Capitán de las sardinas

A la derecha, valiente y vigorosa para defender España, le tiemblan las garrillas cuando le toca dar explicaciones

Por algún motivo los partidos negocian siempre sus coaliciones a peso. Tantos votos yo, tantos escaños tú. Repartimos y a correr. Luego vienen los problemas, pero para entonces el pescado está vendido y solo queda sobrevivir al día a día. Lo que generalmente suele ser más fácil en el Gobierno que en la oposición.

Que se lo digan a UPN, PP y Ciudadanos, que ahí andan con sus equilibrios y sus contradicciones a ver si el chiringuito no se les desmonta antes de las elecciones. Con los escaños en la mano Dios dirá. Pero sin programa y con una dirección de campaña con el criterio político de Bertín Osborne no queda otra que hacer piña hasta entonces. Sonreír mucho y proclamar los males de cuatro años más con los herejes en el Gobierno foral. Que si a eso le sumas que Pedro Sánchez puede seguir en La Moncloa, España lo mismo acaba con Alsasua de capital.

Así que para evitarlo Sergio Sayas y Ruth Goñi andan recorriendo los pueblos de Navarra proclamando las 10 plagas, acompañados por figuras emergentes de la política local como Amelia Salanueva o Alberto Catalán. De vez en cuando se les apega Ana Beltrán, a la que se querían quitar de encima mandándola a Madrid, pero que reaparece para denunciar “la Batasunización de España” si su partido no gana las elecciones. Que vuelve la etaaaa.

Ayer se fueron a Bera, que la campaña también sirve para descubrir tierras nuevas y Navarra es “muy diversa”, con sus “tradiciones, sus expresiones culturales” y esas cosas. Hasta se dieron un paseo por el pueblo aprovechando el buen tiempo en plan -Anda mira, un ser autóctono que habla vasco. -Que majo, ¿se puede tocar o muerde? -Pues no sé, pero ten cuidado que lleva botas de monte y seguro que es batasuno. -¿El vascuence se contagia?

Muy tierno todo.

Luego, claro, se pusieron serios, y proclamaron que ya vale de tanto “enfrentar el Norte con el Sur”, que Navarra es una y no 51. Lo que tiene su gracia después de decir en Tudela que allí están abandonados, que el Gobierno los “maltrata” y que desde Pamplona les están “tomando el pelo”. Y de presentar a sus candidatos diciendo que “el nacionalismo no tiene cabida en Navarra”, que aquí cabemos todos menos los que no piensan como yo.

Total, que como en Bera no les vota casi nadie, se subieron con el atril a decir que allí “hay miedo y falta libertad”. Pero no pasa nada, porque esta gente la libertad te la consigue rápidamente prohibiendo la educación en euskera y cambiándote a la Policía Foral por la Guardia Civil, por citar dos de las propuestas con las que Pablo Casado y Albert Rivera quieren democratizar España. Que con este rollo de siglas no está claro cuál de los dos es el candidato de la terna foral a La Moncloa.

Al final, entre que era Domingo de Ramos y que la gente está a otras cosas los del pueblo pasaron bastante del asunto. Así que no les quedó otra que recoger los bártulos y salir con su cruzada a poner un tuit en otro lado. Porque estas cosas si las haces las tienes que hacer bien. O te buscas algún sitio con una pintada de ETA para la ocasión como hacía Barcina, o recurres al método Rivera, que consiste en ir a un pueblo donde no te votan a chulear al personal a ver si te insultan y puedes salir un rato en la tele.

Pero sobre todo tienes que hablar mucho y mal de los demás. Y para eso lo mismo te vale Sánchez, el cuatripartito o el PNV, que suele ser un comodín más recurrido que la transitoria cuarta. Porque si llevas toda la legislatura diciendo que Navarra va a desaparecer por culpa de los vascos tampoco te vas a cortar ahora. “Hasta aquí han llegado su prepotencia, sus intromisiones y sus desprecios a Navarra”, proclama estos días Esparza porque los del PNV han dicho que van a defender en Madrid el Convenio Económico.

Es para lo que nos ha quedado UPN. 40 años vendiendo foralismo para terminar sin marca propia y pidiendo el voto para un partido que todos los días dice que el régimen foral es un privilegio opaco e insolidario, y que hay que pagar más a Madrid. Suerte que eso, como lo dice con una bandera española en la mano, ni es prepotencia, ni un desprecio ni una intromisión en Navarra.

Así que no es de extrañar que después de cuatro años como pollo sin cabeza anunciando el fin de Navarra, sus candidatos hayan acabado escondidos debajo de la mesa rezando para que no les pregunten nada. Porque para ir por los pueblos llamando terrorista a la gente se apunta cualquiera, pero las entrevistas les dan más miedo que un nublao. Que les pides que te expliquen su modelo territorial y lo mismo acaban con un esguince en la lengua. A ver si hay suerte y la campaña pasa rápido, que Rivera está muy nervioso y amenaza lluvia.

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