Harry el sucio.


Harry es un hombre fuera de su tiempo, solitario pistolero urbano y justiciero de métodos poco ortodoxos.
Aunque cambie el poncho por un traje y el revolver por una Mágnum 44, Harry es una coherente progresión de ‘El hombre sin nombre’, un ser que ha aprendido a sobrevivir tras una coraza protectora. El mundo de Callahan es un lugar difícil —La jungla humana a la que hace referencia otra cinta del tándem Siegel-Eastwood—, donde un error puede llevarte al hospital o a la tumba y la única forma de comunicación es la violencia.

En un escenario así, metáfora de unos años en los que el sueño americano vivía las horas más bajas de su historia, los enemigos de Harry sólo podían ser criaturas tan solitarias y disfuncionales como él. En este caso, el villano de la función es Escorpión, un despiadado sociópata que traerá de cabeza al inspector de Los Ángeles y cuya única motivación es la pura maldad.

Duro y frío como el hielo, pero con un poso de héroe vengador por los cuatro costados, Callahan convierte el caso en una cruzada. No descansará hasta atrapar al asesino porque sabe que nunca dejará de matar si no lo hace. Cuando la policía y los jueces y fiscales dejan libre a Escorpión por un mero tecnicismo legal, no duda en dar la espalda a una justicia en la que cree más bien poco y administrar la suya a sangre y plomo. La de Harry Callahan es una voz crítica, que encontraría mal acomodo en estos tiempos políticamente correctos, y que, a comienzos de los años 70, representaba a un sector de la población norteamericana para el que el águila, las barras y las estrellas habían perdido su antiguo lustre.

El cineasta Don Siegel creó escuela con Harry el sucio, uno de los cinco filmes en los que trabajó junto a Eastwood, quien pronto se revelaría como el más aventajado de sus pupilos. Aunque el genio del director de El jinete pálido o Los puentes de Madison le permitió llegar más allá, es innegable que en su estilo perviven elementos clave tanto de Siegel como de Leone, a quienes dedicaría una de sus mejores cintas, Sin perdón.

Muchos de los que ensalzan ahora a Eastwood como autor tratan de dejar de lado su pasado, pero fueron estos personajes los que forjaron de leyenda el perfil de este actor y director. No se puede negar lo evidente, e incluso nos hace sonreir esa desagradable mueca de un tipo auténtico que no se «casa» con nadie, apunta con su Magnun 44 y lanza un epitafio:
«Alegrame el día».
http://www.youtube.com/watch?v=cQQzg2n-3-8

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