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Archivo para diciembre, 2008

El magnetismo del secundario

viernes, 5 de diciembre de 2008 Sin comentarios

Dirección y guión: Eric Darnell y Tom McGrath. Doblaje original/español: Ben Stiller/Paco León, Chris Rock, David Schwimmer, Jada Pinkett Smith/Belén Rueda. Nacionalidad: EEUU. 2008. Duración: 89 minutos.

Hay una figura literaria que da mucho juego; la del eterno segundón. Se trata de ese personaje que, pese a ser brillante y competente, pese a poseer maestría e incluso virtuosismo en su oficio, se ve eclipsado por la brillantez de quien le precede. Haga lo que haga, sus obras carecerán del resplandor de lo auténtico y lo original. Imite a quien imite, sus trabajos no podrán desabrocharse de ese lastre de ir por detrás. Esa sensación es la que trasmite, filme a filme, el reconstruir de Dreamworks frente al crear de Pixar. ¿Cuestión de talento? No sólo eso. El sello de Spielberg, Dreamworks, se comporta como esos clubs poderosos que todo lo fichan, todo lo quieren, todo lo compran pero sin que eso alcance, independientemente de las recaudaciones en taquilla, a superar al modelo de referencia. Se está por detrás porque se sigue la estela de otros. Puro Perogrullo en vena.

La gente de Pixar no hace cine para niños y mayores, simplemente vive las historias con una pasión que implica hasta al último empleado de la factoría; en consecuencia hasta el último espectador se contagia. Frente a Pixar, Dreamworks se mueve como una máquina creada para arrasar.

Madagascar 2 es eso. Un filme que ni siquiera acontece en donde su título indica. Una aplicación astuta de todos los ingredientes necesarios para conseguir una solvente película. Más digna en su deriva que lo acontecido con Shrek , Madagascar 2 mezcla en su armazón argumental altas dosis del Disney clásico con el cine posmoderno del guiño y el metalenguaje. La estrategia es simple. Sobreentendidos para complacer el ego adulto y obviedades para absorber el favor de los niños.

Lo que suele acontecer es que, aquí, rara vez se produce la fusión deseable. Es decir, donde ríe el padre, el hijo no se entera; y donde el niño se sumerge, el adulto no penetra. No obstante, como los medios son altos y los empleados buenos, cada cosa por separado aporta calidad. Música, animación, voces -originales y/o dobladas-,… En fin, estamos ante el mainstream del final del año 2008; huérfano de la capacidad emblemática del legado Pixar, pero tocado por la vara de hacer oro del rey de Hollywood, Steven Spielberg.

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Salvado por el instante decisivo

viernes, 5 de diciembre de 2008 Sin comentarios

Dirección: Howard McCain. Guión: Dirk Blackman y Howard McCain. Intérpretes: Jim Caviezel, Sophia Myles, Jack Huston, Ron Perlman y John Hurt. Nacionalidad: EEUU y Gran Bretaña. 2008. Duración: 115 minutos

Sin desvelar la trama argumental, conviene hablar de lo que podríamos denominar «el instante decisivo». Con eso me refiero a esos breves segundos en los que se produce el encuentro entre dos personas y con él, el descubrimiento del otro. Descubrimiento que implica el nacimiento del amor, el comienzo del odio o el principio de la amistad. Algunos lo explican acudiendo a la metáfora del velo rasgado. El caso es que no hay película notable que se haya construido sin, al menos, sugerir que entre sus protagonistas, en algún momento, surgió ese relámpago, ese punto de ignición en el que una chispa acabó provocando un incendio. Ese instante decisivo lo resuelve Howard McCain con un doble golpe y a través de un rito simbólico. En él se abrasan Kainan, Freya y Wulfric. Kainan es un soldado de apariencia humana pero venido del espacio al mundo noruego del siglo VIII. Wulfric es un joven príncipe vikingo, impulsivo, irreflexivo y violento. Y Freya es una heroína concebida con los rasgos del anime japonés, o sea activa y la base de un triángulo de deseos, rivalidades, amores y sacrificios.

La liturgia con la que Howard McCain escenifica ese instante decisivo consiste en una carrera sobre los escudos vikingos sostenidos por feroces y bien regados guerreros. Es un juego de equilibrio, de habilidad y de valor en el que los tres personajes se rozan conocedores de que, a partir de entonces, sus vidas han cambiado. Posteriormente, Howard McCain se servirá de ese ritual para (re)construir con él, la trampa con la que detener al monstruo que Wulfric trae consigo en su nave espacial.

Estamos ante un delirio épico deudor de Beowulf -una saga que bordeó el ridículo en manos de Zemeckis y la tecnología digital-, y saqueador del legado de Depredador y Alien . Y en algún modo, su naturaleza responde a ese maridaje ¿imposible? entre la ciencia ficción y los cantares de gesta que magnificaron el reino de Odín.

Más cerca de El guerrero nº 13 que de los despropósitos tipo Tristán e Isolda , Outlander cultiva secuencias vibrantes, personajes que sin perder su función de arquetipos muestran pliegues humanos y un concepto narrativo capaz de aunar lo sugerente con lo divertido.

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