Philadelphia

Solo los locos están seguros y resolutos”. Michael de Montaigne, “Ensayos completos”.

Si en algo estoy de acuerdo con el maestro Gabriel Albiac es en que si para los de su generación París fue el centro del mundo, Nueva York lo será para las siguientes generaciones en este siglo XXI.

También estoy de acuerdo con mi admirado Josep Pla, del cual leía su “Cuaderno gris” durante nuestro viaje: Nueva York de entrada “cabrea” y asfixia, pero es irremediablemente el nuevo centro del mundo.

Sinceramente lo reconozco: Nueva York es el nuevo ónfalo de Delfos, donde las vidas del planeta confluyen.

Tuve la oportunidad de conocer una buena porción de la Costa Este de los Estados Unidos y de su historia el pasado verano. La experiencia fue única. Probablemente irrepetible tal y como están las cosas.

Pero la sensación que menos puedo olvidar y, a la vez, digerir, fue el brutal choque desde el relajado sur virginiano con la enorme mole llamada Philadelphia, PA.

La antigua capital de los Estados Unidos es la puerta al Norte mayúsculo. También es la capital del trepidante hervidero de vidas estresadas. La zona del Ayuntamiento, cercano el “Hard Rock Café” de turno, es una arteria llena de restos de un huracán llamado crack, cocaína o éxtasis. Los homeless abundan, los maderos y agentes de seguridad de todos los pelajes también.

Un escaso mes antes de nuestra llegada se impuso un “toque de queda” para los menores de edad: un intento baldío por apaciguar a las pandillas de niñatos que se dedican a delinquir en la antigua capital. En el mismísimo centro de la ciudad y cerca del sorprendente centro masón al lado del City Hall (Ayuntamiento).

A unos pasos de allá, la “Liberty Bell” se ve rodeada de personas que dejan de mostrar sus carencias –curiosamente al revés que en Europa- con unas gigantescas barrigotas debido a galopantes obesidades mórbidas. Cuanto más pobre se es: más se come rápido y mal. Por menos dinero: más grasas saturadas.

Personas que se encuentran en una insalvable espiral de consumo de estupefacientes, comida basura y tabaco. Tal vez nunca sepan que hay vida más allá de PA.

Pero en la zona, a escasos metros de allá, repito, de nuevo uno se encuentra con la jovencísima historia de este país: tras la “campana de la libertad”, el “Independence Hall”. También dignos de mención son otros lugares como South Street, pero dudo mucho que el contraste tan brutal para un europeo llegue hasta allá. En unos metros, del infierno rodeado de inmundicia y personas terminales rodeados de policías, a la historia sociológica y filosóficamente interesantísima de este país.

Sólo los locos están seguros y resolutos, dice un Michel de Montaigne inmortal. Sólo los locos ven unos Estados Unidos malos malísimos, el nuevo imperio del mal (símil hollywoodiense, no se lo pierdan).

Únicamente mentes llenas de prejuicios no ven que los seres humanos somos como los países que conformamos: imperfectos. Tenemos lo bueno y lo malo habitando en nosotros desde nuestro nacimiento: así pues, veo a los Estados Unidos. Máxime viajando desde Virginia hacia Philadelphia, capital del Estado de Pennsilvania.

La misma mentalidad desprejuiciada que demostró Hannah Arendt en su obra “Sobre la libertad” comparando la Revolución Francesa y la Revolución Americana. Sólo la segunda no acabó devorando a sus propios hijos y a sus padres los reclamó como padres de la patria. Pero aquí nos perdemos en estériles debates sobre si lo que pasó al otro lado del Atlántico fue o no una Revolución.

Estados Unidos
: un país lleno de desigualdades, como todos. Lleno de defectos. Como Vd. y como yo. Pero que en muy poco tiempo – poquísimo- ha conseguido enormes logros que por estos europeos pagos costó mucho asesinato, mucha guerra de religión, mucha miseria.

Tal vez sea hora de volver a releer a Bernard-Henri Lévy y su “American Vertigo”: libro que relata un viaje por los Estados Unidos que recorriera su compatriota Tocqueville. Y llegar a la conclusión de que los actuales Estados Unidos no son sino –tal vez- uno de los últimos inventos europeos.

Pero los cansinos políticamente correctos seguirán no entendiendo nada, teniendo ya a un “malo” para utilizar a modo de muñequito de pim pam púm. Puesto que solo los locos están seguros y defienden consolatorias conclusiones no racionales: Karl Marx dijo no ser marxista. Michel de Montaigne dijo tres siglos antes algo parecido.

Contra tanto “hombre de convicciones” (“hombre que no piensa” según Nietzsche) Estados Unidos se presenta como una aventura abierta.

Y Philadelphia, con todo lo que conlleva, así lo demuestra.

Imagen: el “City Hall” que tanto apareciera en la película de 1993: “Philadelphia” con unos inmejorables Denzel Washington y Tom Hanks.

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Represión en el fin de fiesta.

No seré yo quien justifique la intervención (intervenciones) policial en Valencia contra estudiantes. No obstante sí seré yo quien ponga en tela de juicio la falta de éste en ciertos medios de comunicación y no digamos en foros y redes sociales. 

 Corría 1987: mis amigos de entonces y yo únicamente nos dejábamos llevar por Dionisos (entonces se le llamaba “litronear”, ahora “hacer botellón”) cuando en una manifestación de la que no sabíamos su motivación exacta (la extradición de un etarra, pudiera ser) acabó frente a nosotros con dos policías machacando literalmente a un octogenario. Se ve que los botes de humo y las pelotas de goma se habían terminado y la emprendieron con el abuelo a porrazos. Todos chillamos exaltados a los policías, con la candidez con que a uno le obsequia la adolescencia. 

 Todos, repito, todos recibimos en mayor o menor medida lo que el susodicho anciano (incluso algún amigo acabó escondiéndose paradójicamente en una iglesia). 

 Quiero decir que por estos pagos y so pretexto del injustificable terrorismo de algunos “salvapatrias” también se han reproducido acciones injustas en la calle como reacción. He visto disparos de fuego real, disparos con bolas de goma, botes de humo, palizas: definitivamente si los setenta fueron una época turbulenta, los ochenta fueron una época sucia, llena de mierda. 

 Por ello cuando veo los vídeos en varios medios digitales de los mencionados incidentes, me vienen a la mente los actos vandálicos de los repugnantes ultras del Real Madrid cerca de mi adorada Cibeles coreando aquello de “esto es Madrid, esto no es Bilbao” mientras recibían una merecida carga policial. La diferencia es que estos últimos habían provocado altercados. 

 Pero no deja de ser algo a tener en cuenta: por estos pagos y verbigracia a leyes excepcionales que cada vez -esperemos que siga así- menos tienen de actuales, uno estaba andando en la calle equivocada y era “agraciado” con un aluvión de tortas, porrazos, balazos, etcétera. 

 La situación actual económica es terrible: única. Supone la traca final, la resaca de una fiesta que muchos pagamos como invitados y que unos pocos se encargaron de desmadrarla como señoritos que “invitaban” y que serán los que menos efectos perniciosos sufran. Supone acontecimientos tan terribles como los de Grecia. Pero dar tanto pábulo a unas carreritas por el centro de Valencia con unos policías cargando básicamente con porras, me parece más que buscar la noticia: inflarla. Las imágenes de los vídeos sobre dichos lamentables sucesos se  repiten una y otra vez moldeándose a la manera de una nueva caverna platónica mediática llegándose incluso a olvidar de las razones de las convocatorias. Algo sumamente peligroso pues cualquier dictadura ha utilizado dicha caverna (los principios de la propaganda de Goebbels, el agitprop soviético, etcétera). 

 Y todo enmarcado, simplemente, en el fin de una fiesta económica que comenzara en los noventa con la peligrosa y molesta resaca consiguiente. 

 Es el desmadre final que incluye también a los medios.  

 Es, simplemente, el triste fin de fiesta para todos.

Iñaki Oneca Agurruza

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Necesario tonto útil

 

François-Marie Arouet, Voltaire, que tanto definiera a infinitos e hilarantes inocentes como en "Candide"Un partido político al uso; un sindicato político (pleonasmo donde los haya); una asociación de vecinos; cualquier asociación humana, pues, lo necesita urgentemente.

  Puede llegar a ser concejal, alcalde, presidente, funcionario amenazante para el político del momento, pero siempre en cualquier lugar donde su inestimable ayuda sea perentoriamente requerida.

  Hay dos clases. La primera, la de aquel que siendo tan volterianamente cándido no se da cuenta de lo útil que es. Pérfidas intenciones las de aquellos que lo manipulan afloran a la luz pública, no así él, pobre tonto. Esta es la clase más extendida.

 La otra, la de aquel que aun sabiéndose tonto y posiblemente útil a nocivas artimañas incluso hacia su persona, permite, como lo oyen, permite su absoluta manipulación. Es la más peligrosa calaña de ineptos manipulables: son capaces de poner su enorme rostro allá donde la Justicia pueda señalar irregularidades, de plasmar su firma en forma de equis en el papel donde en el último párrafo ponga algo así como “me declaro culpable de…” por no quedar en mal lugar y para, cándidamente, adquirir notoriedad.

  Son, sencillamente, lo peor.

  Llegamos, al fin, al necesario alfil. Es, sencillamente, el necesario tonto útil.

  El triste y melancólico pero muy necesario tonto útil.

  Iñaki Oneca Agurruza.

  Imagen: François-Marie Arouet, Voltaire, que tanto definiera a infinitos e hilarantes inocentes como en “Candide”

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McLaren is dead.

mclarenJubileo de 1977, 7 de junio, McLaren prepara su burla a la monarquía y a todo un país que hace de séquito. Unos alocados chicos hacen el resto sobre el pequeño barco que recorre el Támesis frente a Westminster.  El genio no era sino un espabilado que manipulaba a pequeños rebeldes.

   Rotten, hoy Lydon, no sabía por qué provocaban situaciones tan extremas en sus conciertos. Eran los Sex Pistols. Eran el producto del presuntuoso y afectado Malcolm McLaren.

   Pero los niños no jugaban sólo para él: Matlock, verdadero bajista del grupo, es expulsado por escuchar demasiado a los Beatles y considerar peyorativamente el hecho de hacer versiones de algunas canciones para él “intocables”.

   Entra teledirigido por McLaren y Rotten: Sid Vicious, que tocaba el bajo al intentar enchufarlo y nada más. Todo era diversión con su amigo Rotten, hasta que entró en la vena del nuevo bajista una repelente yonki yanqui.  Un suicidio lento, como dice hoy el inteligente Rotten-Lydon, un suicidio lento con el que quería llevarse a alguien más consigo.

   El resto es sabido: Vicious mata supuestamente a su novia; en la cárcel sufre múltiples violaciones; su mamá hippie al salir en libertad bajo fianza le da su pase al olvido de sus fechorías y penas. Mamá dio una heroína muy pura a su hijo. El niño muere por sobredosis de la jodida heroína.

   McLaren lo observaba todo entre bambalinas, o eso creía. Los niños seguían trasteando, pero se estaban haciendo mayores. Rotten se fijó en las garras de la avaricia inabarcable de McLaren y se largó antes de que Vicious comenzara su declive en el Chelsea Hotel. Los demás aún le tenían como “un buen mánager”. No, lo que era y ha sido es un monstruo avaricioso. “God Save the Queen” resultó ser judicialmente obra de Rotten. Éste se ganó una dulce venganza tras años de ser ninguneado por McLaren.

   Lydon es un auténtico genio. Inteligente y mordaz. No sólo creó su grupo, P.I.L., que más o menos nos puede gustar en su tono “post-punk”, pero lo creó. También ha trabajado en solitario. Así lo hace en la caja tonta americana o inglesa, según donde paguen.

   Matlock sigue tocando el bajo como se debe tocar. Steve Jones tras hacer apariciones musicales efímeras como en Neurotic Outsiders, atravesó su propio calvario con la heroína y lo superó. Hoy sólo le sobran kilos y tiene un programa de radio en Los Ángeles, amén de ser mánager de algunos grupos jóvenes.  El batería, Paul Cook, vive formalito con mujer e hija. A veces se anima en las ficticias reuniones de los Sex Pistols.

   Pero McLaren ha muerto. El mismo creador que se vio superado por lo creado, la vieja historia, en este caso nunca más justificada que nunca. El avaricioso que tras ser descubierto como tal por los ya ex-Sex Pistols deambuló inventándose un baile nuevo a modo de pose cuando se quedó solo…nunca consiguió tanto dinero como el que descaradamente robó a los chicos de los  Hammersmith y Sheperd’s Bush londinenses.

   Siguió diciendo memeces, “yo los creé como un escultor moldea su obra”. El final es para todos igual y él no iba a ser una excepción. McLaren ha muerto, el punk en parte ya lo hizo, pero su creación ya no lo era tanto. Lo que quede de ella, para nada.

 

Iñaki Oneca Agurruza.

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Sospechoso

Pero no por sospechoso algo no es sabido, popularmente sabido al menos por estos pagos.

  Carlos Dívar – a la sazón presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo – en Iruña el pasado viernes 19 de marzo:

“Hay intereses soterrados con respecto a las bandas terroristas que tendrán que salir a la luz porque, a veces, corregimos la tela de araña pero no corregimos la araña, que vuelve a tejer”.

     Algo que muchos sospechábamos lo dice alguien que, como a quien suscribre, es difícil de confundir con los “salvapatrias” autóctonos y sus voceros “ilegalizados” con ansias de filólogos sin carrera.

  Es simplemente triste, ver a niñatos hacer el caldo gordo a quienes están deseosos de que sigan igual. Y todo ello con asesinatos de por medio.

  Simplemente triste.

  Simplemente sospechoso. 

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Infierno político.

 Salgo de un céntrico piso envuelto en mil pieles grisáceas y húmedas que, no hace tantas horas, se veían teñidas de agua y nieve. Intento, lo juro, lo intento con todas mis ganas y por san Bertrand Russell que estás en mi biblioteca, no dejar que tal vestimenta incida en mi humor.

 No, ya salí del trabajo. El gris, el viento polar, todo lo dejo ahí abajo, en la calle. Yo, a salvo, sonrío en mi queridísimo y tan pequeño como acogedor “Txoko”, donde la música es ahora la que me envuelve apaciblemente. Los libros hacen de su interminable papel un magnífico envoltorio para quien escribe un tanto cansado por madrugar.

 Y precisamente por esas razones laborales, y porque uno ya nació así, echado en el suelo del salón de casa de mis padres leyendo a tierna edad el periódico de turno tamaño sábana, por todo ello: llego enfermo de actualidad.

 ¿De verdad que este invierno es tan frío como creen?: perdónenme el estar tan metafórico, creo que es una descortesía. Ahora bien, sinceramente, volviendo para mi hogar pensaba que más que invierno climatológico, en lo político es más bien un infierno falto de gracia y aburrido, pero que lleva al hastío y al cabreo en sus más altas cotas.

 Un inane presidente del Gobierno pidiendo, exigiendo, un patriotismo a la oposición para hacer pactos en pro de la nación ante tan horrible crisis. El mismo patriotismo que negó a la misma oposición cuando a ésta se le ocurrió hablar de “crisis” y no de subterfugios como “desaceleración económica” y otras sandeces.

 Y una oposición pacata, mojigata, que mira su rédito electoral y los estipendios sus espabilados que calientan poltrona.

 Infierno político donde uno larga un aullido pidiendo, por favor, que al menos los políticos me mientan bien.

 La que en muchas ocasiones he denominado como “dictadura silenciosa” sigue adelante: trabajadores de la construcción, del sector servicios, del periodismo, del servicio doméstico, de cualquier clase y género, mintiendo u omitiendo que se hallan en el paro o cobrando ignominiosas nóminas…o incluso trabajando sin cobrar.

  El “qué dirán” nunca funcionó tanto malgastando energías físicas y psicológicas a quienes más débiles se hallan en el mercado laboral.

 Pero ya estoy en el “Txoko”, con Voltaire, con Marx, con Platón y Aristóteles, con el enorme Epicuro y con Lucrecio…hace demasiada apatía hoy ahí afuera como para dejar a tan insignes señores y a mi compañera.

 Quede fuera por tanto, sin dejarlo entrar por la “caja tonta” si quiera.

 El infierno político.

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Actualidad.

El tiempo corre que se las pela. Pero no así la actualidad. Escribir sobre tan ingrata dama es un drama. La vida de un artículo, de un post o de cualquier escrito, es más que corta: efímera.

 Y para postre: ingratitud. Uno no recibe sino reproches o comentarios lejanísimos del estilo “¡qué bien escribes aunque no entiendo nada!”.

 Nada, escribiremos como en párvulos y veremos si molestamos igual, porque curiosamente ya me he visto confrontado con cerebros llenos de escasez neuronal haciendo el payaso, sin referirme para nada a tan noble profesión. Básicamente porque el payaso es un valiente que, como el actor de teatro, se enfrenta a un público a pelo. Y con los que yo me he visto las caras no son sino ratas tirando a cobardicas: doble repugnante condición.

 Vaya dedicado este breve post a ellas: ratas cobardes que esputan fluidos y nunca razonan. Vaya dedicada esta carcajada que literalmente ahora suelto a todos vosotros: ¿si no les gusto -me pregunto- para qué me leen, y encima les molesta más en formato “papel”? ¿Lo hacéis para saber qué dice el enemigo? Yo escojo los enemigos con más gusto -mucho más- que vosotros, cariñines.

 Y vaya también dedicado el presente escrito a mis amigos, que todavía los tengo, y a mí, porque también necesito ánimos, ya que la actualidad también mata.

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Música…

musica  Hace años, demasiados, una hermana mía me preguntó si prefería un mundo sin mujeres o sin música. Corrí a responder que sin música: ¡mierda de tradición: ¿quieres más a papá o a mamá, carne o pescado, verdura o legumbre, vino o cerveza, hombres o mujeres?! Tanta jodida disyuntiva no puede, no debe, ser normal.

   Al final mi vida se rige por canciones que me recuerdan a mujeres o por éstas que me recuerdan a aquéllas. ¡Y en cuanto a favoritismos sexuales, por favor! Soy consciente que es perfectamente natural preferir “pescado y carne” o viceversa.

   Pero lo que ha hecho de mí alguien que no fuera un cretino ha sido la música. Ella es The Animals, ella es The Kinks, Beatles, Rollings, Eric Burdon en solitario, The Who, The Doors, pero también Eskorbuto, los Tijuana, MCD, y no me olvido de la sangre fresca y joven como los geniales Jet que ahora escucho.

   Dejo en el tintero a los más antiguos: la inolvidable e inigualable Billie Holiday, Otis Redding, Johnny Cash y tantísimos otros.

   No puedo rendir tributo a todos aquellos que me hicieron pasar ratos tan agradables como una botella de vino o de cerveza (bebidas espirituosas en general). No, y sería un acto realmente repugnante por mi parte olvidarme de los Pistols, de Motorhead, de tantísimos que no hay cuartillas virtuales o en papel donde quepan todos (incluyendo a mi querido Tchaikovsky y sus canciones más melancólicas).

   Si uno es lo que lee, también lo que escucha. Y si algo no te vuelve un idiota pedante es el Rock. Y si algo te recuerda que antes que estudiar a distancia estudiaste en la Universidad de la Calle, ello sólo lo consigue el Rock. Y si algo te recuerda tu primera vez en todo: tenemos la misma respuesta.

   Nada es comparable a escuchar a buen colega –virtuoso donde los haya- dedicarse a tocar el piano la canción que a ti te deje elegir al alimón. Y de oído puro y duro, oigan.

   Si nada hay como un colega que sepa de música, menos aún hay que un colega que sea un perfecto jazz-man. Un tipo que no dejándose llevar por las omnipresentes corrientes musicales del momento, sepa ser un sagrado islote de sano individualismo. De canalla individuo y, sin embargo, amable compañero de ruta de todo aquel que sienta la música con piel de gallina resfriada.

   Nada hay como alguien que se da por entero a algo. Más aún a un instrumento con el que hacer sentir a quien escucha lo que éste desee.

   En mi último caso fue  a Jessy Norman en el Herodes Ático ateniense cantando “Summertime”.

  P.S.: De nuevo truhán, te lo dedico a Vos, querido Juanma. Necesito urgentemente echar unos licores contigo y el piano, el bajo, lo que deba ser…a tu conveniencia. Los Lunnys al sol es algo que me debes… y lo sabes, gañán…

 

Iñaki Oneca Agurruza.

(Para servir al Eterno Motor Inmóvil  Creador sin saberlo y a Vd.)

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A las barricadas por las telenovelas.

 Perdónenme, vaya por delante mi absoluta falta de rigor hablando de tal formato televisivo. De verdad, perdónenme. Pero siendo puro entretenimiento, al cual también tenemos derecho los humanos ante una vida vertiginosa y llena de preocupaciones, también es cierto que dicho producto es susceptible de ser intervenido por papá Estado. En Venezuela, perdón, en la República Bolivariana de Venezuela, así es. El Estado no deja margen a la intimidad, al individuo. Y ahora Chávez la toma con uno de los productos televisivos que más dinero mueve en su queridísima patria: las telenovelas (antaño culebrones, si mal no recuerdo). Y es que el sátrapa quiere que “las telenovelas sean más socialistas“, pontifica.

 No pocos biempensantes ante mi escepticismo por sus proclamas paradójicamente anacrónicas sobre “el socialismo del siglo XXI“, que gritaba como un poseso al lado de una imagen de Jesucristo y de otra del Che Guevara; no pocos biempensantes (cándidos a la manera volteriana, más bien) dieron un giro comentándome su preocupación por querer conformar un partido único. Es decir, hacer del Movimiento Vª República de una coalición a un Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), es decir, un partido-Estado. 

  ¿Pero tan poquito hemos aprendido de la pasada centuria?: era y es la consecución lógica. La perpetuación en el poder de un “tirano banderas” cualquiera pasa, por aquellos pagos, por hacer un partido único a la manera soviética pero con más gracia (el Caribe es el Caribe, señores). El resultado, igualmente, es la aniquilación total del individuo como tal. De su dignidad y de su libertad. Subsumiendo todo ello a la masa: patria o muerte. Amén.

  Tras su asalto a los medios de comunicación opositores -mayoritarios- y la creación de “universidades del pueblo” que son pisos en donde se adoctrina al por mayor, lo siguiente estaba cantado: también la diversión será del Estado. Y la chica de vida disipada socializará sus relaciones sexuales con ricos y pobres por igual (pero más con éstos); el pérfido malo malísimo tendrá nombre y apellidos yanquis y un mote: “El pitiyanqui“; la mujer de la limpieza dará un golpe de Estado aniquilando mocho en mano a todo explotador que le diga que es una cotilla y el pícaro mayordomo que se acostaba con la señora de la casa de al lado a cambio de información, será castrado en plaza pública para mayor demostración de qué hacer con “los enemigos de clase”. Falta -tampoco quiero dar ideas- cómo no, la vestimenta totalmente idéntica de todos los personajes: de uniformado rojo rojísimo (rojo sangre) y boina calada. Hasta cuando una despechada se dé a la bebida será una bebida del Estado, como el asqueroso vodka “de la victoria” que tuviera que beber Winston Smith en “1984“. A veces me pregunto si habrá leído Hugo Chávez dicha obra del bueno de Orwell: me temo que mi conclusión es afirmativa, pero no puede, no sabe leer la crítica a tan odioso sistema que todo lo invade.

  Cámbiese “Victoria” por “Bolivariano” y las próximas telenovelas llevarán tal nombre al igual que el ron, los cigarrillos y los coches que en ellas aparezcan. Mientras, el Bolívar va a ser devaluado y la gente acude en desbandada a los comercios ante la subida de precios de un 50% y el país se ve mermado por la crisis capitalista que tanta barata y bravucona ironía produjo en este Tirano Banderas. Así, los miembros del PSUV se arroparán desfilando con más hambre y más conciencia de clase cantando aquella vieja canción republicana con tintes actuales: “a las barricadas revolucionarias, por el triunfo de la telenovela“.

  Es, para desgracia de los venezolanos, el triunfo de quien quiere convertir su vida en una bolivariana telenovela a modo de nueva caverna platónica.

 P.S.: De bien nacido es ser agradecido, gracias DIARIO DE NOTICIAS: http://www.noticiasdenavarra.com/2010/01/17/politica/a-las-barricadas-por-las-telenovelas

 Iñaki Oneca Agurruza.

 

 

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Morir en el Ulster.

omagh_terror

En Irlanda del Norte, de nuevo, se avivan fuegos apagados: un perpetuo desgajamiento del movimiento terrorista IRA así lo atestigua atendiendo a su historial. Grupo de orígenes decimonónicos, con Michael Collins a la cabeza consiguió un “Estado independiente” insuficiente para los maximalistas del lugar. Dicho grupo también fue la herramienta que empleara en una guerra civil Éamon de Valera, hasta conseguir aniquilar a Collins.

De Valera, viéndose ya en su ansiadísimo poder, consigue su añorada “República independiente” olvidando su reivindicación  sobre los seis norteños condados, que seguirán bajo dominio británico. Pero llegados ya los 60, el IRA norteño (prohibido en la República) no hace sino hablar –como casi todos los grupos terroristas de la época- de la “lucha de clases”, de terminar con la “burguesía” promulgando incluso, la unión de trabajadores católicos y protestantes para conseguir dichos fines. Es el momento del primer gran desgajamiento: un ultranacionalista IRA Provisional (Provos) dan su coup d’etat asesinando incluso a antiguos conmilitones. Es la escisión más duradera, alimentada por el denominado e infame “Domingo Sangriento” que, por la torpeza de los paracaidistas británicos, hizo que el incipiente movimiento pacífico por los derechos civiles quedara arrinconado, en beneficio del reforzado y nuevo IRA. De ahí al “Viernes sangriento”: veintidós bombas en una sola noche sacudieron Belfast asesinando a nueve personas.  Pero el IRA cambió lucha por compromisos en inteligentes y no poco aguerridos  movimientos a mediados de los 90. No obstante y como en toda historia nacionalista, dos grupos nuevos disidentes: el CIRA (IRA de Continuidad) y el RIRA (Real-IRA o IRA Auténtico, como traducimos aquí), hacen su aparición. Grupúsculos extremistas que no entienden de negociaciones, pero sin apoyo popular e incluso con la hostilidad manifiesta de la comunidad nacionalista y católica. Si el antiguo INLA, una especie de Frente de Liberación Nacional de tinte irlandés, era acoquinado en sus propios pisos francos por sus vecinos pro IRA y Sinn Fein, estos nuevos hijos del IRA sufrieron lo propio.

Pero hace un año comenzaron nuevos atentados y yo entonces leía en un interesante reportaje que se había llegado a encontrar en un piso franco a “un decrépito terrorista” contando batallitas a críos ávidos de acción. Críos, hijos de la crisis que a todos nos atenaza, que no conocieron los años de plomo y cruces de atentados entre paramilitares y republicanos.  A tan tierna edad se cree poder vencer la muerte o que ésta es un precioso tesoro guardado para los salvadores de la patria. En su mundo la dignidad individual no existe, sólo la colectividad manda. Hasta la muerte se imaginan, desfilando de victoria en victoria, hasta la derrota final. Es el grave problema que quiere, y todavía puede ser, la violencia en el Ulster: una auténtica guerra civil. Cabe recordar, para mentes obtusas dadas a ver westerns de buenos y malos, las enormes diferencias con lo que por aquí pueda suceder. Cabe recordar cuando se levantaban los diferentes muros para separar barrios enteros en Belfast y otras ciudades, los protestantes o los católicos que tenían que dejar una zona, lo hacían dejando las llaves del gas abiertas para sus nuevos moradores. Y eso lo dice todo un Gerry Adams en su autobiografía “Antes del Amanecer”.

Cabe recordar que por encima de dichos muros, volaban cócteles molotov arrojados por señoras con pinta de amas de casa. Caben recordar también, los comunicados del IRA llamando a la población republicano-católica a no provocar disturbios en los anacrónicos desfiles veraniegos de sus contrarios.

Pero las criaturas que montaron enormes algaradas el pasado año así como atentados contra militares pero, sobre todo, contra agentes católicos de la nueva policía del Ulster (PSNI), no entienden de buscar empleo. Los últimos policías asesinados eran católicos animados a emplearse por la nueva supuesta situación política,  viendo cómo quedaba atrás la sectaria Policía Real del Ulster (RUC). Mas en Milltown Road, el pasado ocho de enero, Peader Heffron de 33 años, fue atacado con un explosivo por sus vecinos católicos. En uno de los últimos atentados del pasado año, en Craigavon, murió otro policía católico a manos de un crío de 17 años de un barrio cercano al suyo. Son, como digo, hijos de la crisis. Niñatos que se creen invencibles o, peor aún, mártires.

No sabiendo morir hacen buenas las palabras del filósofo rumano Emile Cioran: “Los antiguos sabían morir. Elevarse por encima de la muerte fue el ideal constante de su sabiduría”. Nadie cree ya en los antiguos, en el Ulster al menos. Y nadie sabe morir ni pensar en la muerte, algo tan obvio que no es propio de sabios, como defendía Epicuro.

Y todo el mundo piensa, teme, una palabra: Omagh. Muerte.

 

Imagen: Omagh, el Horror. ¿Es bueno tener memoria?

 P.S.: Gracias a DIARIO DE NOTICIAS por su publicación en “papel”: http://noticiasdenavarra.com/2010/01/14/mundo/morir-en-el-ulster y al periódico del mismo grupo, NOTICIAS DE GIPUZKOA:[Enlace roto.]

Iñaki Oneca Agurruza.

 

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