REMEMBRANZA. La performance como autococimiento.

 

 “Huck piensa que mi diario no tiene precio: el punto de vista de la mujer, lo biológico separado de lo ideológico en mí. Psicología femenina revelada (la protección de la mujer, agresiva como una tigresa cuando defiende a sus cachorros. Ninguna masculinidad, pero todo cuanto tiene de positivo sería tomado por masculino).”

Anaïs Nin

 

Desde 1931, tras una intensa aventura amorosa con Henry Miller, Anaïs Nin dedica su vida a la búsqueda del amor perfecto. Una quimera que narra en sus diarios construidos con palabras tan evocadoras como valientes porque Anaïs se muestra provocadora, erotizada y hasta cruel, al tiempo que se revela como un ser frágil y expuesto a los constantes desplantes de sus amantes. Ella afirma convencida que “todo cuanto (la mujer) tiene de positivo sería tomado por masculino.” La constante necesidad sexual es masculina. La capacidad para dominar al otro es masculina. La crueldad en el trato a quien se quiere es masculina. La capacidad de diferenciar lo biológico de lo psicológico es masculina. ¿Es esto cierto? No lo es. ¿Son estas afirmaciones válidas? No lo son.

Sin embargo, hoy en día muchas mujeres siguen sintiendo la necesidad de (de)marcar sus papeles en el entorno en el que se mueven teniendo muy en cuenta que lo que se ve positivo en un hombre no tiene el mismo cariz en una mujer porque no se puede ser una madre erotizada, una novia cruel o una jefa dominante. Bueno, se puede siempre y cuando la piel exterior no revele de forma rápida y directa ese papel, siempre y cuando no se vea a primera vista cómo es una misma y, sobre todo, quién es. Y si hay algo que ayuda a ser muchas dentro de una esto es el maquillaje, el aliado perfecto para cubrir de pieles falsas la verdadera piel.

IMG_1327El maquillaje en la mujer representa un escudo de protección mayor que la propia ropa. Personalmente siempre me ha asustado mucho más que un amante descubra mi rostro cansado y sin maquillar a la luz del alba que la posibilidad de que el sol le muestre las imperfecciones de mi cuerpo, que la noche y las sábanas me ayudaron a cubrir. Porque en el rostro está todo. El cansancio, el miedo, los desamores, la inseguridad siempre se muestran en la piel por muy feliz que te sientas en ese preciso momento. La piel es tu pasado y como tal tu carta de presentación en el presente. El maquillaje se transforma así en nuestro aliado sin darnos cuenta de que es también nuestro peor enemigo porque nos aleja de nosotras para obligarnos a entrar en una clara dependencia emocional. Y sobre todo, porque nos hace pensar que somos capaces, a golpe de brocha, de esconder lo que somos y crear una nueva mujer. La mayor trampa es querer ser otra olvidándose de seguir construyendo en el presente la verdad de una misma.

El pasado mes de marzo Ana Rosa Sánchez y una servidora fuimos invitadas por Amelia Aguado, directora del Museo de Arte Africano de Valladolid, a participar en la programación de la Bienal Miradas de Mujeres 2016. Nos resulto sencillo seleccionar el tema de la performance a presentar dentro de dicho festival ya que hace tiempo que habíamos hablado sobre la necesidad de trabajar sobre el uso del maquillaje.El entorno era perfecto ya que la sala que nos propusieron para accionar está rodeada de máscaras que representan seres mitológicos desarrollados en la cultura africana desde ropajes y maquillajes de una enorme complejidad. La máscara como herramienta para inventar otros seres. El maquillaje como vehículo para escapar de la realidad.

No os voy a negar que cuando llegamos a Valladolid y entramos en esa sala las dos nos sentimos fuertemente impresionadas. Ana y yo nos entendemos ya con solo mirarnos y las dos nos dijimos sin hablar que el espacio podía llegar a devorarnos. Una de las cosas más bellas de la performance es la relación que el artista establece con el espacio en el que acciona. En este caso, la presencia de arte africano y la luz baja y en cierto modo teatral, nos hicieron sentir más pequeñas, algo frágiles y con la sensación de que no podríamos conectar con el público.Sin embargo, preparar la sala nos ayudo poco a poco a sentirnos parte del museo.

REMEMBRANZA propone una acción sencilla y de cierto corte poético (terreno en el que yo me siento más sincera y generosa) en la que reflexionamos sobre la utilización del maquillaje como herramienta de construcción sobre la identidad de la mujer. ¿Qué supone para nosotras maquillarnos diariamente? ¿Somos conscientes de los diversos maquillajes que utilizamos a lo largo de la semana para proyectar distintas mujeres en nosotras mismas? ¿Son esas mujeres reales o simplemente placebos que alivian la negación de una parte de nosotras?

La acción comenzaba enfrentando nuestros rostros sin maquillar y buscando nuestras miradas que serán las que activen las preguntas (y con ellas los miedos) en nosotras mismas. La mesa en la que nos sentábamos proyectaba una especie de escenario bulímico de maquillaje: cestas con tantos pintalabios, lápices de ojos o coloretes que necesitaríamos varios años para gastar. Desde ese escenario cada una elegirá sus colores, pensará en su máscara e intentará reconstruirse.

IMG_9194La habitación ( esa compleja sala expositiva habitada por una parte de la colección de arte africano) mostraba espejos colocados a distintas alturas lo que hacía de la acción de maquillarse una especie de búsqueda frustrada ya que dichoacto no siempre proyectaba en el espejo nuestro rostro sino también nuestro pecho, nuestro sexo o nuestros pies. Es decir, no siempre podíamos vernos la cara al pintarnos. El espejo es un objeto fundamental en esta acción ya que representa la mentira de la imagen. ¿Me veo realmente a mi misma cuando me miro en el espejo? ¿Reconozco mi yo ante tantos “yo”?

IMG-20160317-WA0007La microacción se repite a lo largo de una hora. Maquillarse y desmaquillarse de forma continua y compulsiva durante 60 minutos produce efectos demoledores en el rostro. Recuerdo mis ojos llorando, la sensación de que mi boca se agrietaba o la certeza de que mi imagen caminaba entre lo grotesco y lo ridículo. En este punto es muy importante la reacción del público ante nuestra mirada. Cada vez que nos volvíamos a maquillar nos situábamos frente a uno de los asistentes clavando nuestra mirada en la suya durante segundos que parecían minutos. Mirar a los ojos de alguien es la forma de desnudo más generosa y a la vez agresiva que existe. Algunas personas bajaban la mirada, otras empezaban a sonreír nerviosamente, y algunas se tensaban ante la certeza de que también ellas eran observadas.

¿Y yo qué veía? ¿Y yo qué sentía? Me sentía frágil, juzgada, fea, ajada. Me sentía valiente, mujer, poderosa, sexual. Es difícil mirar sin filtros pero REMEMBRANZA me ha regalado la certeza de que yo soy muchas mujeres sin necesidad de maquillajes, algunas me gustan y otras, simplemente, las tolero en mi. O puede que sólo sea una y mi ego herido de miedo crea tener varias.IMG_9213

Lo más hermoso de una performance es que te permite barrer esquinas de ti que ya tenías olvidadas. Comenzado el mes de abril no puedo negar que últimamente me he encontrado a mí misma maquillándome de forma más pausada y reflexiva. Y algunos días, hasta me ha relajado observar mis ojeras y esa mirada que tiene ya tanto vivido que es imposible que no se nuble de vez en cuando. Lo que encontré en la mirada de Ana lo reservo para mí porque la performance tiene la virtud de regalarte momentos de intimidad que nunca serán museables.

Gracias a Amelia Aguado @Amaguado y a Oliva Cachafeiro @Mariarondillera por hacernos sentir como en casa.

Y para ti Ana no tengo palabras. De tu mano todo es fácil.

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UN MUSEO EN MARTE #HARDDISKMUSEUM

La semana pasada, coincidiendo con mi estancia en Valencia, asistí al encuentro Pecha Kucha Night en el Centre Cultural “La Beneficència”. La idea fundamental de Pecha Kucha es permitir compartir las ideas de diversos creadores desde presentaciones informales que suelen tener una duración de unos seis minutos. El objetivo no es desvelar los detalles de un proyecto a los distintos espectadores sino despertar su interés como toma de contacto para futuras relaciones laborales.

El primer Pecha Kucha fue creado en Tokio en 2003 y su curioso nombre podría traducirse como “el sonido de las personas”. Emitir sonidos es fácil. Hacer que otros los oigan es aún más fácil. Pero transformar esos sonidos en una historia con luz, en un viaje con promesas y en una ilusión por hacer de lo imposible un nuevo posible es ciertamente difícil. Solimán López lo consiguió. ¿Cómo? ¿Con qué? ¿A través de qué?

MarteNada más subir al escenario nos mostró en pantalla el rostro de un niño. Siempre he pensado que los artistas que vuelven la vista sobre su infancia demuestran una relación muy cercana con el mundo de la imaginación y el juego, y desde ese escenario la creatividad está asegurada. Tras las presentaciones oportunas y con rostro serio (prueba de que el niño que hay en él deseaba compartir con nosotros algo enormemente importante) nos confesó: “Siempre he querido construir un museo en Marte”. La idea me fascinó. No por la evidencia de trasladar el arte a otros planetas demostrando así su importancia en la construcción de nuestra identidad, sino por la capacidad de viajar con él mentalmente hacia un universo desconocido y por ello ilimitado.

HHDDM-Harddiskmuseum
HHDDM-Harddiskmuseum

Los sueños utópicos ayudan a buscar en lugares poco transitados y aunque es evidente que Solimán López no ha conseguido construir su museo en Marte, la valentía de esa utopía le ha ayudado a proyectar HARDDISKMUSEUM. Un museo guardado en un disco duro. Un museo como obra única de arte intangible. Un museo que no sólo se construye desde el espacio sino desde el tiempo. Un museo que es de él pero de todos. Un museo, podríamos admitir, bastante marciano.

Han pasado casi cien años desde que Marcel Duchamp pusiera en tela de juicio la obra de arte como objeto artístico. Las propuestas creativas viven desde entonces entre los defensores del arte como idea y aquellos que siguen encontrando en la pericia técnica la verdad de la obra. A todo ello, hemos de sumar la presencia constante de la tecnología a la hora de crear, contar y compartir el arte. Desde las primeras cámaras portátiles de video que ayudaron en su avance a la performance hasta los minúsculos dispositivos móviles que en la actualidad nos permiten registrar todo con aterradora nitidez han pasado muchas cosas. Sin embargo, la figura del museo no ha tenido la capacidad de asumir tantos cambios en tan corto espacio de tiempo.  Y probablemente por ello, porque la sociedad avanza más rápidamente  que la institución hace mucho que el museo despierta tanto amor como odio.

<<Nosotros- decía Marinetti – queremos destruir los museos … Museos: ¡Cementerios! Idénticos, verdaderamente, por la siniestra promiscuidad de tantos cuerpos que no se conocen. Museos: ¡Dormitorios públicos en que se reposa para siempre junto a seres odiados e ignotos! Museos: ¡Absurdos mataderos de pintores y escultores que van matándose ferozmente  a golpes de colores y de líneas a lo largo de paredes disputadas!>> No defiendo la radicalidad del italiano pero es cierto que en muchas ocasiones la desconexión entre vida y museo, entre su arte expuesto  y la sociedad que lo arropa es más que evidente y, por extensión, preocupante.

En 1918, en el fragor de una de esas delirantes veladas futuristas, Maiakowski afirmaba: “ El arte no debe de concentrarse en los templos muertos del museo, sino por doquier: en la calle, en el tranvía, en las fábricas, en los talleres y en los barrios obreros”. Es cierto que hemos avanzado desde entonces y hay muchos museos que observan y trabajan con “la calle” pero no es menos cierto que la institución museística sigue dando más valor al objeto que a la experiencia. Incluso el propio museo como objeto, es decir, como ente arquitectónico, adquiere muchas veces más presencia que el propio arte expuesto. Las pinturas, esculturas, dibujos o instalaciones encuentran rápidamente su lugar en el espacio físico donde se  museabiliza su estructura, contenido y mensaje para que todo tenga un orden. El orden burgués del museo. La burguesía de la obra de arte.

Ordenar lo material parece sencillo si se siguen unas pautas que  poco han variado desde la creación de los primeros museos. ¿Pero qué ocurre si lo material se torna inmaterial? ¿Cómo ordenamos, exponemos y compartimos la creación artística intangible? ¿Debe lo intangible formar también parte de la historia de un museo? Nuestra calle, nuestro tranvía, nuestra fábrica, nuestro taller y nuestro barrio tienen hoy un nuevo escenario desde el que actuar:  un nuevo Marte llamado Internet.

Solimán López. Primer director de HDDM- Hardiskmuseum
Solimán López. Primer director de Hardiskmuseum

En el maravilloso manifiesto que acompaña la creación de HARDDISKMUSEUM escribe Solimán López: “Cuando pienso en guardar aquello que no es propio del mundo material, si es que se puede pensar en algo no material, caigo en la cuenta del valor que tiene todo aquello que no se toca”.  El concepto de lo intangible es para mí lo verdaderamente importante en este proyecto. HDDM se presenta como repositorio para la producción creativa digital dando especial importancia a la interactividad y centrando su discurso en la obra de arte colectiva, sin embargo es en esa intangibilidad donde radica su verdadera fuerza porque proyecta una extensión ilimitada que posibilita salir de la dependencia arquitectónica y narrativa de los museos.

“Arte intangible – dice Solimán- es tiempo, tiempo es espacio, es universo.”  HDDM no sólo es importante como depósito para los nuevos creadores que construyen desde lo digital sino que ofrece al espectador-visitante todo un universo de experiencias y de experimentación. “La importancia de lo que no se toca” radica en la capacidad de la imaginación para transformar una acción limitada en el tiempo en una experiencia poliédrica, densa y evocadora. Lo físico es perecedero, lo metafísico es absoluto.

El arte como el amor adquiere su verdadera importancia en el pensamiento y no en el acto (objeto). Hacer el amor con alguien supone un regalo de caricias, besos y placeres varios que siempre tienen fecha de caducidad. ¿Pero nunca os ha pasado que tras ese momento os habéis encontrado a vosotros mismos recreando la escena en vuestra imaginación una y otra vez? ¿Y no es cierto que al trasformar esos besos y caricias en intangibles estos adquieren sin saber por qué un valor especial?

Me gusta la idea de encender mi portátil y a través de una tecla entrar a un espacio ilimitado de creación. Vestida, desnuda, desde la cama, desde el sofá, sola, acompañada, saciada, hambrienta, feliz, melancólica, segura o asustada. Lo importante es que soy yo la que marcará los horarios y formas de visita. Yo decidiré cuanto tiempo deseo estar observando cada obra. Sabiendo además que pese a navegar desde mi ordenador no estoy  sola en el museo. Alguien más lo estará visitando en un mismo tiempo desde otro espacio.  ¿Y si algún día alguien lo visitase desde Marte? Es lo bueno de HARDDISKMUSEUM. NO necesita ir abriendo sucursales a golpe de talonario porque la red es de todas y todos.

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En septiembre de 2015 se presentará la primera exposición colectiva de HDDM en la Galería Punto bajo el título Líquido.

‘MUY POCA COSA’ EL ARTE COMO FORMA DE VIDA

“morir es salir

salir de aquí

pero adónde?

caer y levantarte

levantarte en el mismo agujero

cómo es que aún trato de levantarme?

Vaso

irrompible

cuando

el mismo vaso

se ha roto

varias veces”

Jorge Oteiza

 

La vida es muy perra con demasiada frecuencia y negarlo es vivir fuera de ella. Se empeña en apretarnos y apretarnos hasta dejarnos casi sin aliento. Nos pone a prueba sin previo aviso. Y nos arranca sin piedad todo lo que más queremos. Sin embargo, y aunque parezca una utopía, la felicidad de esa vida depende de nosotros en un porcentaje mayor del que podríamos imaginar. Caerse suele ser un acto involuntario pero levantarse puede depender únicamente de nuestra voluntad.

A mi alrededor veo constantemente a gente valiente que lucha por superar las adversidades pero hoy os quiero contar uno de esos casos que te golpea el estomago. Una de esas lecciones de vida que hacen que te replantees tus quejas, lloros y demandas diarias. La conocí hace un año…

Aitziber dibujando en el Museo Oteiza el cartel 'Muy poca cosa' que da título al documental
Aitziber dibujando en el Museo Oteiza el cartel ‘Muy poca cosa’ que da título al documental

Aitziber Aranburu es una mujer que lleva cayéndose y levantándose 43 años seguidos, día a día, hora a hora. Nació siendo un ser  frágil e hizo de esa fragilidad su campo de batalla. A los nueve meses el médico dijo a su madre que esa niña era ‘muy poca cosa’. Era casi imposible que superase el año de vida. Una afirmación que ninguna madre puede asumir por lo que esta lucho con uñas y dientes por su pequeña alimentándole con una cucharilla hasta los siete años.

Diagnosticada Sindrome Down y con una salud cada día más deteriorada Aitziber no bajaba la guardia y empezó a alimentarse de lo que a día de hoy es su principal medicina: el arte. Su día a día se compone de pequeñas rutinas como la comida, la siesta y algún paseo. Se desplaza siempre en silla de ruedas y necesita estar conectada a una máquina de oxígeno, pero cuando pinta o baila su cuerpo se llena de energía y no necesita de ninguna ayuda. Se olvida de los tubos y  de la silla y es feliz. Una felicidad que puede durar una hora o dos a lo sumo pero que son su verdadero motor.

Hace aproximadamente un año Toni Sasal, de Enclave Audiovisuales, S.L @en_clave_av, se puso en contacto conmigo para explicarme que estaban preparando un documental sobre la vida de una mujer muy especial. Por aquel entonces yo ni siquiera había oído hablar de Aitziber. La idea principal era reconstruir la historia de su vida utilizando su relación con la danza y la pintura como hilo conductor. Mi labor consistiría en desarrollar una serie de actividades creativas desde las que analizar y recoger las reacciones de ella ante la experimentación artística. No tuve duda ni por un segundo de que esa colaboración llegaba a mi vida como un regalo.

Mi relación directa con la danza es ya lejana por lo que propuse a Toni y Pablo Calatayud, director del documental, contar con la presencia de Oihane Andueza, maestra y bailarina, con la que ya había desarrollado algún proyecto. Ella es una persona de una sensibilidad extrema y estaba segura, como así ha sido, de que su presencia enriquecería el proyecto.

Las actividades de búsqueda y experimentación se han desarrollado en distintos lugares de Pamplona como Civican, Civivox, Museo Oteiza o incluso su propia casa. Tanto Oihane como yo teníamos claro que era necesario trabajar desde metodologías abiertas que empujasen a Aitziber a ir un poco más allá. Su relación con la pintura es excesivamente rígida ya que pinta normalmente sobre plantillas fijas. Y respecto a la danza debe siempre adaptarse a la coreografía fijada previamente para el grupo. Por todo ello, el objetivo ha sido desde un primer momento romper esos esquemas preestablecidos y ver cómo reacciona ante preguntas abiertas. No es mi intención desvelar el contenido del documental sino trasladaros las sensaciones y vivencias que dichas sesiones me han producido.

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Sesión de trabajo en Civican Pamplona

La primera sesión comenzó con un breve encuentro en el que aprovechando la coincidencia de nuestros nombres trabajamos sobre la letra A y la identidad.

“¿Sabes cómo me llamo?”- le pregunté.

“No”, me dijo sin demasiada curiosidad.

“Me llamo Aitziber”.

“No, yo me llamo Aitziber”, dijo un poco enfadada.

“Pero yo también”.

“No, Aitziber soy yo”.

En ese momento tuve claro ante quien estaba. Ella construye su día a día desde un enorme esfuerzo personal  y no existe nadie que pueda venir a hacerle sombra. Ella debe ser la primera, la mejor, la más observada, la más querida, la más aplaudida, la más… Pero no os confundáis, no existe en su mirada ni un ápice de altanería. Ella siempre será la primera porque es su forma de sobrevivir. Desde entonces cuando la veo le pregunto: “¿Quién es mejor artista, tú o yo?” Y, con una pícara sonrisa siempre me responde: “Yo”.

Pintando con papel en Civican Pamplona
Pintando con papel en Civican Pamplona

Las sesiones de pintura han tenido como eje central dos caminos de búsqueda. Por un lado, romper con los materiales y formatos clásicos. Y por otro, establecer relaciones sentimentales con el color. En el primer caso, los resultados han sido muy interesantes. Como ella pinta siempre con pincel, hacerle dibujar con papel, corchos, trapos o tizas ha enriquecido notablemente su conexión con el arte. La primera vez que le pedimos pintar sobre una pared no dejaba de controlar su mano para realizar dibujos pequeños y ordenados pero entonces empezaba a olvidarse de todo y la bailarina que lleva dentro comenzaba a mover su mano por todo el mural. Verla pintar y bailar, siempre concentrada y siempre en silencio, al mismo tiempo, resulta maravilloso.

Respecto al segundo caso, la relación con el color, sus respuestas han sido una verdadera lección. Le gustan todos los colores y aunque le resulta complicado mezclarlos cuando le descubres un nuevo tono casi siempre sonríe.

“¿Te gusta este nuevo color que he inventado?”

“¡Me encanta!”

‘Me encanta’ es su frase estrella. Nunca dice ‘sí’,  ‘me gusta’, ‘bastante’, etc. Ella no tiene término medio. Las cosas no le gustan o le encantan. Y entre las que no le gustan esta el negro.

Cuando le propuse relacionar el color negro con alguna persona que le cayese mal o que no le gustase me dijo: “A mí me gusta todo el mundo”. Sabia respuesta de alguien que no tiene tiempo que perder en peleas absurdas.

Trasladando sensaciones al cuerpo con Oihane Andueza en Civivox Mendillorri
Trasladando sensaciones al cuerpo con Oihane Andueza en Civivox Mendillorri

Las sesiones de danza y expresión corporal han sido intensas y emotivas. Desde el cuerpo ha recreado movimientos relacionados con el nacimiento, el miedo, la alegría o la amistad. Casi nunca se quejaba y seguía con atención las lecciones de Oihane. Nadie sabe de dónde saca la energía suficiente para poder moverse durante una hora pero lo hace. Y después de esforzarse y vivir cada movimiento de su cuerpo con esfuerzo pero también con la elegancia de quien se siente observada cae redonda sobre la silla como diciendo: Me caigo de nuevo pero lo hago para levantarme mañana.

Aitziber me ha enseñado que cuando alguien te dice que eres ‘muy poca cosa’ te está dando, sin saberlo, la oportunidad de demostrar que eres alguien especial. ¡Gracias!  Espero ansiosa el estreno del documental al que seguro acudirá Aitziber como una verdadera estrella y rodeada de esa maravillosa familia que cuida de ella con un cariño indescriptible.

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Cártel del documental dibujado por Aitziber en el Museo Oteiza
Cártel del documental dibujado por Aitziber en el Museo Oteiza