La farsa

La farsaFarsa: Pieza cómica, breve por lo común, y sin más objeto que hacer reír.

R.A.E.

El pasado miércoles el diputado por Navarra Sabino Cuadra denunció, en nombre de su grupo parlamentario, la farsa que ha supuesto el relevo monárquico español basado en la Constitución del 78 y amparado en los votos del Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español y probablemente, y más a la vista de los resultados de las recientes elecciones europeas, no le falte razón.

En un estado en que el bipartidismo se desploma por momentos, en que el 70% de la población no ha votado una constitución que se mantiene inalterable desde hace más de treinta y cinco años y se utiliza como trinchera para evitar cualquier cambio en el statu quo salvo cuando interesa a los dos partidos supuestamente mayoritarios, en el que el consenso constitucional está quebrado por la falta de cintura democrática del gobierno con las aspiraciones de Catalunya, el modelo de estado no es una cuestión baladí y es uno de los varios temas que exige un refrendo urgente de las urnas.

No era la sesión del miércoles, probablemente, en la que ninguna de las reivindicaciones del grupo parlamentario de Amaiur fuera a ser escuchada, y mucho menos atendida y es fácil de comprender la frustración de sus componentes. Más discutible es si la salida de tono o el grito extemporáneo van a ayudar en algo a que esto, algún día, pueda ser así. No se yo si la mejor respuesta a una farsa es la ópera bufa.

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La ceremonia de la confusión

IbarretxeEn mi anterior artículo “Porque no estuve en el Gure esku dago” intentaba hacer una reflexión sobre los motivos que me llevaron a no acudir a la cadena convocada por el derecho a decidir, algo que me resultó especialmente difícil y más teniendo en cuenta que soy un firme defensor de tal derecho.

Entre las críticas que ha recibido mi planteamiento, algunas tengo que reconocerlo de compañeros de militancia política, ha habido una que ha llamado poderosamente mi atención por venir de quien viene; miembros de la propia Plataforma GED, y por su contenido; acusándome de no haber entendido el sentido de Gure esku dago aludiendo a su carácter apartidista y remarcando la apertura de la iniciativa a cualquier proyecto de país.

Dejando al margen la honestidad de los impulsores de GED, que doy por supuesta, creo que es necesario remarcar un punto clave que la plataforma ha pasado por alto y es que cuando se reivindica un derecho es absolutamente imprescindible determinar quién es el sujeto de tal derecho y cual su objeto, y siento darle la razón en esto a Patxi López pero es que la tiene. Yo puedo reivindicar mi derecho a vivir en mi casa pero tal derecho tiene un sujeto; yo mismo, y un objeto; mi casa, y en absoluto es extensible a mi vecino de abajo por muy buenas relaciones que tenga con él.

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Porque no estuve en el Gure esku dago

GureEskuAyer el nacionalismo vasco escenificó, con bastante éxito por cierto, su apoyo al derecho a decidir, o, al menos, eso es lo que quieren hacernos creer sus organizadores. Yo que me declaro abiertamente nacionalista vasco no estuve en el Gure esku dago, y no estuve porque entiendo que lo que se escenifico ayer no fue un apoyo masivo al “derecho a decidir” sino un apoyo masivo a la idea de una parte de la sociedad vasca de construcción nacional que no es la mía.

Hoy, ya bien entrado el S.XXI la sociedad vasca es principal y mayoritariamente una sociedad mestiza, tanto en lo étnico, como en lo político o lo cultural pero sobre todo en lo identitario y por ello las soluciones al llamado conflicto vasco solo pueden pasar por aceptar ese mestizaje y aplicarlo. La mal llamada unidad abertzale no es más que un eufemismo para camuflar un proyecto nacional desde la confrontación de identidades y la imposición de una soberanía sobre la otra de las dos, como mínimo, que componen la geografía política vasca, y eso solo lleva, una vez más, a la exclusión de la mitad de los vascos y a la prolongación del conflicto.

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Las bases de una nueva Constitución

placa-monumento-fueros“Nosotros, los vascos de hoy, nos hemos reunido aquí en inmortal recuerdo de nuestros antepasados, para demostrar que queremos seguir manteniendo nuestra Ley”

Monumento a los Fueros. Paseo Sarasate. Iruña

Decía en mi anterior artículo que es hora ya de ir abriendo un nuevo proceso constituyente y eso ha suscitado cierto debate sobre si a los nacionalistas vasco navarros nos interesa participar en ese proceso o es algo que nos resulta ajeno, ya porque hay quienes opinan que lo que hay que abordar es el proceso constituyente propiamente vasco o quienes lo hacen apoyando la ponencia de autogobierno que ha puesto en marcha recientemente el Parlamento Vasco.

No voy a ser yo quien ponga en duda la utilidad de ambos procesos ni quien minusvalore los esfuerzos que conllevan, pero creo que las dos iniciativas están abocadas al fracaso, y me explico…

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Es hora de abrir un proceso constituyente

presidentesAyer, treinta y nueve años después, se cerró el ciclo político abierto a la muerte del Dictador y que ha respondido a aquel último mensaje que en un ejercicio de cinismo digno de mejor causa el régimen agonizante denominó el “Testamento político del Caudillo” y en el que sin ningún rubor el oscuro personaje no tuvo inconveniente en decir “lo dejo todo atado y bien atado”

Sería ridículo decir que el proceso que siguió a su muerte no significó cambio alguno, los hubo y abundantes, pero sería igualmente inapropiado decir que la transición supuso el paso de la dictadura del nacional catolicismo franquista a una democracia homologable. No fue así. La monarquía, la judicatura o las fuerzas de seguridad del estado quedaron como herencias del viejo régimen y han perdurado hasta nuestros días.

Así mismo, el proceso constituyente español no fue lo que hoy denominaríamos un proceso transparente y democrático pues se realizó desde un chantaje permanente a quienes hasta ese momento habían sido oposición y bajo la sombra alargada y el eco de los sables que aún resonaban en los cuarteles. Con todo, el avance en cuanto a libertades y derechos fue lo suficientemente significativo como para que pudiésemos hacer oídos sordos a sus notables carencias.

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