Locura transitoria

Es martes y…

“Cuando los locos seamos mayoría los locos serán ellos”.

Pertenecemos a esa especie singular que se lo cuestiona todo, que derriba muros, que mastica rabia. Somos del mismo lugar que la palabra, que la sed, que la rebeldía. Llevamos el cartel de “molesten” colgado en las pestañas porque no podemos coser nuestros labios, porque no debemos cerrar nuestros ojos. Nos llamarán locos, nos creerán mudos, nos sentiremos vivos, nos alzaremos libres.

Circo de trapecistas sin domador. Un Rato en el barco mientras brilla el sol. Los manguitos puestos, que no se hunda el señor, y después del baño un poco de baba de caracol. A la noche cena en la suite con los colegas. El banquero, el juez y el hermanastro. Mientras tanto, sangran decenas de ideas presas, y los locos seguimos siendo nosotros.

El amigo del de antes llevaba las cuentas. Tan leal que nadie miraba por los rincones. Tan sutil como el cuento de cenicienta. Tan mordaz como el ruido de unos tacones. Sobraba soberbia entre sorbos de champán, entre sobres sobresueldos cortesía de los otros. Ahora, resulta que nadie conocía la verdad, y los locos seguimos siendo nosotros.

El cielo aparece como un eco de metralla. Llueven cataratas de fuego en cada hospital. La tierra ya no es promesa, es una batalla, y la estrella en la bandera una bala criminal. La televisión nos oculta el crimen diario, juegan a vender el humo que no regalan sus rostros. Mientras tanto, cada día toca hacer el inventario, y los locos seguimos siendo nosotros.

En equilibrio

Es martes y…

“La vida es como una tela bordada, nos pasamos la primera parte de la vida en el lado bonito del bordado, pero la segunda parte de nuestra vida la pasamos en el otro lado. Es menos bonito, pero vemos cómo están dispuestos los hilos”.

Se trata de perdurar en la inocencia del cautivo. De lograr la pausa inquieta de cualquier conquista. Se trata de sumar fuerzas en pos del colectivo, sobre la fina cuerda que traza el equilibrista.

Es una cuestión de crecimiento en positivo. De desenredar cada tristeza decadente. Una búsqueda del manual del atractivo desembarco en la estación del sonriente.

Se trata de alcanzar la lucidez sin perder la rebeldía. De reposar los sueños sin dejar que echen a volar. Se trata de resolver los enigmas del día a día, de subir las escaleras para ver a Peter Pan.

La respuesta, a fin de cuentas, está en recuperar la melodía. Renacer en cada instante que vivimos. Porque, hoy, respira el faro que nos guía, y nos recuerda que, simplemente, somos porque fuimos.

Quizá nos quede mucho por rodar, reír al amparo de algún desliz. Por ser humo que, como viene, se va, solo nos queda el reto de ser feliz.