Raindrops keep falling on my head…

http://es.youtube.com/watch?v=howEAqstkzQ
Sé que siempre te ha gustado mi frescura, gracias a ti soy yo mismo y puedo expresar todo mi amor hacia el sol resplandeciente que ilumina la pradera de tus ojos, aquella verde mañana de paseo en bicicleta, volví a ser niño para decirte “te quiero”. Un te quiero a mi manera, con todo el amor limpio de un amigo, con la lealtad que solo rompe la “traición” de un bocado de manzana, a bordo de dos ruedas inestables dibujé el zig-zag torpe de un manillar nervioso. La canción de tu sonrisa hizo de mi show el mayor espectáculo del mundo con el multitudinario público de tu sola presencia que llena mi ser. Caigo de espaldas al trapecismo de la arena donde la mirada de un astado sorprende tal encuentro, huida inminente sobre nuestros pasos, y te recojo con la misma melodía de tu blanco vestido y mi divertido guión, el papel en blanco de la improvisación, esa que me inspiras. Volvemos a la casita de madera donde él te espera para amarte y yo para contemplarlo, estrecho mi brazo junto a mi amada bici y tu presencia respetada mientras desciendo colinas de recuerdo… Dos hombres y un destino para amar tu dulce escena. Inolvidable.

Jean Seberg, “la olvidada”


Un tal Okariz la rescató de su letargo y aquí la mostramos al mundo, para que disfrute de ella porque 28 años después de su muerte todavía nos tiene mucho que dar, su belleza limpia y pura de un rostro, una figura que revoluciona (y hablo en presente) el mundo de la moda, su forma de caminar su cabello recortado, un estilo actual que solo las guapas pueden osar, ese pelo garçon de chica mala. Una Bad girl de ojos almendrados y finas piernas en estrechos pantalones y camisetas de mensajes, que nunca distrajeron su belleza, siempre nos fijamos más y más… y más. Porque esta viva en su mirada en sus gestos de vida, en sus manos. Belmondo la acompañaba, solo un atrevido vividor de ideas frescas y espontáneo podía hacerlo, él lo hizo una tarde urbana de cigarros humeantes de horizontales recuerdos, chica inusual de oidos aburridos esperaba que llegara alguien para refrescarla una y otra vez, alguien que la divirtiera para siempre, pero nunca llegó. Ella todavía aguarda ese momento que seguro está cerca, o quizás ya lo consiguió allá en el cielo estrellado de la perpetua primavera, porque ella siempre fue primavera floreciente. Déjame revolver tu pelo cortito mientras dibujas sonrisas sonoras de felicidad. Olvida aquel callejón oscuro y ven, ven al amanecer de tu luz eterna. Jean Seberg, la olvidada.
(Carmen, atrévete y córtatelo solo un poquito más… ese pelo, esa sonrisa eterna… a Jane y a mi nos gusta! 😀 😉 )

Romy Schneider

http://es.youtube.com/watch?v=93_5V7-dD6A
Bella y trágica, triste lágrima de una culpa que nunca tuvo; desgracia de perfección eterna. Creí aspirar a ser tu amante por un día, envidia de una sangre azul que nunca tuve pero teñí para ti, para estar a tu lado por siempre. Austria en la mirada parisina de un amor mutuo. La niña del capricho en el tirabuzón de una sonrisa pasajera, regalaste ilusiones y entregaste felicidad a los demás, que por dar tanto te llegó el vacío de tu cálido regazo. Princesa del cine, romántica del esplendor imperial en la estética recargada de vestidos de muñeca. Mundo de cristal hecho añicos en el humo de la evasión y el alcohol del falso olvido. Testimonio de mujer atormentada en tu último fotograma. Infeliz en un cuento de hadas demasiado cotidiano.
La corona de Sissi nos hizo soñar con castillos imposibles y carrozas de finos corceles que pasaban por cualquier calle de nuestro barrio para rescatarnos de la rutina. Contigo las mujeres fueron niñas y las niñas mujeres, pero todas princesas.
Rescátame y vuelve, vuelve para reinar en el mundo de nuestros sueños imposibles.
(Dedicado a Marca Acme y todas las princesas del foro)

Los cuatro truhanes


Olvidada cinta de reposo en un cajón de nogal oscurecido, estante de amplio fondo que, casualmente, recobró la luz de mi memoria. “Los cuatro truhanes” italiano western con jugoso reparto y memorable duelo de ruletas que apuestan al 13 negro. Un lento y dulce vals acompasado de miradas escrutadoras y primeros planos de honroso guiño a Leone.
“I Quattro dell’Ave Maria” titulo original de un film que nunca pudo recuperar un ya desaparecido videoclub pamplonés debido a la demora de un familiar olvidadizo y adicto a Terence y Bud. Siempre me gustó ese duelo final de pasos hacia atrás con bella música de fondo, el disparo como partitura final y Giuseppe Colizzi, un director en su leve estado de lucidez. Los cuatro truhanes para siempre en mi recuerdo. Bud y Terence en su línea, Eli Wallace inolvidable, y mención especial para Brock Peters, excelente actor de color que pintó con su presencia nuestros corazones, a él quiero dedicar este mítico y poco conocido duelo. Dedicado a su memoria, que en paz descanse. Por supuesto mención especial al gran actor (en este caso el villano) Kevin McCarthy… quien no recuerda “La Invasión de los Ladrones de Cuerpos”. La cinta es ya un tesoro que habita en mi recuerdo, durante años de añorada infancia he visto repetido este vals una y otra vez. Cariñoso homenaje el que hoy brindo en su memoria, simpático western de 1968, ahí queda.

Deborah Kerr, en la playa de su adiós

Despechada espuma del mar que agita mis sentimientos. Fuego de pelirroja en sus pasiones y rubia en su belleza, morena en los besos de una Escocia orgullosa de sus paisajes. Juntos descubrimos las minas del rey Salomón, ese que siempre persiguió los ojos fugitivos de su trono vacante. Fragilidad vaporosa de vestidos de lino, interrogante suspendido en suspiros romanos de jardines imposibles, para siempre Quo Vadis? Prisionero de Zenda en tu regazo protector de sueños dorados. Julio Cesar dudó al cruzar el Rubicón, en sus aguas vio tu rostro; y seguro pensó lo mismo que piensan los dioses del Olimpo de tu glamour. Deborah Kerr tan salvaje, tan natural, tan cerca, tan lejos… bésame, bésame para siempre y cuéntame al oído como era esa playa, esa playa de enamorados náufragos que amanecieron juntos para prometerse amor eterno… Empapados de la vida, de la arena de su abrazo, de la sal de sus besos. De aquí a la eternidad, para siempre Deborah Kerr.

Misery

http://es.youtube.com/watch?v=vTubKgpKyWM

Conduce su mustang corazón indomable de fria nieve que traiciona el bolígrafo de un desmemoriado y apagado escritor, anclado en ninguna parte y rescatado por la obsesión que vino del frío para “ayudarle”. Ella es la fanática de su ingenio que lo retiene para darle dolor, ese dolor de amor dualidad tan alejada como cercana; odio admirado de la locura posesión de su cariño. Egoismo enfermo tan negativo como fructífero una vez que has sobrevivido. La vieja máquina de escribir teclea letras desesperadas, gritos de libertad que, sin embargo, nadie puede escuchar. Arma de tinta pesada que mediante golpes de fortuna puede lograr recuperar las ideas perdidas, unas ideas que nacen de la tortura. La cruel historia de amor que a un escritor perseguirá para siempre.
Enfermera que cura los trazos de una letra retorcida que pide expresar su sacrificio por vivir. Es la historia de una novela que espera poder ser terminada, ¿Alguien quiere hacerlo?

El verdadero protagonista.


Siempre estuvo ahí, recordándonos que él, solo él, era el protagonista, su sello inconfundible firma de autor, genio, inaccesible, difícil, duro pero genio. Pasea la silueta incofundible que en cada fotograma impregnaba con su presencia de angustia tortuosa que hacía dulce el suspense. La amargura convertida en arte y Alfred paseando entre sus obras como atrapado en ellas para siempre ante nuestros atentos ojos. Descansa en sus películas entre las sombras alargadas de una redonda forma de hacer cine. Estilo de un orgullo que a todos nos atrapa, descuida la técnica, pero nunca necesitó de efectos especiales porque siempre nos hizo ver que su ingenio lo inundaba todo, nos mira, nos observa… y se enfada si nos olvidamos de él. Por eso hoy le recordamos porque no queremos que se enfade, queremos acordarnos de su mundo, ese mundo que creó para por siempre quedarse allí. Alfred Hitchcock siempre fue el verdadero protagonista.

Amor perdido

Aunque ya he hablado de Rollerball, esta vez simplemente quiero destacar un triste momento tan emotivo como real. El amor es el mayor de los dolores que padece la estrella Jonathan E. (James Caan) y es que te persigue en el recuerdo de tu amada, la vida sigue, pero no como a uno le gusta… los ojos de Caan reflejan su tristeza al ver la dama que ante él se presenta como algo frio y fatal, algo que no desea pero le toca vivir. Supone que al fin y al cabo todo tiene un sentido aunque él no sepa cual, “Completa el uniforme” coloca las gafas que son el filtro oscuro que oculta su dura y triste realidad, algo que él no ha elegido y le ha sido dado. Masticamos juntos pues esa nostalgia que eterna vive en nuestros heridos corazones, con el recuerdo bonito de lo que en un pasado se amó, la música lo refleja en el rostro de aquello que fue tan bello y que tanto quiso su amor en el televisor… Su amor perdido. Ella siempre estará en nuestros corazones a pesar de todo.
La tristeza del hombre solitario que recorre los pasillos de vacío musical y amor nostálgico ya perdido. La corporación se lo arrebató, la sociedad lo hizo y queda en sus ojos la mirada sin destello que divisa la figura femenina del espejismo de su precio.