Jess Franco


Sexual, dinámico y efectivo, 200 películas para la incompresión de un país en la mochila de rural celuloide, Roger Corman enmudeció ante este rey midas de ingenio y precisión que siempre hizo lo que quiso, la libertad en la mano de una cámara de terroríficas intenciones con el sello de su humor, el Peckinpah del horror puso la mayúscula en su serie B. Coronó al videoclub estadounidense como una necesidad de ocio y arte. Dicen que tocaba el piano rodeado de libros de derecho torcido y que escribía novelas baratas para regalarnos el más caro de sus secretos, un tal David Khunne, bajo la tenue luz de un club de jazz meditaba sobre la partitura de su vanalidad mas reflexiva. A Paris escapó de su homólogo apellido y antítesis total para dar rienda suelta a su libertad de mordaza y censura. Y lo consiguió, Jess tuvo la compañía del gigante Bardem para aprender un CINE con mayúsculas, y trazó caligrafía de grueso trazo y delicadas formas de femeninas visiones, transformó la cultura de la imágen en pechos desnudos de ambición. Eso era amor al arte en la provocación francesa de una dama de revolucionario estandarte. Recibió la presencia de Orson Welles, saturó el mercado que le obligó a incómodos pseudónimos de graciosa presencia… por encima del bien y del mal, alocadas ideas que eran el gérmen de su mítica figura solo reservado para el futuro presente de Goyas justos y solemnes, ahí, en el trono de ruedas de uno de los reyes del Terror.

Sus Howard Vernon, Antonio Mayans, Christopher Lee, Klaus Kinski, Jean Servais, Santiago Segura, Fernando Fernán Gómez y Aldo Sambrell. O musas cautivas como Diana Lorys, Elisa Montés, Maria Rohm, Soledad Miranda y Lina Romay. Su amor de presencia sublime en la niebla de vampiros angelicales.

«El extraño viaje» de su carrera marca la paradoja de su genialidad,

Jess Franco, inolvidable

Un comentario sobre “Jess Franco”

  1. Jess recogió su Goya de Honor con emoción contenida mientras el público, en pie, le aplaudía a rabiar. El inclasificable director, admirado en el extranjero, estuvo al borde de las lágrimas cuando citó a Juan Antonio Bardem, la persona que hizo que se enamorara del cine.También brindó su galardón a Lina, su musa y compañera desde hace 40 años. Por último, dió gracias a la Cinemateca de París,lugar que le acogió y en el que pudo ver todas las películas que el franquismo le robó.Un merecidísimo Goya.
    Abrazos Marco. 😀 😀 😀

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