Un nuevo intento de asesinato. Una nueva bomba. Nada nuevo, pues. Si no se alcanza a matar a políticos (razón por la cuál la actual ETA-m criticó a la antigua ETA-pm), se intenta con sus guardaespaldas. Todo vale. Protestar por la no inclusión del “brazo político” en instituciones que antaño fueran tildadas despectivamente de “españolas”, también. Expulsar a Txema Montero o a Iñaki Esnaola por pedir la presencia en dichas instituciones, se trastoca por arte de birli-birloque con el tiempo, en que su no presencia en las mismas, sea motivo de queja desconsolada por parte del MLNV .
El próximo 4 de noviembre hace 94 años de su nacimiento en Mondovi, Argelia. Y releo con delectación, pero con un regusto repugnante y amargo por el día de ayer, la obra de teatro “Los justos”. Tenía que ser Camus. Es, pues, Albert Camus quien aborda los pensamientos de un grupo terrorista ruso, justo antes de la “acción”.
El implacable Stepan Fedorov, es contrapuesto ante el pensativo e idealista Iván Kaliayev.
Dos terroristas, dos concepciones: matar muriendo es la respuesta, dice el primero. Matar civiles (incluso niños) “colateralmente”, sería contraproducente, dice el segundo. En medio, en el Acto V, la por un momento gélida Dora Dulebov, también militante del grupo terrorista, da en el clavo: “Es fácil, es mucho más fácil morir por las contradicciones propias que vivirlas…”
No pensar: la solución.
Matar: “su” solución.
