Naúfrago


A la soledad

Soledad, eres un escalofrío que me arropas cuando no hay nadie, de ti siempre intento escapar pero tampoco puedo vivir sin tu presencia. Eres ahogo, sentimiento, libertad, nostalgia, necesidad, pena y gloria.

Soledad, eres importante para recordar que cualquier tiempo pasado pudo ser mejor, pero también para advertirme que puedo estar equivocado.
Eterna compañera de viaje, tristeza y pena es lo que me vendes. Poseedora de llaves de cristal abres la puerta del recuerdo en donde habitan los fantasmas del ayer con sonrisas de acogida. Aguardas detrás de un espejo transparente en el que apenas me reflejo y observándome haces del presente una incertidumbre. Confieso que igualmente en momentos de victoria y satisfacción necesito dialogar contigo en silencio, compartiendo nuestro triunfo por pequeño que sea, me reconforta tu reflexión ese apoyo apenas un momento.

Planto la semilla de esperanza que no acaba de dar su fruto. Árbol de ilusión que se está muriendo esperando la llegada de agua que lo refresque.
En tu rostro veo sin piedad amigos que se divisan en el horizonte del pasado, cada vez más lejos. Simplemente es el camino que dicta el ritmo de la vida, sin embargo estoy tranquilo, estoy bien, porque siempre queda un jardín habitado por las flores de la alegría que hace que valga la pena seguir adelante.

Por cada amanecer, por cada nacimiento, por cada emoción; por la brisa acariciando mi rostro, o la mirada sincera de un niño. Por eso sé que nunca estaré solo, porque tú me harás compañía .

Soledad, bonito nombre para una compañera.

3 comentarios sobre “Naúfrago”

  1. Siento la intromisión apreciado Marco, pero me debía a mí mismo y a tí, el hecho de dar una explicación de por qué no escribía en los últimos tiempos.

    Bien, lo acabo de hacer: he escrito un «post» de temas más ingratos que el fantástico platónico cine. Así, al menos, te he dedicado en dicho escrito un Post Scriptum para explicar a los demás apreciados lectores también, qué había ocurrido. Y a tí, sobre todo a tí, las voces que en mi mente resuenan de un doblaje acertado -creo- que tanto recuerdos me traen de nuestro querido Paul Newman 🙁

    Aquí abajo te «pego» dicha nota:

    P.S.: Pido disculpas por no haber escrito antes: hay razones para ello. Amigo Marco, cuánto me he acordado de ti…el pasado día 12 de agosto murió mi padre teniendo que volverme desde muy lejos y una película me ha rondado la mente porque siempre me recordará a su nervio y fuerza de voluntad: es el Paul Newman de «La leyenda del indomable«, donde al echar la brea convence a todos los convictos a trabajar más rápido y acabar antes, alucinando así a sus captores. Esos gritos de «¡Eah», ¡venga!, ¡así, otra más, eah!», gritos de ánimo que mi padre soltaba en sus innumerables y larguísimas caminatas a quien le acompañara por este sendero que es la vida.

  2. 😥 😥 Vaya… Amigo, me dejas impactado, lo siento muchísimo. Un abrazo enorme, el embreado de aquella carretera secundaria en el calor de un atardecer sediento, sediento de vida, de fuerza, de optimismo, siempre adelante Luke, siempre adelante y sonriendo, alentando a los demás con el carisma que solo la leyenda puede soportar, la leyenda del indomable, «casualmente» mi película preferida. Un beso al cielo para tu padre querido amigo, allí sigue su camino, te lo aseguro quedan muchas carreteras más por asfaltar y seguir hasta el final, siempre hasta el final. Y cuando terminemos ¿qué hacemos Luke? Nada, descansar; descansar y sonreir.

  3. Muchísimas gracias apreciado Marco : un placer poder contar con este rincón hecho de cine y poesía y, sobre todo, dedicación. ¿Cómo darte más las gracias? Creo que viendo dicha película después de trabajar. Será difífcil en el momento que te he descrito, pero merecerá la pena. Carpe diem, Marco, carpe diem.

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