200kms por la médula espinal de Europa.

La Historia y la niebla son hasta el momento las acompañantes en la VIA FRANCIGENA. Y el fútbol. Europa no se construye con euros. Se construye con recuerdos imborrables en el subconsciente colectivo de todos los muertos en batallas de las grandes guerras. Así lo recuerdan los monumentos que tanto en Inglaterra como Francia ocupan calles y carreteras de pueblos grandes y ciudades pequeñas.

Al igual que el eje central de la VIA FRANCIGENA, la Chaussée Brunehaut, la actual carretera francesa, D341, en recta natural de más de 100kms que aprovechó en su origen la columna vertebral trazada por los romanos en tiempo de Julio César hasta llegar más allá de la Galia. Incluso más allá de las aldeas no conquistadas.

Una semana de niebla intensa, de campos de colza, lino, avena, trigo y remolacha dan para pensar en que lo que importa es el momento presente. Una semana de contacto con la gente y de hospitalidad, dan para pensar que Europa no la hacen los políticos ni las monedas. La hace la buena voluntad. Y punto. Europa existe si existen personas que te dan de dormir y de comer gratis tras acogerte en tu camino. Y esa Europa existe. Pero hay que rascar muy dentro. En la médula espinal. En los paisanos que te invitan a una copa de Calvados, en las monjas que te dan de cenar como si fuera la última vez, en el bigote del señor que se mueve al compás de los labios mientras te señala la dirección correcta.

Hemos olvidado ser hospitalarios porque tenemos miedo. Tenemos miedo porque hemos olvidado ser nosotros mismos.

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