NADAR A CONTRACORRIENTE

Esta semana he cumplido años. Algo que en principio no tiene por qué interesaros pero qué le voy a hacer, no puede interesaros todo lo que escribo. El caso es que llevo toda la semana repitiendo en voz alta las palabras que siempre dice mi amiga Nerea: <<Recuerda que nunca serás más joven que hoy>>. Una afirmación abrumadoramente cierta pero que no es muy efectiva cuando los años se te van pegando a las costillas y el corazón te pesa cada día más. Sin embargo, tengo que admitir que si hago balance de los años vividos hasta ahora no creo haberlo hecho tan mal. No me refiero a las cosas que he conseguido sino a la forma de conseguirlas.

il_570xN_623331118_dauuSoy una piscis de manual. Intuitiva y perceptiva a partes iguales. Romántica, soñadora e insoportablemente sensible. Trabajadora, creativa, valiente y perfeccionista. Intento vivir en la tierra pero me resulta más cómodo hacerlo en la luna. Me siento pez por encima de todo y es por ello que siempre nado a contracorriente.

‘Nadar a contracorriente’, una expresión muy hermosa pero que en este mundo del arte al que tengo la suerte de dedicarme se malinterpreta demasiado a menudo. La mayor parte de los que trabajamos en este escenario de ‘lo artístico’ somos un poco egocéntricos (bueno, algunos disparan la media), inseguros, sensibles, sentimentales y, a veces, hasta soberbios. Por ello, se desarrollan actitudes que podríamos definir como extravagantes y que parecen decir: yo nado a contracorriente porque me dedico al arte. ¿Y en que se traduce esto? En directores de museos que toman a sus técnicos como súbditos de la corte, en técnicos que tratan a sus becarios como seres insignificantes, en comisarios vestidos de negro y con gafas de pasta que construyen sus discursos con el claro objetivo de no ser entendidos por nadie, en educadores con afán de cambiar el mundo construyendo propuestas pedagógicas grandilocuentes y cargadas de pedantería o en galeristas que te abren la puerta según el precio de tu perfume. ¡Cómo se equivocan todos ellos! Mirar por encima del hombro repitiéndose todos los días que se es diferente al resto no te hace nadar a contracorriente sino hundirte sólo (o acompañado de tus iguales) sin aportar nada al océano.

Nadar a contracorriente es admitir que el mundo del arte es tan complejo que nunca llegas a saberlo todo (ni siquiera lo suficiente). Admitir que el conocimiento no es piramidal y que a veces se aprende más de un artista sin nombre que de una estrella. Admitir que el director no es nada sin sus técnicos, que el comisario no es nada sin sus artistas, que los artistas no son nada sin el público y que, en definitiva, nadie somos nada sin los demás. Admitir que los que tenemos la suerte de ser sensibles y emocionarnos con el arte somos muy afortunados pero en ningún caso tenemos la potestad de despreciar a quien no siente con la misma intensidad que nosotros. Admitir que el acceso al arte no debe restringirse al museo, galerías o ferias sino que pertenece a toda la sociedad y es nuestra obligación mover el trasero del ordenador para llevarlo a distintos escenarios sociales.

Cuando los peces nadan a contracorriente aprovechan el microplacton que esta arrastra para alimentarse. Si trabajamos mirándonos al ombligo y escuchando únicamente a los que han conseguido posicionarse en primera línea del arte perderemos mucho alimento. Nos habremos transformado en anoréxicos intelectuales. Cuando veáis acordaros también de mirar. Cuando habléis no olvidéis escuchar. Cuando nadéis intentad sentir el agua en vuestras escamas.

*@aitziberurtasun

 

2 comentarios sobre “NADAR A CONTRACORRIENTE”

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