Trumpismo con boina

La política americana llega al debate electoral. Pocos argumentos, acusaciones infantiles y veto a los medios críticos para amenizar una campaña de cartón piedra

Aquién no le ha pasado alguna vez. Te empeñas tanto en pedir algo creyendo que no va a ocurrir, que cuando pasa se te queda la sonrisa más falsa que el foralismo de Ciudadanos. No hay más que ver la cara de cartón piedra que llevan estos días Albert Rivera y Pablo Casado, que hace dos meses andaban agitando las bandera en la plaza de Colón al grito de “Sánchez traidor, convoca elecciones”, y ahora que se acercan las urnas se esconden debajo de la mesa cada vez que oyen llegar una encuesta electoral.

Los Zipi y Zape de la derecha española andan a la desesperada por las plazas de España asustando al personal intentando que no se les desmorone esa falsa realidad paralela en la que Otegi manda más que el Banco Santander, España va camino de la destrucción por culpa del golpe de Estado catalán y el PSOE es un partido de izquierdas. “Si votáis a Sánchez tendremos un Gobierno con Pablo Iglesias de ministro del Interior, con Puigdemont de ministro de Exteriores, con Torra de ministro de Administraciones Territoriales y con Otegi de ministro de Justicia”, avisa Casado. “Sánchez es un peligro para la democracia y para España. Votar a Sánchez es votar de nuevo a un Gobierno Frankenstein con los populistas, los separatistas y los amigos de Otegi”, responde Rivera.

Todo muy loco, la verdad. Pero es que a la fuerza de huir para adelante se nos está quedando una derecha por la que soñarían Bertín Osborne y el difunto Jesús Gil. Cada una por su lado pero todas agitando banderas por aquí y por allá y sin más programa que el A por ellos oé, Que Viva España y Soy el Novio de la Muerte. La fiesta de la democracia y un plan cojonudo para remontar en las encuestas si no fuera porque nadie enseña mejor los pelos del pecho que Santiago Abascal. Que desde que lo subieron al escenario de Colón va por ahí en caballo presentándose como el líder de un “movimiento patriótico de salvamento de la unidad nacional”. Y a ver quién compite con eso.

Intentar lo intentan, claro. Ciudadanos ha optado por visitar pueblos donde no les vota nadie para ver si les insultan o algo, que eso suele dar votos si te sacan en la tele. Y como la cosa va de hacerse el duro con los nacionalistas vascos y catalanes, mandan a Inés Arrimadas a los debates para que le diga a Gabriel Rufián Mira, chaval, que te meto.

Los del PP son más pragmáticos. En sus mítines piden a los asistentes que se imaginen que son asesinados de ETA, a ver si así convencen a los indecisos. “Aquí hay más de 1.000 personas. Pues la banda terrorista ha matado a 800. ¿Os imagináis que sois vosotros?”, soltó el otro día Casado en Galicia en lo que debe ser algún nuevo tipo de terapia electoral colectiva. Y todo porque, según dijo, “los etarras nunca han mandado tanto en España”, y Sánchez “prefiere las manos manchadas de sangre a manos pintadas de blanco”. Ética política en estado puro.

En Navarra, por supuesto, no íbamos a ser menos, que para eso se han juntado todas las derechas en una y han puesto de candidato a un estadista como Sergio Sayas, que tiene un máster y es de los de verdad, no como los de Aravaca de Pablo Casado. Y es el único capaz de llamar un día chorizos a los del PP y antinavarros a los de Ciudadanos, y abrazarse después a todos ellos como si fueran íntimos de toda la vida.

Dispuesto además a ponerse chulito con la prensa diciendo que él no da entrevistas porque le manipulan sus palabras. Como si las meteduras de pata del candidato no vinieran ya de serie, que ejemplos hay muchos. Pero oye, entre decir que no das entrevistas por miedo a cagarla o ponerte farruco con la prensa, el trumpismo con boina que se ha apoderado de la derecha española tiene claro qué hacer.

Tampoco iba a ser menos Javier Esparza, que se montó junto a la Estatua de los Fueros un acto-mitin-contraprogramación del Aberri Eguna para hacerse el macho ibérico con los nacionalistas. Allí, junto a una bandera de Navarra gigante, soltó una frase para la Historia que zanjará para siempre el eterno debate territorial español: “Otegi, eres español porque lo pone en tu DNI”. Toma, jódete Arnaldo.

Otegi se rio después, recordándole que sí, que su DNI es español pero que tiene fecha de caducidad. Pero para entonces Esparza ya tenía su titular trifrachito. Porque en estos tiempos de consumo rápido de noticias la derecha ha optado por dejar de lado los argumentos y tirar de fuegos de artificio: arrogancia, mucho ruido y desprecio a quien te lleve la contraria. No necesitan mucho más.

Así que si para Casado votar a Sánchez es votar a Bildu, para Esparza votar a Barkos es apoyar directamente a ETA. Porque “Bildu, Geroa, el PNV, Otegi, Barkos, Araiz y el jefe de ETA quieren lo mismo, una Navarra arrodillada ante Euskadi”. Todo para no hablar de que Ciudadanos quiere laminar el régimen foral, y que Rivera lo ha puesto en su programa. ¿Rivera? ¿Quién es Rivera? Dame otra bandera.

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