AUTORIDAD_ SUFRIMIENTOS ACTUALES

AUTORIDAD

“Todo tiempo pasado fue mejor” es un dicho que circula entre nosotros. Podríamos -siguiendo a Freud- entender su éxito como debido a una característica del psiquismo humano.

Cuando reaparece el “estado de necesidad” la excitación psíquica inviste las huellas de memoria que dejó la “vivencia de satisfacción”. Si este investimiento es excesivo produce una “realización alucinatoria del deseo” y ello conllevará una “vivencia de dolor”

El psiquismo tiene mecanismos para procurar que eso no suceda, y que la investidura se mantenga en un nivel medio, suficiente para que la imagen deseada sirva de guía. Es la guía la que dirige la búsqueda en la realidad- es decir en el mundo- del objeto deseado que será encontrado con la marca del menos. Por eso decimos que el encuentro es siempre un reencuentro.

Sabemos que las huellas que ha dejado la vivencia de dolor son aisladas, conservadas como un”no-yo”. En términos de investidura podemos decir que el psiquismo tiene mecanismos para rodear esas huellas sin investirlas. Las huellas de las vivencias de dolor no son, en general, investidas. Es lo que hemos llamado “represión originaria” Eso produce un agujero en el psiquismo, un vacío, que el sujeto humano, se encarga de rellenar con mitos. Ya sean mitos generalizados, propios de cada cultura, ya sean mitos individuales, como lo que Freud llamó “El mito particular del neurótico” y que Lacan llamó “El fantasma”

Este es el mecanismo que produce los “Paraísos perdidos”. Y todas las formas míticas de esos “Paraísos” tienen su “Ángel con una espada de fuego” que impide volver a entrar. En la clínica, comprobamos los efectos dolorosos cuando este mecanismo no funciona, o funciona mal. Pero hoy no vamos a hablar de eso. Hoy vamos a hablar de la nostalgia del Padre.

Se han producido muchos cambios. El “Dios ha muerto. Todo está permitido” que presidió el cuestionamiento de la autoridad paterna en la que estaba sustentada nuestra cultura, fue saludado con entusiasmo. Ilusoriamente nos las prometíamos felices. Derrocar al “Ángel con la espada de fuego”, o mejor, jubilarlo para poder entrar en el paraíso de los goces.

Pero como bien nos explicó Freud, el objeto de la satisfacción completa está irremediablemente perdido. Para que la satisfacción completa se produzca el objeto debe de ser encontrado sin haber sido pedido ni esperado. Por lo tanto, irremediablemente, solo una vez puede ser encontrado así. Dicho de otro modo, solamente una vez puede ser encontrado sin representación psíquica, las veces siguientes hay ya huella de memoria. Ya no serán encuentros, serán solo reencuentros, y por tanto con un menos de satisfacción.

Este mecanismo de la primera vez, se reproduce en las experiencias de la vida. Lo que se tiene, queda en menos frente a lo que ya no está. Coloquialmente podríamos decir que se idealizan situaciones pasadas. Dicho de otro modo, adquieren el valor del “Todo” frente al valor de “En menos” de lo que tenemos entre manos.

Es entonces cuando puede surgir la compulsión de volver a estados anteriores y rebuscar en el pasado. Pero si se llega a encontrar lo perdido la decepción es segura, pues ya no es lo que era. Aceptar la falta supone no empeñarnos en mantener “alucinatoriamente” una realidad, saber renunciar a satisfacciones delirantes. Es decir, asumir la castración como lo menos malo, para no ir hacia lo peor.

El sufrimiento acompaña a la humanidad, convivimos con él. Eso no cambia. Lo que cambia son los modos del sufrimiento. Entre los nuevos modos de sufrimiento tenemos hoy los producidos por la devaluación de la autoridad. Por que el “Dios a muerto” no nos da acceso al “Todo está permitido” Hay para el sujeto humano algo como una “Ley de vida” que le hace constatar en su carne que el Todo es imposible, y que, empeñarse en imposibles nos enloquece. Lacan decía en una época que el síntoma era lo que venía a señalarle al sujeto que el goce es malo.

“El Otro no existe” es una forma de decir en psicoanálisis que la autoridad del padre ha muerto, que se perdió y que como todo lo perdido, es irrecuperable. Toda tentativa de recuperarla solo nos llevará a construcciones delirantes.

Pero eso no nos exime del imposible. Eso no nos exime de la autoridad. Dicho en otros términos, no nos exime de los límites.

El sufrimiento, producido por el cambio de paradigma cultural, se manifiesta muy particularmente en los adolescentes y en sus familias. Vemos padres perplejos, hijos rebeldes, profesores desconcertados.

Estos días pasados la prensa ha publicado el caso de un padre que llevó a su hijo a la comisaría para que se hicieran cargo de él. El debate está servido. Pero se diga lo que se diga en este debate, lo que nos muestra claramente es el desconcierto generalizado.

Lo que el psicoanálisis puede aportar a tal debate, es que es necesario no perder de vista a Freud y a Lacan cuando nos dicen que es imposible volver para atrás. Es decir, que no ayuda la nostalgia del padre, que hay que seguir inventando.

SUFRIMIENTOS ACTUALES Antonio Vergara *

El sufrimiento actual, que se refleja muy claramente en los adolescentes, está vinculado con el problema de la autoridad. Deberíamos reflexionar sobre quien reviste a la persona de algún poder o mando y qué condiciones debe de poseer para ello.

El principio de autoridad – en tanto que garante de la paz- constituye el fundamento del derecho, por tanto es la autoridad y no la verdad la que ha dictado la ley. El movimiento de la autoridad y el poder ha girado alrededor del padre, y el declive del padre representa el declive de la autoridad y de la transferencia en la autoridad.

En Freud, a lo largo de su enseñanza, hay tres versiones del padre. El padre como perverso con la teoría de la seducción. El padre del Edipo que impone la ley y se somete a ella, y el padre de “Tótem y tabú”. Este padre es el de la horda primitiva que no deja gozar pero él si goza. En esta tercera versión del padre, es su muerte a manos de los hijos lo que permite que se instaure la prohibición de gozar como él, es decir, ya nadie podrá ocupar el lugar del padre. El lugar del padre queda como lugar vacío en el que se ubica esa prohibición. Se instaura con ello una autoridad que posibilita la entrada en la cultura.

Lacan toma el modelo segundo para su enseñanza de la metáfora paterna. Llama Nombre-del-Padre a la función que hace del padre del Edipo; impone la ley y se someterá él mismo a ella. Este no es el padre del “no” sino un padre que autoriza, el que dice “Esto no, pero aquello si”. Aquí poder y autoridad van de la mano.

Lacan anticipó el final de la época del padre en 1932 en “Los complejos familiares”. El desfallecimiento del N-d-P es hoy evidente. La actual sociedad está infantilizada. Se ha pasado de una sociedad de padres e hijos a una sociedad de hermanos.

Entonces ¿Cómo sostener hoy la autoridad? Eric Laurent plantea la necesidad de un nuevo amor por el padre “La paternidad difractada, definida por normas eminentemente variables, convendría especialmente a las nuevas disposiciones familiares recompuestas.

Es una nueva versión reformista del padre al fin de reconducirlo a una función de instrumento de utilidad social” Laurent considera que “Queremos ser sancionados pero por Autoridades cuyas manifestaciones sean lo menos evidente posibles.”

El poder directo hace que un sujeto obedezca, pero no hace que un sujeto consienta. La autoridad que esperamos es una autoridad que no esté basada en el poder, sino en el “deber de verdad”

El psicoanálisis pone en primer plano una nueva autoridad; la transferencia. Con la transferencia hace que se establezca un otro de la Ley al que transferimos un poder. Ese dispositivo permite una relación nueva con la Ley. El psicoanálisis va orientado a transmutar la culpabilidad del sujeto en responsabilidad.

* Resumen de la conferencia impartida por Antonio Vergara dentro del ciclo de conferencias organizadas por la ELP en Sevilla

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