Constitución vs Fuero

Soberanía“Pues hay muchos en España que trabajan con malicia porque sea la Naparra como las demás provincias”

Paloteado de Monteagudo. S. XIX.

 

Hay días en que no te acercas al teclado porque sientes que no tienes nada nuevo que escribir, mientras que otros, un simple tuit, a las siete de la mañana, despierta una cascada de sentimientos y argumentos que te impelen a dejar por escrito y con orden ese batiburrillo de de ideas.

Eso me ha pasado esta mañana con un periodista pamplonés y un parlamentario foral de IE a raíz de la anulación por parte del Tribunal Constitucional de una Ley Foral aprobada por el Parlamento de Navarra sobre la que ambos debatían sin que las hojas de lechuga les dejasen ver el magnífico trozo de bonito bermeano en el fondo de la ensalada.

Y el bonito bermeano, más en este caso piquillo de Lodosa, era, como no podía ser de otra manera cuando debaten soberanistas; el Fuero, o la legitimidad del Tribunal Constitucional, obviando la adicional primera por supuesto que parece que con el sueldo que les pagan tan ilustres magistrados no tienen tiempo para llegar a los artículos finales, para anular una Ley emanada de un Parlamento Foral, al margen claro está de la conveniencia o no de la Ley que era la hermosa lechuga en la que andaban entretenidos.

La verdad es que cualquiera que haya leído alguno de mis habituales artículos fueristas, que no foralistas por aquello de la verdura a la que tan aficionados fuimos los navarros en otros tiempos, sabrá que no soy yo partidario de soberanismo alguno y que conceptos como la independencia, la soberanía nacional o los derechos colectivos, ya sean de la España inmemorial, de la dinastía de los Albret o del pueblo trabajador vasco, me dejan más bien frío dado que su música me suena muy parecida a aquello de la unidad de destino en lo universal… y a mi esa música nunca me supo levantar.

Soy yo más de derechos individuales y de libres asociaciones, que yo también me quede en los primeros capítulos de Rousseau cuando decía aquello de que

«El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado»

que le vamos a hacer…

Pero en el hipotético caso de que asumiese como propio tal concepto con lo que me situaría en el mismo nivel de debate que unos y otros, política ficción desde luego, hay una cosa que me llama poderosamente la atención, que no es otra que el soberanismo “Pret a Porter” del que hacen gala unos y otros para arrimar el ascua a su sardina, en este caso menos bermeana y más de aguas menos bravas y más cálidas.

Parece evidente que el concepto soberanía nacional no es más que la transposición de un concepto feudal y medieval como la soberanía del Rey al estado moderno justificando así unidades políticas que no tenían otra legitimidad que el “derecho de pernada” o la imposición por las armas en base a no se que voluntad general, algunos si que llegaron a los últimos capítulos de Rousseau, que curiosa, o convenientemente, jamás fue consultada.

Aún aceptando la existencia de esa “voluntad general” que supone la soberanía nacional habrá que recordar a nuestros sesudos españolistas, esta vez los de la IA se salvan porque creen en la misma falacia pero le cambian el sujeto de derecho, que esta fue introducida en el imaginario, me cuesta llamarle cuerpo legislativo, hispano en la Constitución de Cadiz de 1812, la popular Pepa de tan castizo nombre español y madre de todos los engendros que le siguieron, sin que por lo visto afectase a los territorios históricos forales dado que con mas pena que gloria mantuvieron sus fueros, su Constitución, hasta la Ley Abolitoria, asumiendo así la existencia dentro del Estado Constitucional Español de “otras” soberanías, por lo menos hasta 1876.

Pero si el origen de la soberanía nacional española data de 1812, o eso o que Viriato fue el fundador de la nación española lo que casa mal con su origen lusitano por mucho que se empeñe RTVE porque la versión que explica a qué dedicó el creador el 7º día esta ya un poco trasnochada, y la pérdida de las soberanías bizkaina, alavesa o gipuzkoana se produce en 1876 y la Navarra en 1841, tendremos que concluir que el concepto que con tanta alegría manejaba ZP (el ”juntos vivimos, juntos decidimos” de cuando el Plan Ibarretxe que tanto éxito tuvo en la capital de la Villa y Corte y que a mi me dejo “pegao” al sillón, estupefacto, ante la majadería) en sus días de gloria, Mariano, en esos y en los otros que suelen ser muchos más, o la inefable Rosa Campeadora, no es más que una solemne impostura, puesto que no encontraremos en la historia posterior de España ninguna consulta a los vizcaínos, alaveses, gipuzkoanos o navarros, como cuerpo soberano propio, en la que renuncien a su soberanía original, luego esta ha sido impuesta por la fuerza y es ilegítima.

Si el Fuero nos protegió como personas individuales y hombres libres de la soberanía real, propia o ajena, lo mismo nos servirá para ponernos a salvo de la soberanía nacional española…

Y si se tercia, de la del “pueblo trabajador vasco”, sea eso lo que quiera ser…

Ander Muruzabal

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2 comments

  1. Los Fueros nos protegían, mientras que la Constitución protege a la Monarquía y al estado frente al ciudadano.

  2. Interesante artículo. No me he despegado de mi sofa

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