Cibercachondeo

Dentro de un tiempo, esta sección tendrá que superar la tv para dedicarse también a la crítica y el comentario de nuevos medios de comunicación. Lo digo por el éxito sin precedentes que están cosechando los vídeos a través de Internet. Un ejemplo es Amo a Laura. Una canción que pertenece a toda una campaña de publicidad de la cadena televisiva MTV, cuyo propósito, al parecer, es el de inducir a los jóvenes a ver la tele contraponiéndolos a un mensaje de puritanismo exagerado. La campaña ha sido todo un éxito. Primero por apoyarse en la confidencia, en el boca a oreja y, segundo, porque todas las cadenas y emisoras de radio se han hecho eco de ella. Un caso semejante ha sucedido con el grupo andaluz Koala, cuya canción Opa quiero jacer un corral ha recorrido la península de correo en correo hasta conseguir una popularidad de varios millones de euros o sólo al alcance de los magnates que dirigen OT. Lo que diferencia estos productos de las manipuladas canciones de Bustamante y compañía es que son productos que el consumidor descubre de manera novedosa, lo que les aporta un valor añadido que ya no tienen los rizos y piruetas de los bisbales . Estamos ante un fenómeno cuya principal novedad es el canal elegido. Es como la famosa campaña preelectoral del SMS pero apoyada ahora en productos consumibles. Del pásalo se pasa al léelo ; del envíalo al escúchalo que te vas a partir de risa. En realidad, ambos productos son terriblemente malos, pero la estrategia de divulgación ha cumplido sobradamente su cometido. También es cierto que, tanto para el éxito de un programa de televisión como para elegir la canción del verano, nunca se ha tenido en cuenta la calidad. Detrás de los gustos de la sociedad hay más cachondeo que otra cosa. Y esto lo saben quienes manejan la varita mágica del marketing.

Seis mujeres

La celebración del Día del libro no pasó desapercibida para ninguna cadena. No hubo informativo que no llevara el tema como la noticias curiosa del día. Como una de esas rarezas con las que intentan levantarnos el ánimo después de su habitual carga sangrienta. Pero nada hay más lejos de la lectura que el hábito de las cuatro horas de televisión por barba. Nada más extraño y ajeno a la literatura que la actual programación. Y prueba de que las nuevas cadenas tampoco están por la labor de grandes cambios es, o eso parece, el estreno de la nueva serie de Cuatro llamada La casa de cristal, un nuevo espacio diario presentado por ese portento televisivo que se llama Ana García Lozano, presentadora capaz de otorgar interés a la conversación más insulsa del personaje más insulso. Aquí, siguiendo el ejemplo de Supernanny, esa intrusa impertinente y castradora de los hábitos infantiles a la que, por cierto, todos los que recordamos que una vez fuimos niños despedimos esta semana con inmensa alegría. Ahora la novedad es el adiestramiento femenino. Seis mujeres, seis. Todas ellas diferentes, como si las hubieran elegido en un apartado taurino, en vez de eso que en inglés llaman casting. Seis mujeres, seis, con los habituales problemas de las sociedades modernas: estrés, falta de motivación, conflictos profesionales o personales, baja autoestima. El programa contará esta vez con todo un gran equipo de consejeros o coaching, que también es palabra inglesa. Éstos diseñarán una estrategia de ayuda para cada participante. Las concursantes abandonarán la casa cuando hayan superado los objetivos trazados por los presuntos expertos. A este paso, la única aportación que puede hacer la televisión a la cultura en general es la de ir encerrando a los espectadores por los platós hasta que alguno logre coger y leerse de comienzo a fin todo un libro.

Ondas con pasión

UNO de los inconvenientes de esta columna es que en la mayor parte de los días tienen que elaborarse con los retales de la opinión. Vamos, que incumple totalmente aquella doctrina de: “No juzguéis y no seréis juzgados”. A pesar de esto, sigo opinando que las procesiones de Semana Santa son uno de esos espectáculos antitelevisivos por excelencia. Claro que seguramente esto es repetirse, porque año tras año me lo confirman las imágenes que veo por televisión. Sin embargo, este año ETB se ha desmarcado un poco con la procesión del barrio de San Francisco de Bilbao. El resultado ha sido muy interesante, porque se ha intentado dar la vuelta al erróneo planteamiento de que la procesión por muy espectaculares pasos que tenga, por grandes esfuerzos que realicen los porteadores y cuantas más penitencias y pies descalzos arrastrando cadenas haya, no se incrementa el interés. En la de Bilbao se hizo de otra manera. Primero un, digamos, especialista hizo para la cámara todo el recorrido por las calles a plena luz del día, comentando las características y parándose en los rincones típicos. Se vio la devastación de un barrio antiguo castigado por la droga y centro de prostitución y que a esas horas parecía algo fantasmal. Aquí la magia de la televisión. Mientras creíamos asistir a una procesión, las imágenes y el montaje nos hablaban a borbotones de otras realidades humanas tan apasionantes como la Pasión misma que se representaba o se honraba. Junto al protagonismo de la Dolorosa y el Cristo, estaban las caras de los verdaderos espectadores. Los que pasean y viven entre esas calles castigadas. Miradas que herían tanta vida. Personas y personajes de una historia para las que la procesión es una manera de sentirse vivas y de contribuir a hacer bellos los parajes más siniestros.

Cocina y política

A los amantes de la buena mesa se les torció el gesto cuando se enteraron de que pondrían por tv el reality de Esta cocina es un infierno . Un espectáculo atroz en el que se veían desparramados por todas partes los morros de Bárbara Rey y otras lindezas. Siempre ha sido un misterio el éxito de los programas de cocina en televisión. Quizá tenga un concepto muy pudoroso de mis guisos y mis desatinos culinarios. Además de no interesarle a nadie no pasarían la prueba. Esa obsesión de Arguiñano y Arzak de andar todo el rato limpiando los utensilios y pasando el trapo. Pero si algo se ha demostrado en los últimos años es la triunfal entrada de los cocineros en el mundo de la comunicación televisiva. Seguramente porque la cocina es un oficio en el que prima lo laborioso sobre el secreto, las buenas formas sobre el ocultismo. El afán de conocimiento ha hecho que nuestros cocineros sean también grandes divulgadores. Tal es la importancia que se le concede a este tema que, este año, hemos descubierto que los restaurantes también compiten. Vamos, que celebran galas con entrega de premios y todo retahíla. Este año el campeón del mundo es nada más y nada menos que El Bulli, regentado por el cocinero catalán Ferrán Adrià, para un jurado internacional formado por 560 chefs y críticos culinarios. En los primeros puestos de la lista, integrada por cincuenta establecimientos, figuraban restaurantes vascos como el donostiarra Arzak, de Juan Mari Arzak, en el puesto noveno; Mugaritz, que regenta Andoni Luis Adúriz en Rentería, en el décimo, y en el undécimo, Can Fabes, el establecimiento de Santi Santamaría en Sant Celoni en Barcelona. Lo que más impresiona en los informativos de varias cadenas y, viendo la nacionalidad de los cuatro, es que dieran la noticia como “el triunfo de la cocina española”. Cocina con política.

El olvido de Couso

Han pasado tres años desde que aquel cañón disparara a todo el mundo utilizando la cámara de José Couso. Un disparo certero que asustó sin herirlo a medio planeta. Un ataque perfectamente medido y calculado al concepto universal de libertad de expresión. Un proyectil que encontró el cuerpo de un reportero capaz de sostener un pulso heroico sin que la imagen le temblara lo más mínimo. Una cámara es una máquina de la verdad frente a un tanque símbolo del dominio y la sumisión de las sociedades modernas. Un duelo desigual que enfrentó durante unos segundos interminables los dos grandes concepciones del mundo que hoy pueblan el planeta. La del control con violencia y la otra que se conforma con el conocimiento. La muerte del cámara de Tele 5 fue un ataque mundial desde el punto de vista que aquel cañón que apuntaba hacia la cámara nos apuntaba a todos por igual. De alguna manera el intento de acallar a un periodista es el intento de hacerlo con toda la sociedad. La noticia de que la querella criminal se haya archivado por los tribunales españoles duele por injusta. Se da patente de corso para que en el futuro los puntos de mira de las millones de armas que existen por el munod apunten a los mensajeros y, de paso, a los que se afanan por conocer la verdad. Es posible que la idea de que un tribunal de aquí condenase a un militar americano en acto de guerra sea una utopía. Pero no ha sido en vano. En muy pocas ocasiones se cumple el dicho de que una imagen vale más que mil palabras. En ésta se cumple. La última imagen que captó José Couso es, por derecho propio, una de las grandes obras del periodismo moderno. Esta vez la imagen habla tan claro que lo único que nos hubiera hecho falta para ser verdad era haber muerto con él del mismo disparo. Y el olvido es darle la razón a su muerte.

A por los muertos

El jueves descorcharon la botella. El programa, reportaje, documental o como quieran llamarlo sobre la obsesión de Encarna Sánchez. Llevaban todo el mes dándole publicidad. Ha habido tal desproporción en este tema que no estaría justificada, incluso, si el producto final hubiese sido bueno. Pero efectivamente han adivinado.

El éxito es de un programa de entretenimiento como es Aquí hay tomate, donde de una u otra manera se puede perdonar su tono desenfadado y el poco rigor en esas teorías que lanzan sobre rumores de diferentes personajes famosos. Pero anunciar con un mes un producto elaborado sobre un personaje fallecido para seguir con los mismos rumores que se manejan en las conversaciones de peluquería y sin aportar más datos e información que cualquier cotilla doméstico resulta bochornoso o, si me apuran, terriblemente esclarecedor. Manejan con cierta habilidad la habladuría. La camuflan con un poco de maquillaje periodístico y pueden hablar de lo que se propongan.

El engaño, supongo, tuvo el efecto que sus creadores se propusieron al concentrar más del 38% de la audiencia que en esa franja horaria veía la tele en este país. Desconcierta la cifra porque ahora que cientos de miles de hogares cuentan con una oferta de decenas y centenas de canales un simple rumor sobre una persona despierte un interés seguramente superior a si hubieran asesinado a tiros al Jefe del Estado. Que el espectador de televisión tiene un perfil morboso por encima de cualquiera de sus cualidades, ése es el dato que les dimos el jueves pasado, como si les hiciera falta, a los encargados de planificar la programación. Con un dato así aquí no va a quedar tranquila la memoria de nadie. Prepárense. El espectáculo no ha hecho más que empezar. La basura a la conquista de las lápidas.

Huelga y fútbol

Que la Pantoja fuera en su momento icono de TVE y de Marbella habla bien a las claras de lo poca cosa que son nuestros caprichos y la poca importancia que le concedemos a nuestras pocas horas de ocio. Que somos una sociedad primaria, poco exigente y de gustos dudosos lo dice sobre todo la programación televisiva que nos fabrican y que refrendamos día a día durante más de cuatro horas por persona y día. Desde luego, yo no conozco a muchos que echen media jornada laboral pegados a la pantalla del televisor, así que deduzco que hay unos cuantos que no se separan en todo el día o que las estadísticas, una vez más, mienten. Ayer fue un día histórico por la aceptación que tuvo la huelga planteada en TVE. Un dato que me condiciona mucho a la hora de mostrar apoyo a la iniciativa -por otra parte lógica- de meterle mano a la hidra de mil cabezas que se alimenta a sorbos del erario público. Pero tampoco nos vamos a rasgar las vestiduras por ello. Seguramente al ente le sobran chupones y le faltan gestores. Dicen que sobra el 40% de la plantilla, pero no dicen que eso es así, entre otras razones, porque casi todos los programas los compran a las productoras privadas. Por otra parte, todavía estoy por oír del Ministerio de Defensa cuál es el déficit que le produce la Marina o, siendo más precisos, la Sexta región militar y, puestos, el cuartel de Burgos, y digo éste porque es aquí dónde me mandaron a hacerme las pruebas médicas. Con todo, lo que más me ha impresionado es lo del Tribunal Supremo dictando sentencia sobre que el partido del Barcelona contra el Benfica era de interés público. Como este precedente jurídico se ponga en marcha auguro grandes posibilidades a los clubes. Puede que el futuro esté en vender las zonas deportivas. Vamos, por poner otro ejemplo: la VW a los campos de Tajonar y allí no hace huelga ni Dios.

Doctor Marbella

Las temporadas en televisión no tienen nada que ver con las estaciones, y mucho menos con los cursos académicos. La serie revelación de este año,House, acaba su primera temporada sin que nos haya dado tiempo a saber el porcentaje de enfermedades raras que los anales de la Medicina pueden recoger. Si es por esto, seguramente estaremos ante una tan larga como CSI . El problema es que las carencias deHouse están en la misma dependencia que se quiere establecer tanto del personaje principal como de sus ayudantes. Porque la originalidad del planteamiento inicial de poner a un doctor cascarrabias y genial al frente de unos médicos que hacen tareas detectivescas le puede la otra de que esta historia ya la hemos visto muchas veces en televisión, entre otros aquel Joel Fleischman de la estupenda serie Doctor en Alaska y su amor imposible con Maggi O`Connell, aquella mujer de armas tomar que manejaba un aeroplano. Pero hablando de finales, uno que no tiene desperdicio es al que estamos asistiendo en Marbella, sin mucho entusiasmo por parte de la prensa que se ocupa mayormente del cotilleo. Que este Ayuntamiento era como la cueva de Alí Babá lo sabía todo el mundo. La pequeña vergüenza es que aquel fraude se fraguó paralelamente al mito de Jesús Gil y Gil, aquel hombre horrible que presidió el Atlético de Madrid y cuyo mayor éxito estuvo en convencer a todas y cada una de las televisiones a que contribuyeran a su popularidad sin tener que poner un duro. Estos lodos vienen de entonces. De cuando la televisión contribuía alegremente a crear por la cara un alcalde mafioso. Hay actitudes imperdonables en tv y alguien debería hacer un poco de autocrítica. Quienes llevaron a esa gentuza a estas cotas de popularidad deberían pagar también por ello.

Estreno sin antena

ESTO de la concesión de licencias de cadenas de televisión comienza a adquirir un toque de cachondeo importante. Esta semana ha empezado La Sexta, digo yo que habrá empezado porque es una cuestión de fe para los que todavía no tenemos ese descodificador de la llamada Televisión Digital Terrestre o no hemos pasado por Vitoria que es donde se ve con una antena normal. Se han estrenado y aquí sin poder decir ni mu sobre la enésima oportunidad al Gran Wyoming. Me cuentan que a su primer programa nocturno llevó a Anson, el destacado defensor de libertades tan dudosas como la implantación de Juan de Borbón a la Corona de España o el 23 de febrero, por no hablar de su afición por asistir como jurado a los concursos de mis quiénsabededonde. Como no he visto el programa no voy a pronunciarme; sólo espero que la TDT no me tenga una década sin poder hablar de La Sexta, entre otras cosas porque las primeras jornadas de una televisión son un momento clave en el que se puede adivinar con mayor facilidad sus posibilidades de futuro. El caso es que las cuentas no salen. Si hasta ahora entre tres cadenas se repartían el pastel publicitario con el 20% cada una más o menos y no eran especialmente rentables, no sé qué será en el futuro cuando el porcentaje de audiencia sea del 8%. Si hasta ahora TVE era una auténtica sangría presupuestaria por su déficit bestial: ¿Qué pasará si prescinde de los ingresos de publicidad como se pide desde el resto de la cadenas? Se está huyendo de la producción propia y se cierran los centros territoriales. Se ha creado un poder fáctico en las productoras. En el futuro, ellas decidirán a quién y cuándo venden una serie. Es posible que en vez de cadenas lo que tengamos sean televisiones dependientes de una productora. Da un poco de miedo.