La reconquista

Es martes y…

Fueron ellos, desde el ágora ateniense, los que nos ofrecieron las primeras lecciones de convivencia y ciudadanía que rompían con las antiguas formas de organizar una sociedad. Y es ahora, precisamente desde Grecia, desde donde nos llega la última bofetada democrática a los oscuros poderes europeos. Dicen, los que saben, que, el que tuvo, retuvo.

La contundente victoria de Syriza está tan rebosante de contenido que deslumbra a primera vista. El pueblo griego vuelve a reencontrarse, tras un agónico paréntesis, con su vieja aspiración de hacer del mundo un lugar mejor. Han prendido en la hoguera de la dignidad las banderas del miedo que asomaban desde la Europa acartonada, y han colocado en su cumbre la mayor de las sonrisas. Cuando nada queda por perder, queda todo por ganar.

Es el fin de la locura gobernada con monedas. Es el fin de los que parten y reparten el pastel. Es el fin de sus pisadas ciegas por nuestras veredas. El fin de la mano invisible que ha rasgado nuestra piel.

Es el inicio de un sueño que se agolpa en las pestañas. El nacimiento de una nueva corriente contagiosa. Es el aire fresco que ha limpiado las legañas, que afeaban la mirada de una deuda maliciosa.

Cuando las barbas de Samarás veas cortar, ya sabes, Mariano, lo que te va a tocar.

Trance definitorio

Es martes y…

A alguien se le ocurrió decir, una vez, que era preferible la peor de las democracias a la mejor de las dictaduras. Como principio inspirador de un planeta feliz, lo compro. Ahora, tan solo falta definir definiciones, aclarar aclaraciones y llenar de sentido cada palabra.

Puestos a completar la frase, también prefiero un lugar donde se garantice el derecho a una vivienda, aunque el viento asome por sus paredes, a otro en el que lo garantizado sea el privilegio de deshaucio. Prefiero una educación universal y gratuita hasta el final, a una que apeste a negocio de unos pocos y prebenda de los de siempre. Prefiero diez manos compartiendo una barra de pan que una mendigando entre la usura.

Me gusta más el son en una plaza que el llanto más afinado, mucho más el hermano que abraza que el que mira hacia otro lado. Compro una mirada huérfana de sesgo que camine en colectividad, que huya de cualquier prima de riesgo, en busca de la amiga libertad.

Sigo sin encontrar acomodo a este, asentado, que otros pregonan, estado de tolerancia, sin barnizar y con carcoma.

Cosas de este mundo

Es martes y…

Deleznable, repulsivo, ruin, mezquino y cientos de sinónimos más que alargarían la lista innecesariamente. Con adjetivos como éstos se podría calificar el ataque sufrido por el semanario satírico “Charlie Hebdo”. Absolutamente nada puede justificar el asesinato de una persona, no existe retorno capaz de compensar una insensatez cometida a punta de pistola. Partiendo de esta base, el resto está por escribir.

El teatro representado, por decenas de gerifaltes mundiales, en las calles de París, ha arrollado los escasos gramos de decencia que ululaban por sus cerebros. Pasear careto por la cabecera de la manifestación implica asumir que existen personas que son más personas que otras, implica hacer piña en torno a una frontera occidental donde, fuera de ella, todo vale.

¿Acaso vale más la vida de un francés que la de un libio? ¿Acaso pesa menos el desconsuelo en Oriente? ¿Acaso saltan las alarmas por un niño sirio? ¿Acaso no ha mirado hacia otro lado, presidente? Dicen hablar en nombre de lo bondadoso, en pos del pluralismo más auténtico. Luchan contra el integrismo religioso, con las armas del fanatismo económico.

Cada imagen alimenta, de dolor, una xenofobia enmascarada. Lo valioso no es la raza ni el color, sino el brillo que atraviesa una mirada.

Propósitos de año nuevo

Es martes y…

Como cada año, estos primeros días se ven repletos de objetivos a conquistar, de metas a atravesar y de deseos cargados de utopía. Somos animales de costumbres, insistentes en la misma piedra. Somos creadores de una cumbre, que en su propio retortero medra.

Hagamos deporte una vez al día, reforcemos los lazos de humanidad. Que se evaporen las falsas melodías y los malos humos de la vanidad. Pongamos a dieta a la sed de venganza, evitemos la sal que escuece en la herida. Llenemos nuestra hucha de esperanza, e invirtamos en la esencia de la vida.

Aprendamos el idioma universal, el idioma con el que los dioses cantan. Musicalicemos la espina dorsal, que se esconde al filo de nuestra garganta. Regalemos emoción a flor de piel, lo que se intuye con los ojos cerrados. Escribamos los recuerdos en papel para que nunca huyan de nuestro lado.

Que no pase inadvertida la sonrisa, que no pase de moda la libertad. Que en este mundo que gira tan deprisa, haya tiempo para un poso de amistad.