de la sociedad”, concluye el PP, que incluso considera que Barkos “no tiene legitimidad” para gobernar. UPN incluso ha encontrado la muletilla para definir todo lo que no le gusta: “Imposición”.

A partir de ahí, todo es posible. Se puede defender lo mismo y lo contrario porque, recuerden, aquí la razón es propiedad privada. “Algunos no entienden lo que es la libertad. Pero nadie nos va a intimidar y a echar de la calle en aquellos lugares donde entendemos que debemos estar”, decía Carlos García Adanero esta semana, molesto porque en la manifestación por unas pensiones dignas habían abucheado a miembros de UPN. “El Gobierno de Navarra se debería preguntar por qué se le pide que se vayan del acto. Tendrá que ver con las políticas que está llevando a cabo”, justificaba Javier Esparza cuando a quienes se expulsaban de un acto público en recuerdo a una víctima de ETA eran miembros del Gobierno.
No es que sea una incoherencia, es simplemente que en Navarra la oposición juega con una moneda con dos caras iguales. De esta forma, el PSN puede decir que al Gobierno foral “no le interesa completar el autogobierno de Navarra” porque no ha pedido las competencias pendientes, y al mismo tiempo denunciar el “nacionalismo” y la “demagogia” del Gobierno por pedir la gestión de las pensiones. O afirmar que el Ejecutivo de Barkos “no es de izquierdas” y luego poner de ejemplo la política fiscal pactada a iniciativa del PP en Euskadi. Hasta UPN puede pedir en un mismo día menos impuestos y más gasto, y reclamar en Madrid un aumento del 1,1% para las pensiones mínimas y criticar que en Navarra “solo” hayan subido un 1,8%.

EL PARTIDO DE LOS VALIENTES Al final, esto de la coherencia en política viene a ser como lo de cantar en un karaoke. Al principio da un poco de vergüenza, pero una vez que le coges el truco no hay manera de parar. Aunque cantes mal, o directamente des el cante. Que es lo que les pasa a los dos parlamentarios del PP, que se han subido al escenario y ahí andan peleándose por el micrófono a ver a quién se lo oye más. Y la cosa empieza ya a dar dentera.

Porque hace falta cuajo, o directamente un máster en la Universidad Rey Juan Carlos I, para salir esta semana a cuestionar la interinidad de los empleados públicos en la sanidad navarra. “Es una irresponsabilidad del consejero el alto nivel de temporalidad”, criticaba el viernes Javier García, que incluso pedía al Gobierno foral “una OPE suficiente y en condiciones”. A ver michico, ¡que es el PP el que ha prohibido sacar oposiciones los últimos seis años!

No queda claro si el tipo no sabe bien de lo que habla o es que simplemente suelta lo primero que se le ocurre. Porque este mismo parlamentario decía el lunes que a ver, que eso de separar los niños y niñas en escuelas diferentes “no es segregación”, que “la segregación es lo que se hace con los alumnos de euskera y castellano”.

Lo que tiene mérito es hacerlo además con esa dignidad y sin el menor signo de vergüenza, que para eso ya está la ajena. Así, por la mañana se denuncia “la reforma fiscal sanguinaria” y por la tarde se propone una ley para dar “1.200 euros por hijo” a las “madres trabajadoras”. Un porrón de millones que sabe Dios de dónde van a salir, y que además es para ellas. Que está muy bien eso de la igualdad pero los niños con su madre, que ya lo dice la ley divina.

Porque al final lo que importa es el ruido. Ir al Parlamento y hacerse el indignado. Y si es con el euskera, mejor. “Aquí no se entiende nada”, denunciaba Ana Beltrán en el Parlamento, molesta porque los formularios de matriculación escolar se han redactado en euskera y en castellano, y claro, así cualquiera se aclara. “Primero va el euskera y luego el castellano. No se entiende nada. Pone deitura, que es apellido. Lo sé porque está debajo. Es una auténtica ofensa”, afirmó Beltrán, mientras agitaba los papeles como si tuvieran gas sarín. Pero no, era mucho peor que eso. Iba escrito primero en euskera. Y eso, para el PP, “es la prueba de que el Gobierno lo impone en todo”.

Todo, por supuesto, con sus aspavientos, sus descalificativos y su soberbia habitual, que son también parte del show. Al principio llamaban la atención, luego pasaron a ser divertidos, ahora empiezan a aburrir. Posiblemente pronto ya nadie les hará caso. De hecho, la ultima encuesta les deja fuera del Parlamento. Suerte que en su lugar vendrán los ciudadanos de bien a animar la política foral. Que salvo por lo de acabar con el régimen foral y quitar el Convenio, con ellos Navarra no estará en riesgo. Solo hay que mirarlo con perspectiva.


20
Mar 18

Don Quijote de Navarra

Escena de la película «Don Quijote»

Idealista y valeroso, Julio Pomés es un héroe incomprendido. El líder de una resistencia empeñada en que parezca que Navarra se va al garete

Es el destino del héroe. Debe hacerlo. En soledad, muchas veces incomprendido, criticado, desconocido. Solo ante su deber, ante un cometido que le trasciende. Como Luke Skywalker en StarWars. Como Bruce Wayne en Batman. Como Neo en Matrix. Como Don Quijote de Navarra. Héroes que no quisieran serlo, pero que se ven obligados. Porque como le dijo Gandalf a Frodo en El Señor de los Anillos, no nos toca a nosotros decidir qué tiempo vivir, sólo podemos elegir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.

Y en Navarra es Julio Pomés quien se ha visto obligado a asumir la responsabilidad de salvar a Navarra de su Apocalipsis. “Os escribo a los pocos navarros que de verdad queréis una tierra viable y estáis dispuestos al sacrificio de financiarnos”, recoge la carta que el presidente de Civismo ha mandado a unos cuantos empresarios para que suelten la panoja. Que triste es pedir, pero más triste es robar. Y más triste todavía trincar comisiones a cambio de contratas para poder financiar la sede de tu partido.

Porque en Navarra, asume Pomés en ese momento de debilidad que tienen todos los grandes héroes, son “pocos” los que están dispuestos “al sacrificio”. Solo unos cuantos valientes listos a dar batalla y convencer al personal que el Gobierno nos lleva a la ruina. Porque no, no son molinos. La cosa no va bien. Navarra va camino de ser “una comunidad fallida” en medio de un “empobrecimiento estructural” perfectamente diseñado por los villanos que nos gobiernan, que pretenden “arruinar Navarra para que sea más proclive al rescate por Euskadi”.

Idealista y valeroso, defensor de las causas perdidas, Pomés es la punta de lanza de un resistencia empeñada en que Navarra no se vaya al garete. O de que al menos parezca que se va, que eso supuestamente da votos. No importa que las profecías luego no se cumplan. El héroe debe ser constante. Si un dato mensual sale malo, se exprime. Y si a final de año la cosa no ha ido tan mal como se esperaba, o resulta que ha ido mejor que en el entorno, se anuncia un nuevo cataclismo a otra cosa mariposa.

En esto además Pomés va de la mano de sus primos-hermanos de Institución Futuro, otra criatura dedicada a hacer informes que llegó a tener partida presupuestaria fija mientras pedía más recortes, y que destaca también por su buena opinión del Gobierno foral. “Nuestra región crecerá menos que el resto de España”, corroboraba en sus predicciones para 2017 su directora general, Ana Yerro. “El Ejecutivo foral está haciendo un daño económico irreparable. El empleo va a crecer por debajo de la media”, auguraba el presidente de Civismo hace algo más de un año.

Ni uno ni otro vaticinio se ha cumplido claro. Navarra ha crecido más que la media y es la primera comunidad que baja el paro del 10%. Se han creado más empresas de las que se han disuelto y la recaudación mejora por encima de las expectativas. Que no como para tirar cohetes, pero al menos la cosa pinta un poco mejor de como quisieran algunos.

Todo, por supuesto tiene una explicación. Y nadie mejor que Juan Luis Sánchez de Muniáin para comunicarla. Porque el portavoz de UPN en Economía aprendió mucho de números en el Consejo de Administración de Caja Navarra, donde apuró las horas más que la orquesta del Titanic. “Navarra ya no es lo que era”, proclama el exconsejero de Barcina. Y no porque se le hayan acabado las cesantías, no. Sino porque el Gobierno de Uxue Barkos “vive de las rentas”. Se supone que de las de UPN, que como todo el mundo sabe dejó la hucha bien llena y las cuentas ordenadas.

Muniáin, que lleva dos años cuestionando los datos que aporta el Departamento de Hacienda porque “no tiene credibilidad”, admite ahora que la mejoría de la economía y del empleo “es incontestable”. Pero claro, el mérito es de Rajoy, de la misma forma que las penurias del pasado no eran culpa de UPN. Nosotros lo hicimos bien pero no se notó, y estos lo hacen mal aunque no lo parezca, nos viene a decir el responsable económico de los regionalistas.

El empeño en cualquier caso resulta conmovedor. Porque es que encima son gafes. Que Civismo anuncia una “pésima recaudación tributaria”, resulta que los ingresos suben un 13%. Que Pomés alerta de las consecuencias de una “quita unilateral de 93 millones de la Aportación al Estado”, va y el Ejecutivo foral firma un acuerdo con el Gobierno del PP para que le devuelva 215 millones. Que Yerro alerta del “incremento del déficit público y la consiguiente deuda en 2018”, pues se encuentran con superávit y el primer ejercicio sin endeudamiento en diez años. Por fastidiar.

Para este año nos han anunciado además que “Navarra camina, sin saberlo, hacia su integración en el País Vasco, porque, autónoma, no será económicamente sostenible”. Y que “el panorama, al contrario que el resto de España, no es bueno”. Así que parece buen momento para jugarse los cuartos en bolsa. O para invertir en el informe de Pomés, aunque solo sea por verlo pelearse con los gigantes. Que hasta Don Quijote a veces necesita ayuda. Y dinero, que hay que darle de comer a Rocinante.


13
Mar 18

Que vienen las vascas


La gran movilización del 8-M ha pillado a contrapié a UPN y PP, que ahora intentan explicar que hay un feminismo malo y uno bueno. El suyo.

Seguramente todo el mundo se echaría las manos a la cabeza si alguien dijera que las políticas de igualdad son un despilfarro, que apoyando a la mujer se discrimina a los hombres o que las empresas contratan a mujeres por miedo al Gobierno de Navarra. Afirmaciones que UPN, PSN y PP han formulado esta semana, solo que en contra las políticas de apoyo euskera.

Al socialista Carlos Gimeno, por ejemplo, le parece “discriminatorio” que se exija un dominio mínimo del idioma para participar en unas jornadas de inmersión lingüística en euskera. Mientras que Javier Esparza cree que “hay gente en Navarra que está aprendiendo euskera por miedo y contra su voluntad, para no ser señalado y apartado” por el Gobierno. Que por todos es sabido que en esta Navarra del cambio si no hablas euskera te quitan la casa y te mandan a un campo de concentración. Mientras que el inglés, mucho más arraigado en esta tierra, se aprende por puro placer carnal.

Por algún motivo, el tripartito de la oposición cree que azuzar el miedo al euskera es la mejor forma de atacar al Gobierno foral. Así que se han metido en una competición de a ver quién vomita más bilis, y para eso cualquier excusa vale. El problema para socialistas y regionalistas es que el PP que ha convertido en una costumbre semanal esto de ciscarse en los navarros que no le gustan, y a ese nivel es difícil competir por mucho que te dejes arrastrar.

Esta vez le ha tocado a Soziolinguistika Klusterra, que ha realizado un estudio sobre el uso de la lengua. Resulta que en sus conclusiones decía que el uso habitual es del 6,7% de la población, lo que para el PP entra en colisión con el conocimiento del idioma, que según el Gobierno duplica esa cifra. Dos conceptos (conocimiento y uso cotidiano en un entorno donde el castellano es la lengua predominante) que se han mezclado en la cabeza de Beltrán, llevándola al borde de la explosión.

Así que la presidenta del PP montó su particular performance el viernes con una intervención insuperable en cuanto a mala educación, insolencia e ignorancia. “Me parece una falta de respeto que vengan a este Parlamento, a una zona donde el euskera no es oficial, a hablarnos en euskera. Porque la mayoría no lo conocemos, no lo usamos y no les hemos entendido, aunque tengamos traductores”, les soltó sin complejo Beltrán, que acusó a los comparecientes, expertos en euskera invitados por el Parlamento, de hablar utilizando el idioma solo “para molestar” y como “arma arrojadiza”. “Y ahora me voy porque no quiero oír sus explicaciones”, zanjó para abandonar la sala en medio de la vergüenza ajena.
Seguramente la líder popular se habrá sentido orgullosa de una actuación que ahora circula por las redes sociales. Que para eso es la más valiente. Además, para lo que queda en el convento, que más dará. Es posible además que considere que este alarde de odio hacia el euskera y los euskaldunes sea la mejor forma de ganar votos. Que la miseria humana a veces es sorprendente y muy osada.

EL DEMONIO ROJO Beltrán es al euskera algo así como el obispo José Ignacio Munilla a las mujeres. Porque oye, hay que ser valiente para vincular, en plena movilización social, el feminismo con el “demonio”. “El feminismo radical o de género es el demonio que ha metido un gol a la dignidad de la mujer”, decía el prelado esta semana en la radio. Algo en lo que por supuesto ha contado con el aplauso de ilustres de la derecha foral como el diputado de UPN Carlos Salvador, prueba de lo incómodos que se han sentido algunos estos días a cuenta de la huelga feminista.

Porque en realidad no ha quedado claro si algunos apoyaban o no la movilización del día 8. La confusión ha sido tal que uno de UPN hasta se compró un delantal para ir al Parlamento a decir que él también usa delantal, y que le parecía una tontería que se pusiera la mandarra como símbolo femenino. Y aunque este tipo de pancartismo puede parecer friki, al menos sirve para llamar la atención. Que tal y como está la cosa no es poco.

Al final, a quienes empezaron diciendo que “el feminismo es una etiqueta que no me gusta” (Dolors Montserrat) y que el área de Igualdad de Pamplona se ha convertido “en el área feminista y nos excluye a las no feministas” (Ana Elizalde), no les ha quedado más remedio que recular visto el éxito de la convocatoria. Y ahí que han salido diciendo que vale, que está bien, que “nosotras también somos feministas”, pero que hay un feminismo malo y uno bueno.

El suyo, claro, es el bueno. Como el de Munilla. Y el malo, “el que recorre las calles con pasamontañas y antorchas al más puro estilo Ku Klux Klan”, que es, como todo el mundo sabe, lo que hacen las feministas de izquierdas los sábados por la noche en Pamplona cuando salen a la caza del hombre. “Hay una parte del feminismo que se ha radicalizado y mucho”, lamentaba María García Barberena, portavoz regionalista para la causa feminista, que considera que “las mujeres no somos víctimas de la sociedad”. Que podríamos estar peor y este ruido no nos interesa.

Por lo visto, el machismo es un invento y las 150.000 denuncias anuales por violencia de género una anécdota coyuntural. Así que, para Barberena, lo mejor es resignarse y esperar a que “las instituciones adopten medidas profundas, que son costosas y difíciles de implantar”. Y mientras tanto, “dejarnos de fuegos de artificio”. Que eso de manifestarte con rojos y feministas te manda al infierno seguro. Porque solo hay una cosa peor que que vengan los vascos: que vengan las vascas.


06
Mar 18

Valientes y sin complejos

En el cuatripartito de la oposición compiten por ver quién dice la mayor contra el gobierno foral, aun a riesgo de caer en el ridículo

Dice Amelia Salanueva que se va al PP porque allí son más valientes que en UPN. Y eso es lo más injusto que se ha dicho por aquí en mucho tiempo. ¿O es que no es de valientes pegarte una hora y pico de conferencia criticando al Gobierno sin plantear una sola propuesta, eh? ¿Y advertirle al PP de que no tolerarás que reconozca el derecho de autodeterminación de Euskadi? Para que luego digan que Esparza es un tibio.

Suerte para España que está UPN para garantizar la unidad constitucional. “Votaremos en contra de los presupuestos del PP si acepta saltarse la Constitución”, anunciaba esta semana en Madrid el diputado de UPN que, por lo visto, está preocupado porque el PNV y el PP puedan pactar la independencia de Euskadi a cambio de los presupuestos.

Palabras de Íñigo Alli en la dura entrevista que le hicieron en La Noche,programa del canal informativo en la televisión pública española que destaca por su gran pluralidad de voces y análisis. Allí estaba por ejemplo Carlos Dávila, que tras pasar por algunos de los medios más extremos del país ejerce ahora de analista de la situación política. Y que en el caso de Navarra ha llegado a la conclusión de que lo de Cataluña es un juego de niños.

“La grave situación de Cataluña nubla cualquier otro asunto. Pero lo de Navarra es una euskaldunización. Se está causando una vasconización sin que la gente se dé cuenta del peligro”, alertaba Dávila al conjunto de los españoles de bien. “Ha hecho un gran diagnóstico”, replicaba Alli en un diálogo que iba subiendo de grado por momentos. –A que es verdad que son muy malos. -Sí tío. -Y que se comen a los niños. -Que sí, que sí. -Y que España se rompe por Navarra. -La has clavao, macho.

Total, que Iñigo Alli fue a la tele a hablar de los problemas de la gente y acabó enredado en el Apocalipsis y advirtiendo a los espectadores de que en Navarra gobiernan los “marxistas, comunistas y abertzales”. Un drama que duró hasta que el director del programa decidió que ya era hora de volver a hablar Cataluña.

PERDIDO EN LA VILLAVESA Porque no es fácil hacerle sombra al monotema catalán. Esta semana solo lo ha conseguido un dirigente de Ciudadanos, al que el otro día se le ocurrió denunciar que en una de las villavesas de la línea 6 ponía el destino en euskera. “Los letreros, bilingües o en castellano!”, alertaba en las redes sociales Fernando Sesma que, por lo visto, o no entendía el significado de Unibertsitate Publikoa o le da urticaria verlo en euskera.

El problema, según explicó después su partido, era que el rótulo estaba estropeado y llevaba dos días sin alternar euskera-castellano como hacen el resto de autobuses urbanos. Una tropelía, vamos. Y un ejemplo más de la imposición del euskera.

Resulta que la denuncia se ha hecho viral, y no precisamente para bien Sesma, que ha acabado siendo pasto de la mofa de los usuarios de Twitter, que se han partido la caja un buen rato a su costa. “Que pongan el letrero en euskera pase, pero que no traduzcan el 6…” ironizaba una de ellas.

Ya se sabe que quien no arriesga no gana, y a veces hay que forzar un poco la cosa. Por ejemplo, Carlos Gimeno, el parlamentario gruñón del PSN, ha salido el paso estos días para decir que la política educativa de UPN la pasada legislatura era mejor que la actual. Lo que da una idea de lo fácil que se olvidan los recortes, o las ganas que tienen algunos de recuperar las viejas alianzas de las que ahora dicen renegar.

Al final, la cosa se acaba convirtiendo siempre en ver quién dice la mayor. Y ahí el más valiente, el único capaz de eclipsar al beltranismo es Sergio Sayas, una de la figuras políticas con menos escrúpulos en la historia reciente de Navarra. Que lo mismo da lecciones de seguridad vial que culpa al consejero de Salud de la muerte de un paciente de legionela. Capaz incluso de poner en riesgo la credibilidad del sistema sanitario a golpe de alarmismo.

No queda claro si todo es parte de una estrategia premeditada para darle fuego al chaparral o simplemente que el personal busca hacer méritos para ganarse un sitio la próxima legislatura. Que si la cosa no cambia mucho, para algunos pintan bastos. Por muy “experto en sector público” que recoja en el currículum.