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El concepto de Europa en recesión

viernes, 20 de junio de 2008 Dejar un comentario Ir a comentarios

No solo la economía europea se acerca a la recesión; también el concepto en sí de Europa. La no ratificación del Tratado de Lisboa por parte de Irlanda nos debe hacer pensar acerca del rumbo que estamos llevando. Cuando yo era pequeño, acogí la entrada de España en la Comunidad Económica Europea con gran ilusión por todas las ventajas que se nos prometían. Pocos años después acogí con igual ilusión el Tratado de Maastricht que prometía convertir una simple comunidad económica en un espacio social europeo. De hecho, parte de la convergencia de España con Europa es debida a los fondos de cohesión que el gobierno español de Felipe González supo defender con tesón; así que no es de extrañar que para mí y para muchos españoles, durante muchos años la idea de Europa ha estado asociada con el estado del bienestar.

Sin embargo, en los últimos años se viene dando la situación inversa: el europesimismo. Después de que el Consejo de Ministros de Trabajo de la UE haya aprobado la norma que permite la jornada laboral semanal de 65 horas, yo ya me he pasado al bando de los europesimistas. En la actual situación, tiene total sentido oponerse a un Tratado de Lisboa que convierte Europa en un espacio de liberalismo económico afiebrado.

Cierto es que las causas del no irlandés son variadas, pero no cabe duda de que una de ellas es la poca democratización de las instituciones europeas, y más allá de esto, el sentimiento muy generalizado de que esas instituciones no representan los intereses de los ciudadanos. La idea de que veintisiete jefes de gobierno o ministros deciden desde un vasto conglomerado burocrático el futuro de 497 millones de personas, y que lo que deciden suele estar determinado más por la idea de Europa como empresa multinacional que como confederación de países, es lo que está alejando cada vez más al ciudadano europeo de sus instituciones comunes.

Merece la pena leer este fragmento de la entrevista con Vaclav Havel el pasado 10 de septiembre de 2007:

Europa tiene que darse cuenta de que posee integridad y fuerza. Ha sido en suelo europeo donde se han pensado los derechos humanos, las libertades civiles, la democracia y el estado de derecho; ha sido desde aquí desde donde luego fueron comunicados a los cuatro vientos, a veces violentamente. Pero luego la propia Europa a menudo lo olvida y deja de practicarlos. Esta tendencia es algo que, por otra parte, puede contemplarse incluso hoy. Estoy pensando precisamente en la política de appeasement.

Si la Unión Europea se vuelve hacia sus propias raíces espirituales, no hay que temer por su futuro. Lo más triste sería que de la fantástica oportunidad histórica que supone la Unión Europea quedara sólo un montón de discusiones sobre la subida de los impuestos, las cuotas, las promociones y las aduanas. La Unión Europea no puede comportarse sólo como si fuera una gran agencia que da ayudas a sus estados miembros.

Creo que resume perfectamente el momento de crisis en el que se encuentra la Unión Europea. Puede aplicarse a las 65 horas, al internamiento de inmigrantes en campos de concentración durante 18 meses, etc.

Europa sigue oscilando entre el modelo de confederación, inestable al fin y al cabo, y el de una federación de estados, que es al que hay que tender. Sin embargo, los europeístas no queremos tender hacia una simple federación de mercados en la cual el papel de la unión europea sea el de mero desregulador. Los europeístas queremos que la Unión Europea sea la punta de lanza de la defensa de una forma de vida basada en el bienestar de las personas, en el respeto a los derechos humanos, etc. Todo eso es incompatible con las decisiones que se están adoptando en la UE y no debe aceptarse ningún tratado constitutivo que no enfoque correctamente los derechos de los ciudadanos.

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