Lejanas Navidades.

Pronto estaré lejos, muy lejos de toda la vorágine de fealdad llevada al extremo. Los árboles con múltiples colorines y emperifollados de detalles a más no poder; obtusos vecinos, llevados por no sé qué clase de “espíritu”, gastando y gastando energía a través de motivos decorativos de dudoso gusto en sus ventanas, en sus balcones; la insoportable –para mí- autocomplacencia en muchos que hace años pasaron a ser perfectos desconocidos y ahora, llevados por un hilo conductor tal vez, saludándome con una descarada máscara de hipocresía me muestran lo blanco de caninos, molares e incisivos en una forzada sonrisa…

Para mí estas fechas siempre han supuesto un calvario: cierto es que el depender de un católico calendario lleva compensaciones: varias fiestas lo atestiguan. Pero no es menos cierto que no soporto la algarabía de tiernos infantes mal criados, y de padres culpables de tal desaguisado preocupados por aparentar, a través de una terrible contradicción, su enorme felicidad materializada, a ojos vista, en un inusitado estrés consumista.

Podemos ya poner luminarias a las grúas que tanto adornan esta ciudad: adelante, sigamos con el despiporre envolvente.

Sigamos afeando lo poco decente que pueda quedar en esta ciudad, todavía pueblo grande…más en mentes de sus ocupantes que en fisonomía de la ocupada.

Espero no sufran mi indigesta sensación navideña.

Este año, para variar, la viviré lejos, muy lejos.

Que pasen unos aceptables días, no obstante y, por favor, regalen libros sin tener en cuenta el color y con cuántos podrán rellenar la estantería fabulosa de la entrada en que hace hogar el polvo.

Lean, hagan deporte, disfruten. Amenicen su vida con algún pequeño exceso: tampoco soy un mojigato, más bien al contrario.

Pero por favor, no me saluden a mi regreso quienes me conozcan como si en una nueva era de filantrópica felicidad y algarabía llena de «hermandad» nos encontráramos: eso déjenlo para otros.

Que pasen unos buenos días.

Fotografía: mis amados jardines de La Taconera en una imagen retrospectiva: la nieve casi hace que uno no se fije en que empezaban a ser afeados.

Acerca de epicuro

Alumno de todo, maestro de nada...
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