JUEGOS DE GUERRA. EL ARTE COMO RESPUESTA

 

Esa capacidad poco común… de transformar en terreno de juego el peor de los desiertos.”

(Michel Leris)

Esta semana las páginas de los periódicos, las pantallas de televisión y, por su propia función reflejo, las redes sociales se llenaban de imágenes en blanco y negro que nos devolvían a la memoria (si es que en algún momento se borraron) las imágenes del terror nazi. Recordábamos así el 70 aniversario de la liberación de esa inexplicable máquina de exterminio que fue Auschwitz-Birkenau.

En otro orden de cosas, porque así funciona el mundo y nuestras propias mentes, los medios de comunicación nos devolvían la sonrisa al mostraros el maravilloso y creativo mundo de LEGO en su 80 aniversario. Esos pequeños muñequitos articulados que han puesto cara a infinidad de personajes recordándonos que jugar no es complicado, sólo hay que querer ser imaginativo para hacerlo bien (Lego es el acrónimo formado por una frase del danés “leg godt”, que significa “juega bien”)

Y os estaréis preguntando: ¿Qué relación tiene una cosa con la otra? Pues como todo, o casi todo, en esta vida puede que ninguna o puede que mucha. Evidentemente, la tiene en mi mente porque ambos temas me han hecho  recordar una obra que seleccioné hace ya algunos años para una exposición. La obra en cuestión se titula Lego concentration camp y fue creada por el artista polaco Zbigniew Libera en 1996. La pieza, que actualmente pertenece al Museo Judío de Nueva York,  aborda una temática de enorme importancia para el mundo contemporáneo: la capacidad del arte para activar los códigos críticos de una sociedad cada vez más alienada, superficial e individualista.

Concentration Camp, 1996. Zbigniew Libera
Concentration Camp, 1996. Zbigniew Libera

Es cierto que el acceso a la información es en la actualidad más sencillo y dinámico pero también puede resultar excesivo al ser bombardeados de forma constante e indiscriminada con imágenes que nuestro cerebro acabará  desactivando por pura higiene mental.  En este contexto, el artista como observador crítico adquiere especial importancia porque desde su ámbito creativo puede devolver el interés sobre temas que han sido y son sobreexpuestos en los medios de comunicación.  La obra de arte se ve así poblada de narraciones que llegan al espectador en forma de preguntas: ¿quién construye una guerra?, ¿cómo se llega a sustentar el poder de una nación?, ¿cuál es la verdadera religión?, ¿está mi vida en manos del azar?, ¿tengo capacidad desde mi condición de individuo para cambiar los códigos sociales de mi comunidad?, ¿se puede vivir desde el odio a otras culturas, nacionalidades o credos?  Tantas preguntas como respuestas sin responder. Tantas dudas como búsquedas diarias en internet.

Sobre este abrumador  escenario el juego adquiere un intenso protagonismo como vehículo de comunicación entre el artista y el espectador. Describir conceptos tan complejos como la violencia, el abuso de poder, la xenofobia  o la ausencia de conductas morales en nuestra sociedad puede tener en el espectador una actitud más receptiva si se hace desde lo lúdico. El arte como vehículo de comunicación. El juego como herramienta del arte.

Resulta cada vez más difícil conmoverse ante la imagen de un campo de concentración nazi ya que vemos imágenes de ellos de forma constante. Sin embargo, cuando Libera nos presenta sin pudor su juego de exterminio formado por capos que golpean cuerpecitos blancos de plástico no podemos dejar de sentir un pellizco en el estomago ya que en nuestro código de lectura las figuras de Lego pertenecen a nuestra infancia.

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Laboratorio médico. Concentration camp, 1996.

El aspecto exterior del juego no es diferente al de cualquier juego de construcción Lego que tengamos en nuestras casas, pero el interior esconde el horror. Se trata de un set de siete cajas que contienen verdaderas muestras de sadismo como un horno crematorio, guardas uniformados y preparados para moler a palos a los presos, laboratorios para experimentos médicos o incluso la famosa puerta de entrada al Campo que reza el irónico lema de <<Arbait Macht Frei>>. La reacción del espectador ante obras de este tipo puede ser muy diversa. De hecho, en 1997, durante una conferencia sobre el Holocausto judío, Libera mostró el juego a un grupo de supervivientes. La indignación se apoderó de la sala y el artista polaco fue tachado de anti-semita. Resulta lógico que alguien que haya vivido en sus propias carnes ese infierno se sienta indignado por el hecho de que alguien lo transforme en un juego. No obstante, el hecho de que la obra genere indignación y rechazo en unos y cierta incomodidad en otros certifica que la propuesta ha activado la mirada del espectador hacia la crítica. Buena es la obra de arte que da respuestas. Infinitamente mejor  la que genera preguntas.

Caja de novia, 1968. Antoni Miralda.
Caja de novia, 1968. Antoni Miralda.

En un ámbito más cercano encontramos también a otro artista que hace del “juego de la guerra” su espacio de experimentación. Es el caso de Antoni Miralda que ya en los años sesenta toma prestado de la imaginería infantil de éste país algo tan sencillo como un soldadito de plástico para construir su propio discurso narrativo. Primero los dibuja,  más tarde deja que invadan sus fotografías, carteles, muebles y paredes, y por último, ya en los años setenta,  les da vida en su famosa película La cumparsita que narra la historia de un soldado que vaga por las calles de París en busca de un pedestal sobre el que hacerse estatua. La imagen del soldado de Miralda resulta  melancólica y hasta lastimera si la comparamos con los soldados nazis de Libera pero nos ayuda a deconstruir la imagen del valiente y a la vez  agresivo e inmoral militar para recordarnos que los uniformes de todas las  guerras esconden también pobres hombres con fusil.

Imagen de la película La cumparsita con un soldado de plástico a tamaño natural como protagonista, 1973. Antoni Miralda.
Imagen de la película ‘La cumparsita’ con un soldado de plástico a tamaño natural como protagonista, 1972. Antoni Miralda.

<<El que olvidó jugar que se aparte de mi camino porque para el hombre es peligroso>> decía Sófocles. El artista contemporáneo juega  a jugar con el espectador, le ofrece trampas para contarle historias que éste no quiere oír y, a veces,  provoca indignación en su mirada con una calculada precisión. El artista juega para crear y crea al jugar. En nosotros está, como espectadores, la decisión de ser valientes y proseguir la partida con nuestra propia mirada hacia la obra de arte. Merece la pena  participar en estos particulares “juegos de guerra” porque las preguntas que activan en nuestro cerebro enriquecerán nuestra mirada.

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¿POR QUÉ LO LLAMAN EDUCACIÓN CUANDO QUIEREN DECIR ENTRETENIMIENTO?

Esta semana he asistido a uno de esos actos que resultan hoy día más difíciles de entender que un avistamiento  de ovnis: la inauguración de un nuevo museo. Resulta sorprendente que mientras toda la estructura cultural y museística de este país pende de un hilo tan fino siga habiendo hueco para nuevas incorporaciones. No obstante, tampoco nos debería sorprender ya que tras la apertura de estos espacios suele haber poca reflexión intelectual y muchos intereses escondidos.

Dejando de lado la necesidad o no de un nuevo museo mi interés, imposible evitarlo ya que me dedico a ello, se ha centrado en el ámbito educativo. Y es aquí donde me he pegado de nuevo contra el muro. Tras preguntar cómo se desarrollarían las actividades didácticas del centro la respuesta fue rotunda: se formará a un grupo de voluntarios.

Visita guiada al Museo Guggenheim Bilbao
Visita guiada al Museo Guggenheim Bilbao

El voluntario como transmisor de conocimientos. ¿Es este el camino? Mejor no vean mi cara al escribir estas líneas. ¡Rotundamente no! El hecho de que un grupo de voluntarios (por muy voluntariosos que sean) realice las visitas y talleres de un museo (y aquí empezamos a hablar en plural ya que es una práctica tristemente extendida) sólo refleja dos oscuras realidades:

– Los museos y centros de arte no generan trabajo en un sector que tiene clara cabida en la industria cultural.

– Las directoras y directores de museos no dan verdadera importancia a la educación artística al poner en manos de gente sin experiencia (y en muchas ocasiones sin la formación adecuada) la práctica didáctica.

Todas aquellas personas ajenas  a éste mundo del arte pueden pensar: “Bueno, en estos tiempos de crisis al final siempre se recorta del mismo sitio y la educación sabemos que no es la gran apuesta de este país”.  No se equivoquen. La oscura habitación en la que tienen que sobrevivir las educadoras y educadores artísticos es ya muy vieja.

Yo realicé mi primera visita guiada con 20 años. Desde entonces,  he trabajado para pequeños museos y museos de renombre internacional.  He vivido el boom de la creación de nuevas instituciones museísticas  y centros de arte a principios del nuevo milenio.  He formado parte del desarrollo de muchos programas educativos. Y, en la actualidad, peleo con uñas y dientes para seguir trabajando en un mundo del arte que adolece de un gran cansancio ante perspectivas laborales tan difíciles. Pues déjenme  decirles que en todos esos escenarios  (museos públicos  y privados, pequeños y grandes, con recursos y sin recursos, etc.) he vivido siempre la misma situación: precariedad laboral y falta de valoración profesional hacia el sector de la educación.

Voluntarios y más voluntarios. ¿Os imagináis voluntarios colgando cuadros en el montaje de una exposición? ¿Alguien ha visto voluntarios redactando las notas de prensa de un departamento de comunicación? ¿Son los voluntarios los que realizan los informes de restauración? Y podría seguir y seguir… Es cierto que no encontramos voluntarios en el resto de departamentos  aunque estos sí acogen de forma habitual a becarios que realizan funciones, hay que admitirlo,  en ocasiones excesivas. Sin embargo, en la mayoría de los casos los becarios de museos realizan labores menores y sin responsabilidad que tienen como objetivo liberar de carga a los técnicos.  Pero en el caso del departamento de educación la historia vuelve a repetirse. Al becario se le facilita una serie de información que debe memorizar y, casi desde el inicio de sus prácticas (que no olvidemos deberían formar parte de un proceso de formación no sólo de inserción laboral) se le lanza al foso de los leones para realizar todo tipo de actividades educativas: visitas generales a público adulto, visitas escolares, talleres artísticos, etc.

Estos procedimientos no sólo resultan indignantes de cara a una profesión, la de educadora o educador artístico, tan hermosa como compleja, sino que flaco favor hacen al futuro de los museos. La educación (hablemos o no del mundo del arte) es una inversión a largo plazo, una carrera de fondo en la que hay que entrenar y practicar diariamente para conseguir una estructura fuerte y de calidad. ¿Cómo puede un museo conseguir una identidad educativa y una relación fructífera y estable con su comunidad si la actividad educativa está en manos de personas que limitan su relación con la institución a unos pocos meses de trabajo?  ¿Os imagináis que el entrenador de un equipo de fútbol no sólo construyese su equipo con jugadores sin experiencia sino que tuviese que cambiarlos cada cuatro meses?

Los becarios no son educadores sino posibles futuros educadores. Y por ello, sus funciones deben desarrollarse de la mano de profesionales a los que tienen que observar y  preguntar, y de los que tienen que aprender antes de ponerse en primera fila de batalla.

Directoras y directores de museos, les recuerdo, ya que en la vorágine del trabajo diario parecen haberlo olvidado, que las educadoras y educadores de museos NO son:

  • Animadores culturales.
  • Paseadores de jubilados.
  • Cuidadores de niños.
  • Acompañantes escolares.
  • Caras agradables para colocar al lado de las piezas.

Las educadoras y educadores de museos SON:

  • Mediadores entre el visitante y la colección que no sólo dan respuestas sino que generan nuevas preguntas.
  • Mecanismos de activación para ayudar a la gente a abrir sus mentes y llenarlas de nuevas ideas y experiencias.
  • Agentes que propician el acercamiento entre el museo y su comunidad.
  • Un recurso de gran utilidad para ampliar las herramientas educativas de los profesores a todos los niveles.
  • Investigadores que buscan nuevos caminos desde los que ampliar el discurso expositivo del museo.
  • La voz que permite que el museo esté vivo desde la compleja y maravillosa labor de ser capaces de acoger en el mismo a todo tipo de público.
  • La voz del conocimiento, la magia y la imaginación que hace que el visitante sienta como suyo el propio museo.

Y si no acaban de ver claro todo esto tan sólo me queda preguntarles: ¿Por qué lo llaman educación cuando quieren decir entretenimiento?

NECESITO, LUEGO IMAGINO

Hay algo más importante que la lógica: es la imaginación.

(Alfred Hitchcock)

Esta semana releía un antiguo catálogo del IVAM en busca de información para una clase cuando me encontré con una obra que mi memoria había guardado en el desván. Se trata de ‘Blau’ (Azul), una obra realizada por el artista valenciano Artur Heras en 1973. La pieza me emocionó profundamente ( y eso que la observaba sin olor, sin piel, es decir, desde una fotografía) hasta el punto de dejar de leer. Mi mente tiraba de esa cuerda que forzaba al papel a entrar en contacto con una tercera dimensión mostrando retazos de un azul intenso, un trozo de cielo, un trozo de mar, en definitiva, un trozo de Mediterráneo. Mi imaginación ya se había disparado.

'Blau', 1973, Arthur Heras.
‘Blau’, 1973, Artur Heras.

 

¿Cuántas veces habremos escuchado eso de: ‘Anda que no hay que echarle imaginación a esta obra para entender algo’? “Echarle imaginación”, una hermosa expresión que en esta sociedad mercantilizada, superficial y obsesionada por las respuestas fáciles adquiere siempre un tono peyorativo. Una obra de arte que comparte con nosotros las vivencias y las ideas del artista es un regalo pero una obra que despierta nuestra imaginación es un tesoro.

La imaginación es el escenario en el que baila el deseo y el deseo es el único mecanismo que permite transformar la limitada realidad en un vasto horizonte. “Nuestra imaginación – decía Blaise Pascal- nos agranda tanto el tiempo presente, que hacemos de la eternidad una nada, y de la nada una eternidad.”¿Por qué nos negamos tantas veces la posibilidad de imaginar? ¿Por miedo? ¿Por pereza? ¿Por incapacidad? Supongo que cada cual tendrá sus motivos pero lo cierto es que a veces hay que dar la espalda a la razón e imaginar para recuperarla.

Paquete perteneciente a la exposición '¿Qué habrá...?' de Alicia Otaegui en la sala Horno de Pamplona.
Paquete perteneciente a la exposición ‘¿Qué habrá…?’ de Alicia Otaegui en la sala Horno de Pamplona.

Este mes hemos vivido en Pamplona una de esas propuestas artísticas que dejan soñar y construir relatos propios en el mundo de lo imaginario. La artista navarra Alicia Otaegui presentaba en la Sala Horno de la Ciudadela la instalación ‘¿Qué habrá…?’ en la que proponía jugar al espectador a adivinar el contenido de un paquete. El pequeño paquete había sido encontrado hace tiempo entre los escombros de un contenedor del Casco Antiguo de la ciudad y sus anotaciones lo situaban en 1965. Dicho paquete, museabilizado al ser expuesto en el interior de una vitrina, ha permanecido inalterado a lo largo de toda la muestra invitando a los visitantes a dejar anotado el contenido que su imaginación les sugería.

El día de la clausura la propia artista, en una acción claramente performativa, abría el paquete para desvelar el misterio. Estoy convencida de que los que estéis leyendo estas líneas ahora y no conozcáis el final de la historia os estaréis preguntando: ¿Y qué había finalmente en el dichoso paquete? ¡Voilà! Vuestra imaginación se ha activado. El paquete tiene un contenido fijo y como tal una historia propia pero la imaginación, nuestra imaginación, lo ha transformado en un relato sin fin.

http://www.noticiasdenavarra.com/2015/01/14/ocio-y-cultura/cultura/alicia-otaegui-despide-su-proyecto-que-habra-con-un-continuara

‘Caja con el sonido de su propia fabricación’ , 1961, Robert Morris.
‘Caja con el sonido de su propia fabricación’ , 1961, Robert Morris.

La inspiradora propuesta de Otaegui me hizo recordar una de mis piezas preferidas de este espinoso mundo al que llamamos arte conceptual. Se trata de ‘Caja con el sonido de su propia fabricación’ Una obra que Robert Morris realizaría en 1961. En la actualidad ya se sabe con certeza que el cubo de madera contiene una grabación en cinta donde se recogen los martillazos y el ruido del serrucho al fabricar la caja pero eso no impide que al observarla la imaginación pueda variar o ampliar su contenido. Las vivencias propias del espectador transformarán la historia de ese misterioso interior. Será complicado que un joven de dieciocho años piense en una cinta ya que es un objeto ajeno a su mundo. Puede que un anciano observe la obra y viaje a través del tiempo a esos añorados años 60. O puede incluso que el observador sea carpintero y visualice con claridad los clavos utilizados. Que más da. Importa el camino que la mente recorre para construir una historia no el contenido de la misma.

El arte, en sus distintos lenguajes, nos ofrece la oportunidad de ampliar nuestras experiencias a través de la imaginación. No deberíamos desperdiciar esta oportunidad. Yo al menos lo tengo claro: Necesito, luego imagino.

NECESITO desear, amar, viajar, odiar, volar, llorar, reír, asustarme, SENTIR… luego IMAGINO.

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LA EDUCACIÓN DESDE LA ACCIÓN

Yo no fabrico arte. Yo hago arte“.

( Mel Bochner )

Estos días en que todo parece volver a la normalidad después de tanto exceso navideño, me vienen a la memoria las palabras que Leonard, el protagonista de Memento, escribía en una de sus famosas notas: « Soy disciplinado y organizado. El hábito y la rutina hacen mi vida posible. » Los que me conocen personalmente saben que no soy amiga de rutinas. Toda mi vida ha sido y es una lucha contra ellas. Me aburren. Me desactivan. Me adormecen. Y en definitiva, me hacen sentir un poquito menos viva.

Sin embargo, no puedo dejar de suscribir las palabras del personaje de Nolan, ya que si no fuese por esas rutinas mi vida sería francamente caótica. Y aunque no me guste admitirlo, la vida no es un constante rock&roll. ¿Cuáles son mis rutinas? ¿Qué elementos marcan mi hoja de ruta? Dejando de lado los pequeños quehaceres diarios, mi rutina la marcan mis clases ya que me imponen unos horarios fijos de los que no puedo escapar.

 

Docentes de Educación Secundaria realizando la performance 'Walking is the way' (Se have camino al andar) de Esther Ferrer.
Docentes de Educación Secundaria realizando la performance ‘Walking is the way’ (Se hace camino al andar) de Esther Ferrer.

Esta semana he vuelto a ellas observando el calendario de sesiones. Mis cursos son varios y variados lo que hace del trabajo algo siempre constructivo. En un mismo mes puedo dar clase de arte o educación artística a gente tan diversa como profesores de distintos niveles educativos, adultos en programas de ocio o universitarios. A todos ellos les une el amor o el interés por el arte aunque se muevan en escenarios profesionales y personales muy distintos. No obstante, en todos ellos he encontrado siempre, y así sigue siendo, un factor común: la idea de que el arte ( dejando de lado aquellos que tienen una clara vocación de artista) se estudia únicamente desde el aprendizaje pasivo. Es decir, escucho, observo, analizo y memorizo. Este es el único camino que la mayoría acepta como proceso de aprendizaje.

En el primer curso de Historia del Arte, dentro de la asignatura de Análisis de Formas, recuerdo al profesor explicándonos en qué consistiría su materia. Además de facilitarnos el temario correspondiente, nos anunció que cada trimestre realizaría una prueba práctica de técnica artística ( dibujo a lápiz, grafito y pastel). La protesta fue sonora. A mi alrededor empecé a escuchar frases como: ‘si hubiese querido ser artista me hubiese matriculado en Bellas Artes’, ‘pero si yo no he cogido un lápiz en mi vida’ o ‘genial, todos a suspender por el capricho de un artista frustrado’

Dicho profesor, explicó por activa y por pasiva que los ejercicios tenían como objetivo hacernos sentir las obras a analizar de una forma más cercana pero que en ningún caso pretendía juzgar ni valorar la capacidad técnica de ninguno de nosotros en el ámbito artístico. La explicación fue en balde porque las quejas continuaron hasta fin de curso.

No hay día en que no recuerde a ese profesor y esas quejas de mis compañeros porque yo las vivo diariamente en mis clases. Me niego a enseñar arte sólo desde la barrera. Sin mancharse las manos. Sin sentirlo en los gestos de nuestro cuerpo. Sin vivirlo de verdad. Por ello, mis ‘lecciones’ teóricas siempre van acompañadas de algún ejercicio en el que les pido que transformen un objeto de su mesa en un elemento de distinto valor, que caminen por el aula con una cuerda bajo sus pies para sentir el espacio, que dibujen con un grafito sobre el muro con los ojos cerrados mientras escuchan una composición de Satie o ‘Satisfaction’ de los Rolling, que jueguen con sus manos en un bloque de barro para entender los que supone el espacio vacío de una escultura… En definitiva, que observen el arte con sus ojos, que lo analicen con su mente pero también, que lo sientan con el resto del cuerpo.

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Ejercicio libre sobre el muro en el que se dibuja mientras se escucha música rock.

Decía Picasso: « ¿Por qué dos colores, uno al lado del otro, producen música? Puede alguien explicar eso? No. De la misma manera en que uno nunca puede aprender a pintar en realidad. » El arte posee esa magia de lo inexplicable y ello nos debería hacer reflexionar sobre el modo de acercarnos a él. ¿Podría alguien que nunca ha besado explicar con claridad lo que es un beso? ¿Podría alguien que nunca se ha bañado en el mar describir su grandeza? Evidentemente no. Nunca del todo. Nunca de verdad. El arte es conocimiento pero es principalmente emoción y sentimiento. Por ello, experimentar con él es el mejor camino para vivirlo. No hay que tener miedo a buscar nuevos caminos. Mover un pincel por un trozo de tela, sentir cómo el grafito se parte en nuestras manos al presionar o simplemente jugar a transformar las cosas no es un escenario exclusivo de los artistas sino de todos los que amamos el arte. ¡Intentadlo!

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QUERIDOS REYES MAGOS…OS NECESITAMOS

Queridos Reyes Magos:

Imagino que esta carta os pilla de sorpresa porque hace muchos, muchos años que no os escribía. No os lo toméis como algo personal pero siempre me ha costado fiarme de los hombres que beben leche con galletas. En fin, este año necesito pedir tanto que Papa Noel y el Olentzero juntos se me han quedado cortos y necesito recurrir a vuestra sabiduría. Ya se sabe que, para algunas cosas, mejor dos que uno, y para otras mejor tres que dos. Bueno, voy al grano que sé que tenéis mucho trabajo. En este nuevo año 2015 que estrenamos hace ya un día quiero pedir:

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‘La genealogía de la conciencia II’, 2010, de Mira Bernabeu.

 

 

 

 

 

 

 

1. Que la sociedad despierte de ese letargo en el que vive y comprenda que la cultura no es un capricho de unos pocos sino que puede ayudarles a crecer, a ser mejores, a ser más constructivos y, en definitiva, a vivir de manera más digna.

2. Que la dignidad vuelva a esa cultura en forma de sueldos dignos justos, de estabilidad laboral, de proyectos enriquecedores, de diálogo social y de estructuras educativas sensibles y sensatas.

3. Que el mundo de la educación comprenda que la cultura no es un escenario paralelo a lo educativo sino el escenario desde donde lo educativo se activa. La cultura no sólo entretiene sino que informa y, sobre todo, forma. La cultura es una escuela en sí misma.

4. Que la escuela no es una construcción arquitectónica que se estructura en aulas y pasillos. La escuela es la calle, el museo, el teatro, la sala de conciertos, el centro cívico del barrio, etc. La escuela somos nosotras y nosotros.

5. Que la cultura sea pues de todos porque se hace entre todos. Si comprendemos que la cultura es de todos debemos entonces exigir nuestro derecho a tener una cultura de calidad, y en esa demanda hay que levantar la mano y pedir a gobernantes, administradores, gestores y empresarios lo que nos corresponde. En el barco navegamos todos.

6. Si en el barco de la cultura navegamos todos es necesario aprender a exigir pero también a construir en positivo sin asentarnos en el victimismo como única fórmula de reivindicación. Si yo exijo también debo dar.

7. Si yo decido formar parte de la industria cultural debo hacerlo desde la generosidad y no desde la avaricia personal, el postureo o el autobombo. Sobran directores de museos Lady Gaga, comisarios con síndrome de actor de Hollywood, artistas que justifican su trabajo desde la chulería y la impertinencia, y músicos con aires de Rolling Stones y el gusto de Bustamante.

8. Si tenemos claro que vamos a trabajar por una cultura de calidad debemos empezar a valorarnos DE VERDAD. Nuestro trabajo es importante y necesario. Sólo en el momento en el que estemos convencidos del valor que tiene escribir un poema, componer una canción, dibujar, actuar o cantar, tendremos la capacidad de luchar a favor de la cultura.

9. Esta cultura que tan a menudo escribimos con mayúscula no sólo se da en los grandes escenarios del arte sino en el día a día. Ojalá el 2015 haga comprender a la sociedad que la cultura también se puede vivir con intensidad en un pequeño museo de provincia, en una pequeña librería de barrio, en un bar de amigos o en un teatro de calle. La cultura en vaqueros puede ser tan o más interesante que la cultura que viste traje de lentejuelas.

Bueno Reyes Magos, igual es complicado resolver tantos temas en tan poco tiempo. Ya sé que los juguetes de los peques y las colonias de los adultos son en estas fechas una prioridad. No es mi intención presionaros pero toda ayuda será bienvenida. Tampoco pretendo dejar toda la responsabilidad en vuestras manos porque sé que todos tenemos un poquito de culpa de esta mala vida a la que estamos sometiendo a la cultura. No obstante, os agradezco de antemano que hayáis dedicado un ratito de vuestro ocupado tiempo a leer mis palabras.

PD: Si veis imposible abordar estos temas en tan sólo tres días me conformo con que Enrique Iglesias no vuelva a escribir la canción del verano. El resto, si eso, ya lo iremos resolviendo entre todas y todos.

¡Feliz 2015 MaJos!

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