Historias de Año Nuevo

El nivel de extravagancias y epopeyas que ha dejado 2018 no será fácil de superar. Pero 2019 es año electoral, y empieza fuerte

Arranca 2019 con el listón muy alto. Porque en el año que se ha ido se han soltado muchas majaderías, pero ahí que el último minuto, a punto de pitar el final, llegó Pablo Casado a romper todas las barreras. Porque hay que tener jeta para venir a Pamplona a decirnos cómo hay que defender Navarra, y hacerlo hablando de “comunidad autónoma”. Que tampoco es que importe mucho, la verdad, que cada uno llama a las cosas como quiere. Pero es un poco como de vergüenza ajena.

Porque nos han contado muchos cuentos este último año, pero pocos con el dramatismo y la sobreactuación con la que Casado relataba estas Navidades su dura experiencia los pasados Sanfermines en la plaza Mayor de Pamplona, que es como el líder del PP ha rebautizado a la plaza del Ayuntamiento. “Llegamos a la plaza Mayor, como a esa Varsovia en la que no podías salir de tus calles. Empezaron a llamarse, a salir de las terrazas, a crear un auténtico tumulto a nuestro alrededor. A los cinco minutos una jauría de energúmenos vino a insultarnos, a tirarnos vasos, a coger los palos de las sombrillas para intentar pegarnos”.

Una historia de terror propia de una película mala. Y sobre todo una trola de caballo, bastante fácil de comprobar además. Así que cualquiera se fía de lo que luego Casado va contando por ahí, que todos los días sale en la tele con algún capítulo nuevo. Algo que a él pues tampoco es que le importe mucho. Porque a un tío que se sacar un máster sin ir a clase y fingiendo hacer trabajos que no hace, bastante le preocupa si la gente se cree sus milongas o no. Se trata simplemente de montar el show.

Los del PP son en realidad como un jabalí herido. Puro instinto de supervivencia. Y para eso es fundamental echarle cinismo al asunto. Ahí está por ejemplo el senador José Cruz Pérez Lapazarán, que esta semana nos daba una lección de Economía para intentarnos convencer de que aumentar el gasto público es malo. “Supondrá menor crecimiento, incremento del déficit, mayor deuda, mayor paro y cifras escalofriantes de deuda que deberían amortizar futuras generaciones”. El puto caos.

Que a lo mejor tiene razón, y en algún universo paralelo los recortes mejoraron la economía. Pero no por eso deja de ser un cuento para justificar que por joderle los presupuestos a Pedro Sánchez han dejado a Navarra sin 30 millones de capacidad de gasto. Porque además, tiene gracia que lo diga el mismo partido que ha llevado la deuda española a su máximo histórico, que se ha fumado la hucha de las pensiones como si fuera un puro de Rajoy, y que ha incumplido el déficit todas las veces que ha podido. Y que encima ahora va con las cacerolas por la calle pidiendo al Gobierno foral que devuelva los 35 millones del IRPF de la maternidad. Eso en la calculadora de Lapazarán ni incrementa el déficit ni aumenta la deuda.

Éxitos de temporada Resulta que a la derecha le ha dado ahora por preocuparse por la deuda y gasto público. Que como los que gobiernan no son colegas, pues ya no les gusta cómo se reparte el dinero. Ni en Madrid ni aquí. Ahí anda por ejemplo el jefe de la patronal navarra diciendo que a lo mejor gastamos mucho en médicos y profesores y poco en cemento. El pobre, además, va a tener que seguir al frente de la CEN porque no hay ningún candidato con su “peso, experiencia y capacidad”. Ha sido sin duda el cuento más dramático de la temporada.

En la sección de humor ha triunfado Sergio Sayas, que al Año Nuevo le ha pedido un “Gobierno de UPN para Navarra”. Que es lo que hay que pedir en estos casos. Ni salud ni pepinillos en vinagre. Que me toque el gordo.

Mientras que en ficción el aplauso se lo ha llevado Revuelta de Frenopático, una intrigante obra protagonizada por los tránsfugas de Podemos, atrincherados en su despacho del Parlamento con un chaleco explosivo que amenazan con estallar si no les dan el dinero. Mañana sol y buen tiempo, exige Don Vito Couso a cambio de los rehenes.

Hay sin embargo clásicos que triunfan siempre. Historias para no dormir como la de que “Navarra se juega en mayo su existencia como comunidad autónoma diferenciada” con la que Julio Pomés intenta meter miedo a los niños, a ver si así María Chivite les da el Gobierno. “En esta hora crucial, esta dirigente tiene en su mano elegir que el PSN sirva a nuestra región y a España, por encima de los intereses del sanchismo”, advierte Pomés, que ha puesto al líder socialista en la estantería junto a Cruella De Vil, Hannibal Lecter y el cazador que mató a la madre de Bambi.

Afortunadamente, para rebajar la tensión política hemos tenido nuestra dosis de romance gracias a la historia de amor, o más bien de desamor, entre Ana Beltrán y Javier Esparza, con la líder del PP jurando fidelidad eterna y sollozando por las esquinas porque UPN le ha dicho contigo no bicho, que nada de coaliciones a ver si nos van a ver juntos por ahí.

Porque Javier no está para estas cosas, encadenado como anda al peaje de la AP-15. Pidió la autopista gratis y los Reyes le han dicho que vale, pero que hay que pagar el IVA. Y claro, ni en UPN y en el PP entienden esa manía que tienen los de Hacienda con cobrar impuestos. Con lo fácil que es hacer la vista gorda con los amigos. Pero no. Al final, habrá que archivar lo de la gratuidad de la AP-15 en la sección de cuentos chinos, con los 3.000 millones del TAV que el PP iba a dar a Navarra, las prejubilaciones de Volkswagen y los 65.000 puestos de trabajo que iba a crear el Plan Navarra 2012.

Enero ha empezado fuerte. Este además es año electoral, y eso siempre se nota. Esperemos que al menos entre todos vayan renovando el catálogo, que aquí ni Navarra desaparece, ni la economía se ha hundido, ni hablamos todos en bárbaro. Y una cosa es incidir en el mensaje y otra aburrir al personal. Que le pongan gracia al menos.

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