Amanecer


Amanece un nuevo día, tardío y reflexivo. La resaca del despertador retumba como eco de un anticipado despertar. Observando el sordo timbre pienso en mi tristeza enamorada de realidad inminente, las cejas de la evidencia golpean el sonido, y el zumbido de unas sienes comprimidas irrumpen en la fatal incorporación, calcetines de prisas desmayadas en nocturnas vivencias de madrugadas olvidadas.

Suspiro con aliento de Whisky, en pie para fulminar el televisor de una carta de ajuste de canal con suerte. Apagado el monitor, rueda incómodo hacia mejor ubicación con el freno ajustado de las cuatro de la tarde.

En el correr rápido e inesperado de la cortina… luz ciega enemiga de los sentidos para murciélagos como yo. Títulos de crédito y acción.

Desubicado, dame un minuto… Cubitera, aquí esta, cuarto de baño contiguo, espejo juez de miradas taciturnas en la ojera del sueño, desprendimiento congelado en el hielo de la consciencia; lavabo sumergido de rostros hinchados, aguanta unos segundos, tantea y cierra la llave de cobre, el frio recorre mis pensamientos.

Humeante aguarda el café… Tal vez me haya equivocado, se acabó ayer. La papelera sonrie con un sucio filtro, pero sirve para un trago que despeje este agrio despertar, el retrato observa, mientras, llega una mueca de dudoso sabor, metáfora de vida real. Saludo militar y al vestidor, cartuchera de cuero, revolver sin importancia, solo la atención del vuelo de una mosca revolotea tu única molestia, cotidiana y mortal, como lo que rodea a Harper. Manotazo. Lew Harper, investigador privado, se abre la puerta para el espectador.

Fina corbata, americana y chicle de menta para camuflar el café solo, encesto el envoltorio y atento, el piso esta mojado.

Cuatro carriles, uno de incorporación, Panavisión y Technicolor, un lujo. Descapotable gris en un soleado día, mmm… Gafas de sol, necesarias. El Stop hacia Santa Theresa advierte de su presencia. Giro a la derecha, puerta y aleta arreglada en el chapista del infortunio pasajero de un golpe sin importancia. Verja metálica de la incógnita hacia un nuevo caso, tal vez interesante, se atisba en los ojos iluminados del retrovisor. Lo ilustra muy bien Johnny Mandel con su música. Lo demás lo pone un tal Paul Newman, que ya se ha ocupado de amanecer, que no es poco.

Dicen que dos semanas


Recuerdo divertido cómo conseguí aquel taco de billar con mi nombre grabado en la madera, con su estuche de piel negro con cierres dorados. El Buscavidas había trazado en mí la jugada de aquel perfil de americana sobre polo de cuello abotonado. Era la silueta de Eddie Felson “el rápido”. Fáscinado por la adolescencia de sueños imposibles imaginé que, algún día, te entregaría mi propio “Balabushka” como un regalo imposible de mi afecto a tu personaje. También tengo un abridor de chapas, esos metálicos que sirven para escuchar el gaseoso sabor que termina con la sed de una buena cerveza rubia y fría. Cool Hand Luke, sabes de lo que hablo, lo que pasa es que “Algunos no quieren comprender” 😀 llevo colgado en mi cuello tu abridor a modo de collar como tu Luke Jackson de indomable leyenda. Las Ray-ban en la guantera de un descapotable que tuve como bien sabes. La corbata de Lew Harper la conservo en mi vestidor y ya te imaginas que me la pongo en momentos especiales que no son pocos cuando honro tu memoria, por cierto jefe, no hay día polvoriento que no me ponga los tejanos azules y la camisa blanca por fuera del pantalón… Jeje sabes cómo me divierte esa escena en la que corres de camión en camión para llevarte el maldito ganado, a “Pocket money” le tengo cariño, lo que pasa que ya te comenté que no me gusta nada esa extraña traducción que se le dió en mi país 🙁 . En fin, que como te decía… hablando de ropa, ahora mismo a mi lado tengo una camiseta que guardo como un tesoro 🙂 , si, lleva tu nombre en el pecho y sales dibujado encadenado a unas letras… uf! como me costó encontrarla, alguien me la trajo de Santa Bárbara en California, sé que conoces esa zona más para el verano, lo sé. Vives muy lejos de allí en Westport, que bonito pueblo, nunca me perdonaré no haber podido acudir para conocerte en persona, como me alegré de verte junto a Redford en aquel reportaje tan entrañable. Y el teatro que cuidas… es precioso, cuantos ilustres dramaturgos pisaron su tarima.

Hay un dato “casual” que nos une, y te hará gracia conocerlo… hace como dos años hablando de tí me pasó algo, algo con lo que sonrío cada vez que lo cuento. En un lugar en el que trabajaba bromee con un señor al que le tengo mucho aprecio, sobre su parecido con el tuyo, más en broma que en serio lo llamé “Paul” por sus ojos azules y su pelo cano 🙂 , y ¡zas! el destino me hizo un guiño, porque este buen hombre me dijo algo que me dejó con la boca abierta: “Riete pero…Yo conocí a Paul Newman”. Que decir que ni por asomo sabía de mi afición al cine, ni mucho menos mi devoción por tí. El caso es que este navarro un buen día junto con un amigo dejaron todo y se fueron a Los Estados Unidos de América, trabajaron en multitud de empleos y un día aceptaron brocha y rodillo en mano pintar tooodas las vallas de aquella urbanización, era muy temprano, justo había amanecido, reinaba el silencio total con la salvedad del chapoteo al escurrir la pintura blanca sobre la madera… Y entonces apareciste tranquilamente caminando en soledad, con una chaquetilla roída, unos pantalones cualquiera y una caja de herramientas. Atónitos ambos pintores te observaron y uno dijo en voz baja “Mira, es Paul Newman”, -el otro asintiendo dijo sí- Y entonces tú te reiste amigablemente y con la mano saludando dijiste ¡eeeehh! Los tres reisteis a la vez, y sin decir más, te montaste en un Escarabajo naranja y con un estrepitoso arranque te alejaste en la bruma de la mañana. Esa fue la entusiasta anécdota que me comentaba este anónimo testigo de tu presencia, que con alegría y cariño recuerda de ti. Cuánto me alegré, fue lo más próximo que estuve a tu lado, pero siempre lo he estado, creeme amigo, en cada fotograma… de mi vida has estado acompañándome.

Con el enérgico “marcado por el odio” comprendí que la vida es más dura de lo que uno cree y que hay que luchar hasta el final, como tú siempre lo has hecho firme y sereno, como ahora jefe, como ahora. Me imagino lo que has sufrido en tu vida, las mieles del éxito no endulzan la pérdida de un hijo, y eso debe ser muy duro, pero Scott perdurará para siempre en la memoria de un padre y una fundación que siempre ha llevado el bien a muchas personas, Scott intervino e interviene cada día en ayudar a tanta gente… No te preocupes no solo fuiste un buen padre sino un buen ser humano. GRACIAS con mayúsculas es poco, como poco es agradecerte lo mucho que nos has hecho disfrutar, qué momentos de cine, qué pureza, y reescribo momentos que me hicieron ser feliz, y recordando aquella chica tan bella evoca mi pensamiento lo que tu personaje Butch Cassidy sintió hacia ella, y dice así aquel fotograma de la bici que mi retina guarda hacia ella: Sé que siempre te ha gustado mi frescura, gracias a ti soy yo mismo y puedo expresar todo mi amor hacia el sol resplandeciente que ilumina la pradera de tus ojos, aquella verde mañana de paseo en bicicleta, volví a ser niño para decirte “te quiero”. Un te quiero a mi manera, con todo el amor limpio de un amigo, con la lealtad que solo rompe la “traición” de un bocado de manzana, a bordo de dos ruedas inestables dibujé el zig-zag torpe de un manillar nervioso. La canción de tu sonrisa hizo de mi show el mayor espectáculo del mundo con el multitudinario público de tu sola presencia que llena mi ser. Caigo de espaldas al trapecismo de la arena donde la mirada de un astado sorprende tal encuentro, huida inminente sobre nuestros pasos, y te recojo con la misma melodía de tu blanco vestido y mi divertido guión, el papel en blanco de la improvisación, esa que me inspiras. Volvemos a la casita de madera donde él te espera para amarte y yo para contemplarlo, estrecho mi brazo junto a mi amada bici y tu presencia respetada mientras desciendo colinas de recuerdo… Dos hombres y un destino para amar tu dulce escena. Inolvidable.


Como inolvidable fue escuchar la canción que adorna tal escena “Raindrops keep falling on my head”, momentos que yo mismo he imitado cómo beberme un Gin-Tonic de Gordon’s sólo para dedicarte el saludo de la memoria de aquel vagón, cuando timaste a Lonigan, ejem digo Lonegan. Cómo hiciste parecer ebrio echándote unas gotas de ginebra en la solapa y rellenando con agua la botella para de vez en cuando lanzarte tragos compulsivos de serenas intenciones, que grande!, 😆 aquel barranco de vacío para huir al límite ya de la fuga pero Sundance no sabía nadar 😆 , qué momentos Paul… O como cuando estabais en la cabañita heridos y con apenas munición y todo un ejército de bolivianos tiroteando el lugar… Y tu haciendo planes de futuro hablando de Australia 😆 … o cuando en “Ni un pelo de tonto” haces que el niño lleve la pierna de plástico a tu amigo abogado en una prueba que marcará su madurez futura, o cuando propinas un puñetazo a aquel estúpido poli nervioso al que se le dispara el arma… o cuando corres detrás del ratero en “Territorio Apache”, o también te haces pasar por loco para detener al demente 😀 , o cuando corres dejando un reguero de pimienta para los perros en la leyenda del indomable, o cuando te comes 50 huevos, o cuando cantas Plastic Jesus, o cuando emites aquel Veredicto Final de un tal Frank Galvin que parecía fracasado y resucitó… (o cuando , o cuando o cuando) no podría parar. Si algo me gustó de ti fue que a los personajes supiste imprimir un carácter propio que se notaba iba contigo en la vida real. Cómo sabías escoger los papeles, de películas mediocres las hacías grandes con tu interpretación, y levantabas la perdiz como en “Ausencia de malicia”… Tantas y tantas pelis que no acabaría nunca, 500 millas me encantó, “Winning” en su original e “Indianápolis” en otros paises, colgué un video para tu homenaje en youtube con música de Rosendo, suena bien, seguro que te gusta.

No sé cual es la fórmula del éxito, no la conozco pero creo que tampoco me importa mucho, como a ti, tal vez habite en una pizarra tras alguna cortina rasgada, quién sabe, tú decías que una de tus desgracias eran tus ojos, por eso los ocultaste durante un tiempo tras unas gafas, no había que despistar con el físico, a tí te importaba el método y pocos quedan ya en el camino, bueno hay otro al que sé aprecias, Martin Landau es un fuera de serie, del Actor’s también, de lo mejorcito… Lo de ahora ya es otra historia, aunque yo confío en que lleguen nuevos valores, seguro llegan. Ah, por supuesto dale un beso enorme de mi parte a Joanne, que gran actriz (Que ganó un Oscar antes que tu creo 😕 🙂 ) Da igual sé que cuando tu lo ganaste dijiste que ya teníais pisapapeles para las facturas, 😀 .

Ahora he oído lo de las dos semanas, ¡¡¡Malditos sean!!!! Dos semanas… todavía tenemos tiempo de muchas cosas Paul, para muchas cosas: Podemos conducir un buen coche a gran velocidad , podemos jugar al poker, podemos robar un banco, podemos escaparnos de alguna cárcel, podemos ser zurdos por un día, podemos navegar en velero, podemos cantar, podemos montar en bici mientras comemos manzanas, podemos beber unas cervezas, podemos arreglar unos cuantos motores, podemos darnos un baño en la playa, podemos tomar el sol, podemos ver una buena peli, podemos volver a borrar “El caliz de plata”, podemos conversar, podemos apostar, podemos llamar a Robert, podemos poner a parir a Bush, podemos ayudar a los desfavorecidos, podemos probar más de esa salsa, podemos ir al teatro, podemos besar a nuestras chicas, podemos reir, podemos escuchar música, podemos soñar, podemos llorar de alegría… o podemos sentarnos, tu en tu trono, yo en mi silla… y esperar tranquilamente, esperar a que llegue, y brindar, brindar por Tí, por el gran Paul Newman con una buena copa de JTS Brown con hielo. El cielo sabrá esperar estoy seguro… el cielo sabrá esperar.

Con mucho afecto se despide con un hasta luego el que siempre ha sido y será tu amigo:
marco– Ese chico que adoptó tu cine como una forma de vida… Sueños y vida.
Gracias por todo.

El de la botella de Coca-Cola


En la retina tengo este curioso y genial filme que guardo con muchísimo cariño, la realidad supera la ficción, y más allá de guardar un enorme mensaje sobre felicidad, convivencia, capitalismo y tercer mundo está la impresionante vida de nuestro protagonista, y es que sin duda que Los dioses deben estar locos

Nixau nació en un olvidado rincón de la polvorienta Namibia, en Tsumkwe, donde las partidas de nacimiento son ciencia ficción y la edad de un ser humano se mide a ojo, el registro civil de cualquier elefante es más fácil encontrarlo. Gcao Coma era el nombre “oficial” y familiar de Nixau, que así lo llamaban cariñosamente en su tribu. Aproximadamente su nacimiento se produjo hacia el 16 de Diciembre de 1944 pero no hay constancia documental de ello. En el desierto del Kalahari la vida es muy dura, pero eso no es problema para un curtido bosquimano, ni tampoco el Ungwatsi (Lengua local) un buen amigo que estuvo por allí me relatava: “En mi vida he escuchado semejante dialecto en el que se intercalan onomatopeyas, es como hablar descorchando botellas” 😆 , otro dato anecdótico es que a los bosquimanos les hacía muchísima gracia la palabra “Hola”. “Decía hola y se descojonaban, luego creí entender que algo significaba en su idioma aunque no lo llegué a saber, el traductor simplemente me decía que les hacía gracia cómo sonaba” 😀

Volviendo a la película el director de cine sudafricano Jamie Uys buscaba a un auténtico bosquimano para que protagonizara la comedia “Los dioses deben estar locos” que él mismo había escrito. Se integró en esta comunidad y encontró a un despistado bosquimano que le llamó la atención entre los demás cuando a lo lejos apareció corriendo un tipo solitario a una velocidad endiablada.
Tras lograr convencerlo de algo que probablemente ni él se enteraba el realizador le pagó un sueldo de 300 dólares, pero como Nixau desconocía el valor del dinero, lo tiró a la basura. Atónito dejó al director.

El film se estrenó en 1980 y en él interpretó a Xi, un bosquimano que encontraba una botella de Coca-Cola que caía de un avión y que él llevaba a su tribu pensando que era un regalo de los dioses. Este simple vidrio, para los bosquimanos era un objeto extraño y valioso que provocaba controversia en el lugar. Creando un lío tremendo y un revuelo que hace finalmente que Xi opte por deshacerse de la maldita botella, creándose así diversas situaciones cómicas causadas por el contraste entre culturas.

Sin que nadie lo esperase, esta premisa argumental conectó con el público, Como resultado de tal boom! 90 millones de dólares en todo el mundo 😮 , siendo el mayor éxito internacional del cine sudafricano hasta la fecha (incluso nominación a los premios Cesar del cine francés como Mejor película extranjera y obtuvo el Premio a Película más popular en el Festival de Cine de Montreal). Por otra parte, en tiempos del segregacionismo sudafricano, en algunos sectores se criticó que la película daba una imagen burlesca y racista de los bosquimanos, afirmando que Nixau no era más que un títere manejado por la productora y el entonces frío Uys (Más tarde compensaría a Nixau, la conciencia…), De la noche a la mañana se convertía en estrella de cine de su país.
Al margen de ésta polémica, durante el resto de la década de los 80, Jamie Uys siguió en contacto con él y le pagó en especies. Algo que siempre exigio Nix, puesto que no quería dinero.

Cuando el director le propuso protagonizar la secuela, “Los dioses deben estar locos 2” (1989), Nixau exigió un sueldo de cientos de miles de dólares. Parece que había espabilado en esa intoxicación del llamado primer mundo. Esta segunda parte obtuvo una repercusión mucho menor que la primera entrega y su argumento giraba en torno al regreso de Xixo a la civilización para buscar a su hijo, que había desaparecido accidentalmente.

Con las ganancias de esta segunda parte, Nixau se compró un coche de segunda mano y adquirió un terreno donde construyó una granja para cultivar maíz y calabazas junto a su esposa Kora y sus 6 hijos.

En la década de los 90, regresó a la gran pantalla para protagonizar tres secuelas de “Los dioses deben estar locos” que fueron producidas por la industria de Hong Kong (Hambrienta y necesitada de pasta, puesto que su época dorada había pasado) “Crazy Safari” (1991), “Crazy Hong Kong” (1993) y “Los dioses deben estar locos en China” (1994), en ellas se interpretó a sí mismo y en la última volvió a ser dirigido por Jamie Uys (que falleció dos años después a consecuencia de un ataque al corazón). En 1993 apareció en el documental “In Darkest Hollywood: Cinema and Apartheid” (1993), sobre el apartheid en el cine.

Estas experiencias cinematográficas le permitieron viajar y conocer otras culturas, (Hay una foto suya muy graciosa en la torre Eiffel) sin embargo, concluida la filmación de “Los dioses deben estar locos en China” (1994), decidió regresar a su tierra natal para continuar con su vida sencilla al cuidado de su granja y de su familia, nunca le gustó ni se adaptó a un mundo de locos como era y es el nuestro. Nixau falleció el 5 de julio de 2004 en Tsumkwe (Namibia), a la edad aproximada de 59 años y a consecuencia de la resistencia a múltiples fármacos para combatir la tuberculosis. Ún día antes del Txupinazo, sin duda nuesto entrañable “Xixi” sufrió esa idéntica “explosión”, de éxito en su caso, pero como un amante de su tierra su familia y sus costumbres, decidió volver a su verdadero hogar y morir con dignidad entre los suyos como un gran bosquimano de corazón limpio. Hoy es leyenda, por lo menos para mí, aquí en “el cine de marco”.

Un abrazo a todos.–