Un año en Cuatro

AYER hizo el primer aniversario de Cuatro, la primera cadena generalista que concedió el Gobierno socialista y que amplió el panorama televisivo cuando todo el mundo pensaba que con la televisión digital a este formato le quedaban, nunca mejor dicho, dos telediarios. Ahora están de balance. Después de un año han visto lo difícil que es alcanzar el nivel de los grandes competidores. Pongamos por ejemplo a Iñaki Gabilondo, que venía de la radio con la aureola de gran comunicador, un periodista que tenía la cualidad de atraer a la audiencia como si nada. Los datos hablan de que pasado su primer año apenas alcanza el 4%, es decir, lo ven medio millón de espectadores frente a los 3 que siguen a Matías Prats. Otro de los ejemplos es el programa de García Campoy, un verdadero principiante que apenas lleva un par de meses en la parrilla y con unos resultados penosos. Y es que el talón de Aquiles de esta cadena debe de estar en que no atrapa a la tercera edad. Y claro, ahí está buena parte del éxito de la televisión. Un medio que se está quedando viejo a pasos agigantados no puede trabajar sin tener en cuenta los gustos y la sensibilidad de las personas mayores, que son, por razones obvias, las que mayor número de horas pasan al frente del televisor. Lo que durante años sirvió para Canal + hoy no vale para un público acostumbrado más al cotilleo que esos toques progres que buscan algo parecido a la modernidad. A la hora de dar al César lo que le corresponde, tenemos que en Cuatro, salvo la carambola del mundial de fútbol que le hizo obtener unos resultados inauditos para una cadena primeriza, sólo dos espacios están rindiendo a gran nivel: la serie House , con unos resultados abrumadores, y el humor de Noche Hache , que sigue atrapando pese a la vuelta de tuerca política que le han dado y esas risas enlatadas que, Eva, no te pegan nada.

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