“Prefiero una cena con amigos a una familia numerosa”: frase del juglar del rock que siempre me acompañó en noches de exceso y neón. Largas avenidas iluminadas eran atravesadas a toda velocidad, casi sin gente, y que nos dejaban de recordar su condición de arterias urbanas. Eso quedaba para quien tuviera que madrugar en unas horas.
Tiempos de aceleración, de no pensar salvo estando de resaca, de pensar que cualquier cosa era posible en cualquier momento del día: noche o no.
La ciudad era – todavía es para mí – la musa que me inspira. Pero ya no la recorro como antaño en plena noche pegando alaridos entre bar y bar. Bebiéndonos el frenesí de unas jornadas que pasaban como un segundo – pero repletas de anécdotas increíbles – gustábamos de recordar las aventuras pasadas, ya en pleno “día del señor”…amén.
Y siempre espetaba con amigos y en momentos en que me iluminaban la jeta (a pesar de la neblina londinense con olor a tabaco) estupendos carteles anunciadores de un whisky o una cerveza de largo recorrido existencial, la dichosa frase que aquel poeta musical tan sumamente autodestructivo, pero inteligente, dijo: “prefiero una cena con amigos a una familia numerosa”.
En eso no hemos cambiado, a pesar de que uno puede exhibir, cual león presumido, las cicatrices de la vida que imponen un respeto.
Pero no, esto de empapuzarnos de alcohol y dulces por decreto, no es lo mío. No debe ser lo mío. No debe ser lo nuestro: librepensadores de mil colorines. Porque humanos somos, nadie es igual a nadie. Es lo más divertido de todo. También lo que más preocupaciones nos acarrea.
No, emborrachémonos por ser el día que nos apetezca. Por cruzarnos en la calle, de nuevo la calle, con un viejo amigo. Hagamos también lo contrario por las mismas razones: hacer deporte por ejemplo. Para mí deporte y borracheras sin fin iban unidos antaño.
Respondamos al empalagoso ambiente navideño, más inmoral e hipócrita que nunca para desempleados y trabajadores que sufren superestructuras repugnantes como los sindicatos y la “casta política”. Recordemos esta “dictadura silenciosa” como yo la denomino, en que trabajadores de toda laya no se atreven a decir que han sido despedidos o de que cobran una miseria.
Mas hagamos caso omiso: a quienes les gusten “estas entrañables fechas”, que las disfruten. Pero no molesten más por favor: lecciones de horterismo nos sobran. Tenemos derecho a celebrar lo que queramos sin tener que coincidir con Vds. en nada, menos en esa exacerbación del mal gusto que pretende adornar las mismas calles que adoré. Los mismos balcones, donde muñequitos de carboneros compiten con dueños de trineos en el súmmum de la estupidez humana, adornados de luminosa irracionalidad.
Al fin y a la postre, “una cena con amigos” puede sorprendernos en cualquier momento. Gracias a ningún dios y gracias a la philia que tanto reclamara Aristóteles.
Y gracias a tanto librepensador que tan poco abundan en este pueblo.
Y gracias, gracias siempre a los amigos.
Imagen: «El poeta de la Muerte» que dieron en llamar algunos a Jim Morrison. Yo sigo admirando su sensible inteligencia mientras escucho Backdoor Man.
Iñaki Oneca Agurruza.
«Yo sigo admirando su sensible inteligencia mientras escucho Backdoor Man.»
Y yo sigo mirándole.
Y leyéndote.
🙂
Realmente es mejor que sigas mirándole a él y leyéndome a mí: bastante se le hincha a uno el ego con ello ya.
Además, querida Alina, cualquiera compite con «El poeta de piel de cuero» ; )
Un saludo Alina, se esperan muchos comentarios tuyos…
Creo que habrá muchos comentarios míos, sí…es lo que tiene cultivar un lugar como este, que vas a tener que aguantarme.
A modo de aperitivo (o de postre que se le atraganta a uno cuando ya se empieza a hartar) comentarte que si en vez de Jim Morrison fuese Janis Joplin, seguría igual de embobada.
Mirando la imagen.
Y leyéndote.
😉
Bueno, nos aguantaremos mutuamente, porque lo mío reconozco es de traca, y no pienso discutir con alguien tan inteligente.
A modo de postre, pues (o mucho mejor, de «vermouth» chisposo), Janis aparecerá en breve. Un post a tí dedicado, Alina.
Y muchísimas gracias.
@epicuro Iñaki muy buen post.
Jim Morrison además de ser un genial cantante, tenía una gran afición a la poesía. Por eso le llamaban el poeta musical. Publicó tres libros de poemas, que podían leerse como filosofía…
Te dejo amigo Iñaki una canción que espero que te guste :
(I want to be free)
http://www.youtube.com/watch?v=6iCia9mToVk
Abrazos de oso
Maika Etxarri
El blog solidario de Luzblanca
Muchísimas gracias Maika:
Como quiera que ahora estoy a punto de irme a trabajar, amenizaré el momento del desayuno con tu música.
En cuanto al poeta de piel de cuero, te pego la poesía a él dedicada que pegué en los Foros del periódico (en Mirarte: Escritos propios, etcétera) ¿Sabías que hace años leí sus tres pequeños libros de poesía, incluída «An American Prayer» (Una oración americana)?:
El poeta de piel de cuero.
Así andabas tú
En mitad del escenario
Aullando como lobo en celo,
Mirando al lado de la luna
Cómo se distinguía una silueta,
La chamánica silueta que en ti se fundió.
El exceso,
El límite,
La frontera.
Era el precipicio
En el Gran Cañón:
Tu vida.
Siempre la frontera fascina:
Como Carla Bruni canta hoy
“Je suis excessive”
Así viviste tú ayer.
Poeta de piel dura
De piel de cuero negro
Ni siquiera aguanta ya tu mito
En la parisina calle que te vio vomitar.
Tampoco en Peré Lachaysse
Donde los nostálgicos beben.
Los mitos caen, chamán de Los Ángeles
Los mitos se funden en el tiempo.
El lagarto ya no parte y reparte
Como dijeras en condiciones “fronterizas”,
Y es que allá, y sólo en limítrofes zonas
Únicamente te sentiste tú.
El poeta y el cuero negro,
El poeta y el mito,
Ya no hay piel
Sólo queda cuero.