TRILEROS SIN GRACIA

El truco de una buena oposición es culpar de todo al Gobierno, aunque la competencia sea tuya. Solo hay que mover muy rápido la pelotita

Enero de 2018. María Chivite defiende en el Parlamento una moción de su partido en la que pide al Gobierno de Navarra que destine el superávit del ejercicio anterior a inversiones sostenibles. “Es hora de demostrar qué prioridades tenemos cada uno, toca pasar de los discursos y retratarse”, proclama la líder socialista, que aquel día tenía “muy claro” que había que destinar el dinero a un plan de inversiones “porque Navarra lo necesita”. Septiembre de 2018. María Chivite critica en el Parlamento el proyecto de ley del cuatripartito para destinar el superávit del pasado año a inversiones sostenibles. “Están planteando un órdago, Navarra no está en disposición de afrontar esa ley”, apunta.

Entre una y otra declaración no sólo ha cambiado la normativa del Estado -más flexible en cuanto al gasto presupuestario-, también ha cambiado el Gobierno de España. Y como ahora es el PSOE el que pone pegas a eso de gastarse el dinero, pues el PSN ha dado tres vueltas con tirabuzón para concluir que lo que antes era solo una cuestión de voluntad política ahora es todo un desafío al Estado.

La misma pirueta, pero para el otro lado, la ha dado UPN. Que hace unos meses nos anunciaba un acuerdo que garantizaba que el Estado iba a destinar “2.523 millones para que en 2023 esté terminada la línea de alta velocidad Zaragoza-Pamplona-Y vasca”, y ahora anda llorando por las esquinas porque no van a caer ni las migajas. “No puede ser que después de tres meses los navarros sigamos sin nada”, lamenta Javier Esparza, que enfilando las elecciones ve cómo aquí ni las 800 jubilaciones de Volkswagen, ni la gratuidad de la AP-15 ni por supuesto los miles de millones de TAV que nos había prometido. Unos operarios moviendo tierras en Marcilla y poco más.

Y eso que hace un año el ministro de Fomento del PP, Íñigo de la Serna, se pavoneaba diciéndonos que todos tranquilos, que ya estaba él para soltar la pasta y traernos lo que hiciera falta ante la desidia de nuestros gobernantes navarros que solo quieren el mal para esta tierra. Pues han pasado 12 meses y seguimos más o menos igual. Con la diferencia de que De la Serna está jubilado de la política como su amigo el registrador, así que le da la risa que el TAV no llegue en 2023. Más o menos la misma que le dio a Pepiño Blanco cuando no llegó en 2015.

Porque ese ya es un problema del nuevo ministro, el socialista José Luis Ábalos, que anda dando largas al Gobierno foral para evitar asumir compromisos de verdad, mientras asoma la patita anunciando un nuevo convenio para el TAV, a ver si así confundimos un poco a la gente y se olvida de que la competencia es suya. Porque si el PP no quiso que Navarra descontara el coste de las obras del Convenio, pues tampoco lo va a querer el PSOE. Que se pelearán mucho en Madrid pero para estas cosas son igual de jacobinos.

tinta de calamarAquí, por supuesto, la culpa siempre la tiene el Gobierno de Navarra, que el de España siempre es amabilidad y buena disposición. Si no se pueden realizar las inversiones sostenibles, es porque “Barkos no ha tirado de teléfono”. Y si el TAV no avanza, es porque “El Gobierno de Navarra cede ante sus socios”. El truco es por mover la bola muy deprisa para despistar al personal.

Al juego se ha sumado esta semana el nuevo delegado del Gobierno, José Luis Arasti, que ha visto el jaleo y ha intentado enredar un poco la cosa hablando de “demoras” por el “protocolo”. A ver si así cuela que la Guardia Civil llegó tarde el día del triple asesinato por culpa del 112. Arasti, que trabajó en el Gobierno, sabe que no es verdad, pero ha optado por echar un poco de tinta de calamar y darse media vuelta. Que si no tendría que explicar para qué queremos un cuartel de la Guardia Civil en Cáseda si en un suceso así mandan a los de Carcastillo. A ver si resulta que no hacen falta tantos cuarteles en Navarra.

Pero ya sabemos que aquí hay quien no desaprovecha la oportunidad para retozarse en la carroña. Así que con el triple asesinato no han tardado en salir los listos de siempre a dar el cante. El primero, claro, ha sido Sergio Sayas, que con los tres cuerpos todavía calientes se atrevió a denunciar que “parece que se impone la animadversión ideológica en lugar del servicio público”. Vaya, que el Gobierno sectario de Barkos dejó morir a los vecinos por no llamar a la Guardia Civil. Sin pruebas, solo por un rumor. Pero oye, a tirar la piedra y que haga ruido. A ver que pasa.

A la fiesta también se ha apuntado Ana Beltrán, que si se va a la puerta del Gaztetxe en plenas fiestas de San Fermín Txikito para intentar salir en la tele, cómo no va a frivolizar con la muerte de tres personas. “Nos parece una temeridad que el Gobierno juegue con la vida de los navarros en unos hechos tan graves como estos, prefiriendo avisar a la Policía Foral a pesar de existir un cuartel de la Guardia Civil a 100 metros de donde se estaba produciendo el tiroteo”, soltó con toda su jeta el viernes.

A estas alturas de la película, qué más dará que sea mentira. Ya la han comprado los de El Mundo, que en una semana en la que han justificado la dictadura franquista (“El golpe del 36 era necesario”, Fernando Sánchez Dragó) y le han dedicado comentarios homófobos a a Gabriel Rufián (“Mariconazo, ¿cómo prefieres comérmela”, Arcadi Espada), agitar la sospecha les habrá parecido una tontería.

Tampoco ha querido faltar la Asociación Española de la Guardia Civil, que ha dicho incluso que “la tragedia pudo evitarse si se hubiera atendido a la llamada que un vecino del municipio realizó al 112 solicitando la rápida intervención del puesto de la Guardia Civil que se encontraba a escasos 100 metros de la casa en la que se produjo la agresión”. Toma Sayas, supera eso.

Vete a saber, que lo mismo cuela y nos acaban convenciendo de que el PSOE y el PP no han hecho el tren en todos estos años porque no lo quiere Bildu. O de que las desgracias en Navarra ocurren por culpa del Gobierno de Barkos, que quiere que la gente se muera solo por no llamar a la Guardia Civil. Que el otro día estuvo Aznar en el Congreso diciendo que no conoce al tío que montó la boda de su hija, que en su partido corrupción no ha habido nunca y que lo de Irak -y sus miles de muertos- fue solo un mal sueño. Y tan contento que se fue.

Todo esto tendría un pase si al menos estos trileros nos intentaran tomar el pelo con cuestiones menos serias. Que llevan así tres años y no lo hacen tan mal. Pero es hay cosas que no tienen ni puñetera gracia. Parece que no se dan cuenta.

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